El Economista - 70 años
Versión digital

lun 15 Ago

BUE 19°C
Versión digital

lun 15 Ago

BUE 19°C
Lo último de Tarantino

Postales de Hollywood

Con Había Una Vez en Hollywood, Tarantino realizó una obra maestra y trazó una inmejorable metáfora sobre la evolución de la industria cinematográfica.

Fue la película con mejor recaudación de toda su filmografía en el fin de semana de su estreno: US$ 41 millones.
Fue la película con mejor recaudación de toda su filmografía en el fin de semana de su estreno: US$ 41 millones.
Pablo Manzotti Pablo Manzotti 25-07-2022
Compartir

“Una vez que tuve el personaje de Cliff (Brad Pitt), fue rápido pensar: bueno, ¿qué pasa si viven en Cielo Drive? ¿Y si vivieran al lado de Roman (Polanski) y Sharon (Tate)? Cuando realmente comencé a pensar en aquello como una historia completa, me resultó extrañamente fácil. Fue lo primero que se me ocurrió, en realidad, una vez que desarrollé esa historia. Hubo iteraciones de lo que podría haber sucedido, pero unir las piezas se alcanzó rápidamente”.

Así, hacia fines de 2019, describía Quentin Tarantino el germen de su novena película en una entrevista para el sitio especializado Deadline Hollywood.

Un reestreno en Europa, y con escenas que habían quedado fuera del corte final, fue la excusa perfecta para contar una película que ya había logrado un éxito absoluto en el marco de su experiencia, e historia, como director.

Fue la película con mejor recaudación de toda su filmografía en el fin de semana de su estreno: US$ 41 millones.

Recientemente añadida al catálogo de Netflix, Había Una Vez en Hollywood (Once Upon a Time In Hollywood) toma la premisa desde el título de las obras maestra de Sergio Leone: Erase una Vez en el Oeste y Erase una Vez en América para desarrollar un relato que deconstruye al cine desde el cine mismo (en el estreno local y en Netflix se reemplazó el Erase por el Había).

El film de Tarantino no es solo una obra acerca de Hollywood, es también un relato cinéfilo y una fábula de una industria que mutó y persiste de otra forma. Una sucesión de postales para contar una historia de amor a una de sus épocas favoritas de Hollywood.

La película tuvo un presupuesto ambicioso de casi US$ 100 millones para recrear el Hollywood de fines de los sesenta. Pero, más allá de lograr una genialidad en términos estéticos y de dirección de arte, el director elige contar un momento decisivo en el cambio del sistema de producción de películas de los grandes estudios.

“No llores frente a los mexicanos”

La película funciona en varios niveles de lectura. Es el relato de dos amigos en un momento particular de la industria. Cliff Booth (Brad Pitt) y Rick Dalton (Leonardo Di Caprio). Ambos pertenecen a dos estratos socioeconómicos diferentes de esa misma industria. Y los dos se encuentran cerca del final de un recorrido.

Es el momento de la aparición de un nuevo perfil de estrella cinematográfica y el cambio del negocio con la consolidación de la TV en términos masivos y populares. Dalton no encuentra cabida en ese mundo que ahora se le presenta hostil y llora sobre el hombro de su doble de riesgo y amigo del alma, Booth, que lo acompaña como un mandadero porque la industria le cerró las puertas.

“No llores frente a los mexicanos”, lo reta Booth en una playa de estacionamiento luego de una reunión que la estrella tuvo con un poderoso productor. El futuro parece vestirse de Spaghetti Western en Italia y al antiguo ídolo de Hollywood eso le provoca náuseas.

A fines de los cincuenta y durante la década del sesenta el sistema de producción de los estudios de Hollywood como una unidad completa de trabajo cambió definitivamente. Se pueden analizar múltiples factores pero uno de los principales es el cambio en el consumo cultural a partir de la penetración de la TV.

Uno de los aspectos más interesantes del film es ese: el diálogo constante con el presente, con una industria que vuelve a cambiar. “Este” Hollywood  no es el mismo del joven Quentin Tarantino que en 1992 impactó con una película de bajo presupuesto, corrosiva y transgresora, como Perros de la Calle (Reservoir Dogs)

Por eso, la primera escena de la película es un programa de televisión dónde entrevistan a la pareja de amigos acerca del rol del doble de acción. Tarantino ama tanto al rubro que le dedicó un film al tema: Death Proof (A Prueba de Muerte, 2007) con Zoë Bell, una de las mejores dobles de riesgo del mundo, que realizó las escenas de acción de Uma Thurman en Kill Bill y que tiene una pequeña participación en esta película.

