Punto de vista

Estamos en un cambio de época (y no nos dimos cuenta)

La industria automotriz vive, de la mano de los avances de la tecnología, un proceso de modificación dramático. ¿Cuál es el impacto que tiene a nivel global y local?

Estamos en un cambio de época (y no nos dimos cuenta)
Sergio Cutuli 20 diciembre de 2024

El automóvil, como tal, tiene 130 años de vida, mientras que la producción automotriz en serie algo más de 110, por lo que puede afirmarse que es algo nuevo sobre la faz de la tierra.

A lo largo de estos años se suscitaron cambios de todo tipo, pero nunca tan dramáticos como ahora, aunque quizá no nos demos cuenta porque estamos siendo revolcados por una ola enorme que ya nos pasó por encima, cuyos efectos sólo los sabremos cuando recién hayamos podido ponernos de pie y recuperarnos del sacudón.

Parte de este tsunami tiene epicentro en China y sus derivaciones alcanzan a distintos continentes, pero como las realidades de los grupos automotores es distinta en cada uno de ellos, el alcance es variado y no se pueden sacar conclusiones definitivas.



El poderío del mercado del gigante asiático es tal que elevó a algunas compañías que se encandilaron pensando que el fenómeno sería eterno, y que ahora padecen los efectos de una caída estrepitosa: China importó, cobijó, aprendió y creció, y ahora que fabrica a gran escala y con alta tecnología se da el gusto de expulsar de su territorio a marcas de todo tipo. Y no sólo eso: expande sus tentáculos hacia los países de origen de esas automotrices, ávido de conquistarlos con sus productos.

El mundo se debate entre imponer barreras impositivas o cobijar en su tierra (léase recibir inversiones y generar fuentes de trabajo) a las empresas chinas que -a su vez- ya acusan una saturación de productos en su propio país.

A esto se le suma que las marcas "tradicionales" (las históricas, no chinas) aún no le encuentran la vuelta al auto eléctrico accesible, lo cual las obliga a cambiar sus ambiciosas planificaciones tal cual las habían trazado hace una década.



La conclusión de este año que termina es que ya no hay un discurso único y que el auto a combustión seguirá con vida varios años más, mientras la hibridación hace su aporte -más lento pero seguro- hacia la electrificación.

En este escenario, con el futuro auto 100% eléctrico se dará la particularidad de que quizás existan distintas "carcazas" para un mismo "hardware", ¿o acaso eso no ocurre hace años con las heladeras, aire acondicionados y otros electrodomésticos? 

La identidad estará dada por el look and feel, apelando a la historia y al público al que quiera apuntar cada firma. Y acá radica otra cuestión no menor: cómo se las ingeniarán las marcas para captar a millones de jóvenes que no parecen sentir deseo ni necesidad de tener un auto.



¿Qué dejará la ola sobre la playa? Es probable que algunas marcas no salgan bien paradas y, en pos de buscar la supervivencia, los Grupos deban sacrificarlas. Ya hay gigantes tambaleando, sin exagerar. Tampoco deberá extrañarnos alguna fusión en la búsqueda de una complementación y aumentar las potencialidades. Incluso entre "tradicionales" y chinas. 

Grupos enormes sobrecargados de marcas, empecinados en sostenerlas; compañías en crisis porque no logran fabricar vehículos accesibles y atractivos; costos de logística que han encarecido enormemente los productos; países que pierden puestos de empleo y se ven seducidos por inversiones millonarias en yuanes; una electromovilidad que claramente no es lo que se esperaba, mucho menos para algunas regiones; consumidores que adoptan tendencias inesperadas como volver a los autos a combustión o directamente no comprar autos; gurús de marketing que optan por estrategias erradas (caso Jaguar).

Los ingredientes de este combo son muchos más porque hay que sumarle la coyuntura en cada país. Argentina, por caso, debate cómo sostener su perfil industrial, sobrecargado de impuestos que perjudican a los consumidores internos y a las empresas a la hora de exportar, y empezar a derribar algunas barreras y abrirse al mundo. 



Por lo pronto debe, en el corto plazo, hacer algunas reformas permanentes y generar seguridad jurídica para ser creíble y previsible.

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