Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, Prime Video, HBO Max, MUBI y YouTube.
1. Película para ver en Mubi: Sorda
La ópera prima de la realizadora española Eva Libertad, amplía el universo del cortometraje homónimo que dirigió en 2021 y convierte aquella historia en un drama de gran delicadeza. El film sigue a Ángela, una mujer sorda, y a Héctor, su pareja oyente, mientras esperan el nacimiento de su primera hija. Lo que comienza como el retrato de una convivencia amorosa y equilibrada se transforma, tras el parto, en una exploración de las tensiones que aparecen cuando la maternidad evidencia las diferencias entre los mundos sensoriales de ambos. Libertad evita el melodrama y los discursos didácticos para concentrarse en la experiencia cotidiana de una pareja cuya crisis no nace de la falta de amor, sino de la dificultad para compartir una misma realidad perceptiva.
Uno de los mayores logros de la película reside en la química entre Miriam Garlo y Álvaro Cervantes. Garlo, actriz sorda y hermana de Eva Libertad, ya había interpretado a Ángela en el cortometraje de 2021, cuya gestación surgió precisamente de las conversaciones entre ambas sobre las dificultades y prejuicios que enfrentan las personas sordas en una sociedad pensada para oyentes. Esa relación familiar dota al personaje de una autenticidad excepcional: Garlo construye una protagonista compleja, vulnerable, orgullosa y contradictoria, mientras que Cervantes evita convertir a Héctor en un antagonista y compone a un hombre afectuoso, paciente y también desbordado por una situación que no comprende del todo. La progresiva distancia entre ambos se desarrolla con una sutileza poco frecuente, a partir de pequeños gestos, silencios y frustraciones acumuladas.
Lejos de presentar la discapacidad como un obstáculo individual o un motivo de superación, Sorda propone una mirada social sobre la inclusión. La película muestra que la verdadera barrera no es la sordera, sino un entorno construido desde parámetros exclusivamente para oyentes. La decisión de subtitular íntegramente tanto la lengua oral como la lengua de señas coloca ambas formas de comunicación en un mismo plano de igualdad y convierte al espectador en participante de ese encuentro entre dos comunidades. El nacimiento de la hija de la pareja expone, además, las inseguridades de Ángela como madre cuando descubre que el vínculo espontáneo entre la niña y el sonido parece excluirla, revelando cómo incluso los espacios familiares reproducen mecanismos involuntarios de exclusión.
También sobresale el trabajo formal de Eva Libertad y de la directora de fotografía Gina Ferrer, que privilegian una puesta en escena íntima y observacional. Sin embargo, el recurso expresivo más notable es el diseño sonoro, que abandona cualquier objetividad para adoptar el punto de vista auditivo de Ángela. En distintos momentos, el sonido desaparece, se amortigua o se distorsiona según la percepción de la protagonista, mientras que una escena vinculada al uso de su audífono transmite la sobrecarga sensorial mediante una mezcla de ruidos amplificados y frecuencias invasivas. Ese empleo del sonido desde el punto de vista del personaje convierte la experiencia auditiva en un elemento dramático y sitúa al espectador dentro de la percepción de la protagonista, en lugar de contemplarla desde afuera, diferenciándose así de películas como CODA, que privilegiaba mayormente la perspectiva de los personajes oyentes.
Estrenada en la sección Panorama del Festival Internacional de Cine de Berlín de 2025, Sorda obtuvo el premio del público, iniciando un recorrido internacional excepcional. Posteriormente ganó la Biznaga de Oro a la mejor película española en el Festival de Málaga, donde Miriam Garlo y Álvaro Cervantes recibieron los premios a mejor actriz y mejor actor. La película acumuló decenas de premios y nominaciones, entre ellas candidaturas a los premios Goya, donde Eva Libertad obtuvo el galardón a la mejor dirección novel, Miriam Garlo fue distinguida como mejor actriz revelación y Álvaro Cervantes recibió el premio al mejor actor de reparto, consolidando a Sorda como una de las obras españolas más relevantes de 2025 y un nuevo referente del cine sobre discapacidad por su sensibilidad, su rigor formal y su apuesta por una representación genuinamente inclusiva.
Muy recomendada.
2. Serie para ver en Netflix: La supervivencia de las chicas con curvas
Con sus tres temporadas, es una de las comedias más cálidas y representativas de Netflix. Inspirada en el libro autobiográfico de ensayos de Michelle Buteau, quien además creó la serie junto con Danielle Sanchez-Witzel y protagoniza la historia, la ficción sigue a Mavis Beaumont, una estilista de talles grandes cuya vida se desmorona cuando descubre la infidelidad de su pareja. Obligada a empezar de nuevo después de los cuarenta, Mavis intenta reconstruir su carrera en el competitivo mundo de la moda mientras redefine su autoestima y su manera de entender el amor. La primera temporada combina la reconstrucción sentimental con la búsqueda de independencia profesional, convirtiendo a la protagonista en un personaje tan vulnerable como irresistiblemente optimista.