Tarantino supura cine. Su cine es “el” cine y se niega a dejar pasar lo mejor que tiene: soñar historias y contarlas más allá de todo. Por eso sigue apelando a la ceremonia de la sala: no solo presentó como pudo sus últimas películas en copias en fílmico sino que adquirió y restauró un cine clásico de Los Angeles para estrenar películas en ese formato.  

Un viaje onírico hacia la utopía de la cinefilia

Sobre esta base, Tarantino construye un relato hermoso y ambicioso como una sucesión de postales, imágenes articuladas como esas viejas series de TV a las que hace referencia (Mannix, Combate, El FBI). Eran series de episodios unitarios que atendían a una lógica diaria de los personajes pero dónde el ahora habitual “continuará” era para casos excepcionales. La televisión había tomado esa estructura narrativa de la radio y había logrado desplazarla, en parte, como el aparato central de los hogares. Y ahora iba por el cine.

En Había una Vez en Hollywood, Tarantino sigue a los personajes en su cotidianidad, en el día a día de ese universo mutante. Cliff y Rick descubren que Roman Polanski, el director del momento, era su vecino.

El impacto del cine europeo y los autores de ese cine fueron centrales en el movimiento de la industria que se venía: el cine clásico americano de la década del setenta. Precisamente, en el momento en que Tarantino elige contar su historia, se estaba desarrollando el preludio de lo que venía. Polanski era símbolo de ese cambio.

Arthur Penn fue uno de los directores americanos clave en la transición, en tratar de construir relatos de autor en el marco de la política de los grandes estudios- En su película Bonnie and Clyde, lleva a sus protagonistas a una sala de cine luego de que comenten su primer robo exitoso. El director patenta en pantalla el cambio que estaba sucediendo en ese momento. Penn se adelanta a las nuevas formas narrativas, a la influencia de la corriente moderna y el cine de autor. Tarantino, hace eso mismo, dialoga con esos momentos y lo muestra en pantalla en la hermosa escena en la que Sharon Tate (Margot Robbie), una estrella nueva para un Hollywood diferente, va a presenciar su propia película, The Wrecking Crew (1968). Esa secuencia no solo es onírica en su concepción sino que sienta una lectura del momento de ruptura.

Por eso, sobre el final, y con la historia del clan Manson como contexto, acechando durante toda la película para insertarse de lleno en tercer acto de la película, se permite pensar en una ucronía. Como ya lo había realizado en Bastardos Sin Gloria, elabora un futuro diferente, una metáfora de la industria de los sueños que sigue vigente.

El libro después y la industria NFT

Como consecuencia del éxito de Había Una Vez en Hollywood, Quentin Tarantino presentó el libro de la película. Si bien no cuenta en términos formales, suma una cantidad de elementos a la acción de los personajes principales.

Por ejemplo, una de las mejores secuencias de la película es el enfrentamiento entre Cliff Booth y Bruce Lee en el set de la serie El Avispón Verde. Un momento que trajo mucha controversia por el retrato, cuasi caricaturesco, que hace el film del maestro de las artes marciales con fans en todo el mundo. También la hija de Bruce Lee se sumó al coro de críticas al director. En el libro, Tarantino desarrolla más profundamente por qué Cliff Booth, el personaje de Brad Pitt, puede estar a la altura de su contrincante. Y cómo, estratégicamente, puede beneficiarse de ciertas acciones en esa pelea de tipo callejera.

Editado en castellano por Random House como Erase Una Vez en Hollywood, se suma a esos raros casos en los que el libro aparece en el mercado después de la película y se transformó en la primera novela del director de cine que prometió, con entusiasmo, seguir escribiendo y publicando.

En el marco de los negocios más allá del cine, Tarantino subastó tokens no fungibles (NFT) de Pulp Fiction. En principio se trata de piezas originales del guion, párrafos inéditos y comentarios de los protagonistas. La primera subasta fue un éxito y se recaudaron US$ 1.100.000.
Con tan buen resultado son varios los NFT de Pulp Fiction que seguirán ese camino. Miramax, la productora original del film, y de casi todas las películas de Tarantino, había intimado al director legalmente por violación a los derechos de autor pero la comercialización de activos vinculados a la película sigue adelante. 

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés