Varios gigantes tecnológicos intensificaron la presión sobre la Unión Europea para intentar aplazar la entrada en vigencia de la Ley de Inteligencia Artificial desde el 2 de agosto.
Algunos reclamos provienen de gigantes como Google, Apple y Meta, representados por la Asociación de la Industria de la Computación y las Comunicaciones (CCIA) europea. Su principal argumento es la falta de definiciones claras en varios apartados, algo que dicen que podría frenar la innovación y comprometer la competitividad tecnológica europea frente a potencias como Estados Unidos y China.
La ley, considerada una de las regulaciones más ambiciosas a nivel global en materia de inteligencia artificial, introduce exigencias específicas, como la obligación de etiquetar contenidos creados por IA, identificar deepfakes, prevenir la generación de material ilegal y regular el uso de datos protegidos por derechos de autor. Para la industria, estas disposiciones son costosas, ambiguas y con riesgos desproporcionados en materia de responsabilidad legal.
Dentro del Parlamento Europeo también surgieron dudas sobre la viabilidad de aplicar la ley en los plazos previstos. Henna Virkkunen, eurodiputada finlandesa especializada en asuntos digitales, sugirió que no debería descartarse posponer algunas partes por retrasos en la elaboración de directrices técnicas fundamentales para su correcta implementación.
También el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, pidió abiertamente una pausa en la implementación de la ley asegurando que la ausencia de estándares técnicos podría llevar a la Unión Europea a perder dinamismo y quedar rezagada frente a otras regiones del mundo. También Polonia y la República Checa expresaron reservas, pero con menos énfasis.