La segunda temporada amplía el horizonte emocional y geográfico de la serie. El romance entre Mavis y el chef italiano Luca la lleva a Roma, donde la fantasía del amor europeo pronto se enfrenta a los fantasmas de la desconfianza y las heridas del pasado. De regreso en Nueva York, la protagonista intenta consolidarse como estilista y empresaria mientras sus amistades atraviesan sus propios procesos de crecimiento. El relato abandona el esquema clásico de la comedia romántica para explorar distintas formas del amor contemporáneo, desde las relaciones estables hasta la amistad elegida como verdadera familia. La tercera y última temporada lleva esa evolución un paso más allá al abordar el deseo de maternidad, los tratamientos de fertilidad, la convivencia con Luca y el impacto emocional de un embarazo frustrado. Sin perder el humor, la serie incorpora una mirada madura sobre el paso del tiempo, el duelo y las decisiones que acompañan la vida adulta.
Michelle Buteau imprime a toda la serie una identidad muy personal. Su experiencia como comediante de stand up se traduce en diálogos veloces, observaciones irónicas y un humor basado más en la personalidad de los personajes que en el chiste aislado. La serie mezcla la comedia de situación urbana, la comedia romántica y el florecimiento en una etapa madura, proponiendo una versión adulta del descubrimiento personal. El humor oscila entre la ironía, el absurdo cotidiano y el humor físico, pero nunca pierde de vista el afecto por sus personajes. Buteau evita convertir el discurso sobre la diversidad corporal en una lección moral; en cambio, construye una protagonista que reivindica el placer, el deseo y la elegancia sin que su cuerpo sea presentado como un problema que deba corregirse.
Gran parte del encanto de la serie proviene del carisma de su elenco. Michelle Buteau posee una presencia magnética que sostiene incluso los episodios más convencionales gracias a su extraordinario sentido del ritmo cómico. A su alrededor, Tone Bell aporta sensibilidad y un timing perfecto como Khalil, el mejor amigo cuya lealtad nunca cae en el estereotipo; Tasha Smith convierte a Marley en una figura tan caótica como entrañable; Liza Treyger suma una energía desbordante, mientras que Marouane Zotti, como Luca, ofrece el contrapunto romántico con una interpretación natural y alejada del galán idealizado. Las numerosas participaciones especiales de figuras del mundo de la moda y de la cultura pop enriquecen además una serie que convierte a Nueva York en un personaje más.
Muy recomendada.
3. Película para ver en HBO Max: Nada entre los dos
Juan Taratuto regresa a un cine más intimista y alejado de las fórmulas que hicieron populares títulos como No sos vos, soy yo o Un novio para mi mujer. Lejos de la comedia romántica, la película es un drama sobre personajes maduros estancados en situaciones afectivas poco estimulantes y que prueban los vínculos efímeros. La historia sigue a Mechi (Natalia Oreiro) y Guillermo (Gael García Bernal), dos ejecutivos de una multinacional alimenticia que coinciden en un resort durante una reunión de emergencia provocada por un grave caso de intoxicación. Ambos atraviesan matrimonios desgastados y una profunda insatisfacción personal, y el encuentro entre ellos se convierte en un paréntesis que los obliga a replantearse el rumbo de sus vidas, sin promesas de amor eterno ni finales idealizados.
Taratuto construye el relato con una notable contención, privilegiando los pequeños gestos y las conversaciones íntimas antes que los grandes estallidos emocionales. El conflicto empresarial y el escándalo sanitario funcionan apenas como telón de fondo de una historia interesada en explorar la alienación del mundo corporativo y el vacío existencial de dos personajes que encuentran, por un breve instante, una conexión auténtica.
Gran parte de la fuerza del film descansa en las interpretaciones de Natalia Oreiro y Gael García Bernal, dos estrellas sumamente carismáticas, quienes construyen una pareja de enorme naturalidad y química. Oreiro compone con sensibilidad a una mujer agobiada por las exigencias familiares y laborales, mientras que García Bernal transmite con sobriedad el desencanto de un hombre atrapado en una existencia acomodada pero emocionalmente vacía. La fotografía de Julián Ledesma y las locaciones de Montevideo y Punta del Este, utilizadas para recrear el ambiente del resort mexicano donde transcurre gran parte de la acción, aportan una atmósfera serena y melancólica que acompaña el tono introspectivo del relato.
