Spoiler: la Ferrari que aparece en la recién estrenada serie "Menem" de Amazon Prime Video no es la que manejó el ex Presidente de la Nación. Ni siquiera es un ejemplar similar.
Dicho esto, es una buena oportunidad para repasar el derrotero del controvertido regalo que pasó de la Quinta de Olivos a ser sorteada en una promo de vino "en cajita" y fue manejada por Michael Schumacher.
3 de enero de 1991: Carlos Menem desciende en Pinamar de una Ferrari roja con una sonrisa dibujada en el rostro pero con su chomba Lacoste rosa visiblemente sudada. Ambas cosas estaban vinculadas a la experiencia que acababa de vivir: había recorrido los más de 360 km que unen Buenos Aires con la ciudad balnearia sin pagar peajes y muy por encima de la velocidad máxima reglamentaria.
La Ferrari 348 TB ya estaba en el centro de la polémica y era un tema instalado: su origen poco transparente fruto de un regalo y la decisión del mandatario de conservarlo y hacer uso del mismo, acaparaban las tapas de los diarios y los noticieros.
"La Ferrari es mía, mía. Me la donaron a mí y yo no veo porqué la tengo que donar", fue la frase que lanzó el riojano cuando desde la oposición lo instaban a que la devolviera o se deshiciera de ella, ya que estaba vista no como un regalo sino como una coima.
¿Quién le regaló la Ferrari 348 TB a Carlos Menem? El empresario italiano Massimo Del Lago, quien en pleno auge de las privatizaciones estaba interesado en obtener la concesión de una autopista en Morón.
Fiel a su origen optó por obsequiarle al jefe de Estado un ejemplar de la casa de Maranello, cuyo valor en ese entonces era de US$ 120.000.
La máquina era de 1990 y se destacaba por su potente V8 de 3.4 litros de 300 cv de potencia, que le permitían alcanzar los 275 km/h y acelerar de 0 a 100 km/h en 5,6 segundos, pero nunca fue uno de los modelos más lujosos ni distinguidos de la marca.
El "chiche" duró poco en la cochera de la Quinta de Olivos. Con apenas 1.300 km en el odómetro, Menem tuvo que entregarlo para que se subastara, pero no fue sencillo.

En el primer intento el Banco Ciudad no encontró nadie que ofreciera la base de 1.200 millones de Australes (US$ 120.000), algo que sí logró en el segundo intento, llevado a cabo un año después, con una base de US$100.000.
El mediático empresario Jacobo Winograd, amante de los autos y amigo de Menem, quiso comprarla pero se negó a pagar tanto por ella: "No es una Testarossa, es una 348 TB y no vale eso. Ojalá que el muchacho que la compró la disfrute mucho", declaró en aquella oportunidad.
Sin embargo el destino era otro bien distinto: con el tiempo se supo que tres amigos de Chivilcoy hicieron "una vaquita" para comprarla en US$ 135.000 (más US$ 13.500 de comisión) con la idea de rifarla en su ciudad, pero esto último no llegó a buen puerto y debieron desprenderse de ella.
¿Quién la adquirió? Carlos Garbin, el propietario de Bodegas y Viñedos Garbín que por entonces tenía una marca de vinos popular llamada Pico de Oro. Nuevamente, la intención del empresario no era pasear usarla para pasear por Mendoza sino sortearla.

La promoción que lanzó consistía en un cupón que se entregaba junto con la compra de cada vino en Tetrabrik, y armó una verdadera caravana que durante caso tres años recorrió el país llevando la Ferrari en un tráiler acompañado de varias Renault Trafic con promotoras.
Fue un éxito porque las ventas se dispararon (dicen que por 10) y obviamente hubo un ganador: en octubre de 1996 se realizó el sorteo que resultó ser Carlos Villalba, un vecino de Ciudad Evita, La Matanza, que lógicamente no la podía mantener y decidió venderla, para lo cual la publicó en los avisos clasificados del diario Clarín a US$ 100.000.

Herminio Cimino, dueño de la metalúrgica Industrias Cimino se convirtió en el nuevo propietario de la 348 TB y la tuvo en su poder durante diez años. Durante ese tiempo la usó, la disfrutó e incluso la expuso en algunos eventos de autos clásicos.
Pero, sin dudas, el hecho más saliente fue que el 12 de abril de 1998, en la previa del Gran Premio de Fórmula 1 de Argentina, Schumacher -por entonces piloto de la Scuderia de Maranello- no se resistió a manejar la Ferrari en la pista del Autódromo de Buenos Aires, y le dio suerte: horas más tarde se subió al escalón más alto del podio.
En 2006, la Ferrari volvió a cambiar de manos y la compró el economista Juan Nápoli, actual Presidente del Banco de Valores, quien la usó bastante y en 2013 se la transfirió a Héctor Méndez, empresario dueño de la firma Conarsa, quien por entonces era también Presidente de la Cámara Argentina de la Industria Plástica y de la Unión Industrial Argentina.
Méndez la conservó un par de años hasta que en 2015 se la vendió a Aldo Rocchini, empresario vinculado al gas (Extragas, Gasital y otras firmas); a través de la empresa El Legado S.A. se hicieron de este particular ejemplar diseñado por Pininfarina y que por su pasado vinculado a la política llama tanto la atención.

En los últimos años la unidad fue exhibida en diferentes eventos como el Classic Park 2024, que se realiza en el Highland Park Country Club de Pilar, y también se destacó en el stand del Club Ferrari Argentino en Autoclásica 2024, en el Hipódromo de San Isidro.
Quienes hayan visto o vean la serie que recrea la vida del ex Presidente de la Nación encontrarán una Ferrari en pantalla pero se trata de un ejemplar del modelo 355, que salió años después de la 348. Una licencia de la producción que los puristas no pasarán por alto.