Sin buscar grandes golpes de efecto, Nada entre los dos encuentra su mayor virtud en la honestidad con la que retrata un amor fugaz entre dos adultos conscientes de que la vida continuará por caminos distintos. Taratuto demuestra que un encuentro breve puede ser suficiente para modificar la manera en que una persona se relaciona consigo misma y con su futuro. El resultado es un drama elegante y maduro, sostenido por el carisma de sus protagonistas y por una mirada sensible sobre el deseo, la rutina y las segundas oportunidades.
Recomendada.
4. Película para ver en Netflix: Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo
Este documental reconstruye uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente de España: el secuestro y asesinato del joven concejal del Partido Popular por parte de ETA en julio de 1997, tras un ultimátum de 48 horas para que el gobierno trasladara a presos de la organización al País Vasco. Lejos de limitarse a narrar un crimen, el documental de Jon Sistiaga y Juanjo López se concentra en la reacción colectiva que desencadenó aquel asesinato. Millones de personas salieron a las calles para exigir la liberación de Blanco y, tras su muerte, la movilización ciudadana marcó un punto de inflexión: la sociedad española, y especialmente la vasca, comenzó a perder el miedo a ETA, aislando políticamente a la organización terrorista y debilitando el respaldo social del que había gozado durante décadas.
Con un enfoque periodístico y una estructura de cuenta regresiva, la película mantiene la tensión aun cuando el desenlace es conocido. Los directores organizan el relato hora por hora, alternando imágenes de archivo con testimonios actuales para que el espectador experimente la angustia que vivió el país durante aquellas dos jornadas. La reconstrucción evita el sensacionalismo y convierte al archivo en el principal recurso narrativo: más de 180 horas de material audiovisual, procedente de una treintena de fuentes nacionales e internacionales, informativos de la época, periódicos, documentos institucionales y archivos públicos permiten revivir aquellos acontecimientos con una extraordinaria sensación de inmediatez.
Uno de los mayores aciertos del documental es la amplitud y calidad de sus testimonios. Participan María del Mar Blanco, hermana de Miguel Ángel Blanco; periodistas que cubrieron el caso, médicos que intentaron salvarle la vida, investigadores policiales, responsables políticos como José María Aznar e incluso el rey Felipe VI, además de personas que vivieron aquellas horas desde distintos ámbitos de la sociedad. Sus intervenciones no buscan alimentar la polémica, sino reconstruir el clima emocional de un país paralizado por la incertidumbre. El film incorpora además relatos poco conocidos sobre intentos discretos de mediación para evitar el asesinato, aportando nuevos matices sin alterar el rigor histórico.
Más que una investigación sobre ETA, Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo es un documental sobre la memoria democrática y el poder de la movilización ciudadana. Su mayor virtud consiste en humanizar a Miguel Ángel Blanco antes de convertirlo en un símbolo, recordándolo como un joven concejal comprometido con su comunidad. Aunque el contexto histórico del conflicto vasco podría desarrollarse con mayor profundidad para el público internacional, la película consigue transmitir por qué aquellas 48 horas modificaron para siempre la conciencia colectiva española. Sobrio, profundamente documentado y emocionalmente contenido, el film demuestra que el verdadero legado de Miguel Ángel Blanco no fue únicamente el impacto de su asesinato, sino la unidad cívica que contribuyó a acelerar el aislamiento social y político del terrorismo de ETA.
Muy recomendada.
5. Película para ver en Amazon Prime: Las puertas del cielo
Las puertas del cielo (1980) constituye una de las obras más ambiciosas, polémicas y reivindicadas del cine estadounidense. Inspirada libremente en la Guerra del Condado de Johnson, ocurrida en Wyoming en 1892, narra el enfrentamiento entre una poderosa asociación de ganaderos y una comunidad de inmigrantes europeos acusados de robo, anarquismo y delincuencia. El sheriff James Averill (Kris Kristofferson) intenta impedir la matanza planificada por los terratenientes, mientras queda atrapado en un triángulo amoroso con la dueña de un burdel, Ella Watson (Isabelle Huppert), y el pistolero Nathan Champion (Christopher Walken), contratado por los mismos ganaderos, pero dividido entre la lealtad y la conciencia. La tragedia íntima de los personajes se funde con un fresco histórico sobre la violencia fundacional de los Estados Unidos.
Michael Cimino llegaba al proyecto convertido en la nueva gran promesa de Hollywood. Tras escribir los guiones de Silent Running y Magnum Force, había debutado como director con Especialistas en el crimen (1974), pero fue El francotirador (1978), ganadora de cinco premios Oscar, incluido mejor película y mejor director, la que lo elevó a la categoría de autor. Ese prestigio le permitió obtener un control creativo casi absoluto sobre Las puertas del cielo, convencido de que realizaría la gran epopeya definitiva del Oeste. Aquella confianza derivó en una megalomanía que multiplicó rodajes, reconstrucciones de decorados, incontables repeticiones de escenas y un perfeccionismo obsesivo que hizo explotar los costos y los tiempos de producción, megalomanía que también afectara –en distintos grados y proporciones- a William Friedkin (Sorcerer), Martin Scorsese (New York, New York), Steven Spielberg (1941), Francis Ford Coppola (Apocalypse Now).
El resultado fue un western profundamente revisionista, heredero de la corriente inaugurada por películas como Pequeño gran hombre (Arthur Penn, 1970) o Del mismo barro (Robert Altman, 1971). Aquí desaparece el mito de la conquista del Oeste como empresa heroica para mostrar el nacimiento de una nación edificada sobre la explotación económica y la violencia privada. Los grandes ganaderos representan un capitalismo salvaje que utiliza el Estado únicamente cuando le resulta funcional y, cuando la ley no alcanza, contrata mercenarios para exterminar trabajadores inmigrantes considerados descartables. Cimino transforma así el western en una denuncia del poder corporativo y de la manipulación política mediante el miedo al extranjero.
La espectacularidad visual constituye una de las mayores virtudes del film. El director de fotografía Vilmos Zsigmond construye imágenes monumentales en formato Panavision donde las montañas, las llanuras y las multitudes adquieren una escala casi operística. Los extensos movimientos de grúa, las secuencias del baile de graduación en Harvard y de la pista de patinaje llamada Heaven's Gate, junto con la gigantesca batalla final, revelan una puesta en escena de extraordinaria complejidad. Al mismo tiempo, Cimino opta por una fotografía dominada por tonos ocres, humo, polvo, niebla y una luz difusa que desmitifica el Oeste clásico y lo convierte en un territorio áspero, casi espectral. Esa decisión estética fue muy cuestionada en su estreno, aunque con el tiempo pasó a ser considerada uno de los rasgos distintivos de la película.
El reparto reúne figuras de enorme presencia. Kris Kristofferson interpreta a James Averill como un idealista incapaz de detener una maquinaria económica mucho más poderosa que él. Christopher Walken aporta una notable ambigüedad moral a Nathan Champion, asesino profesional atrapado entre la lealtad a sus empleadores y su humanidad. Isabelle Huppert, en uno de sus primeros trabajos internacionales, convierte a Ella Watson en una mujer independiente cuya autonomía desafía tanto a los poderosos como a sus propios amantes. John Hurt encarna al intelectual Billy Irvine, símbolo del fracaso de los ideales universitarios; Sam Waterston representa al implacable Frank Canton, portavoz de los intereses ganaderos; mientras Brad Dourif, Jeff Bridges, Joseph Cotten y Richard Masur enriquecen un universo coral donde las pequeñas historias individuales contribuyen a la densidad del relato.
Sin embargo, la película quedó marcada por uno de los mayores desastres industriales de Hollywood. El presupuesto inicial se disparó hasta superar los 40 millones de dólares, una cifra extraordinaria para la época, mientras los interminables retrasos alimentaban una cobertura periodística cada vez más hostil. United Artists, estudio fundado décadas antes por Charles Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D. W. Griffith para garantizar la independencia de los artistas, quedó gravemente debilitado por el fracaso comercial del film y terminó siendo vendido a MGM. Las puertas del cielo pasó así de proyecto prestigioso a símbolo de los excesos del llamado cine de autor dentro de los grandes estudios.
Muchos historiadores consideran que este fracaso marcó el comienzo del fin del llamado Renacimiento Hollywoodense iniciado a fines de los años sesenta. Durante esa etapa, directores como Coppola, Scorsese, Friedkin, Hal Ashby, Altman y el mismo Cimino habían disfrutado de una libertad creativa inédita. El colapso económico de Las puertas del cielo reforzó el poder de los ejecutivos y aceleró la transición hacia un modelo dominado por los grandes éxitos comerciales, las franquicias y un control mucho más estricto sobre los presupuestos y las decisiones artísticas.
La recepción de la obra cambió radicalmente con el paso de los años. Tras el estreno original de más de cinco horas, Cimino preparó una versión de aproximadamente tres horas y treinta y nueve minutos, que luego volvió a ser reducida por el estudio a unos 149 minutos para facilitar su distribución. Durante décadas esa edición mutilada condicionó su reputación. La restauración digital realizada a partir del montaje supervisado por el propio director permitió recuperar la versión de 216 minutos, hoy considerada la definitiva, y propició una profunda reevaluación crítica. Vista en toda su amplitud, Las puertas del cielo aparece menos como el monumento al despilfarro que como una epopeya monumental sobre el nacimiento violento de Estados Unidos, una obra excesiva en todos los sentidos, pero también una de las expresiones más radicales y ambiciosas del western moderno.
Muy recomendada.
Nota: la plataforma exhibe una versión recortada de 155 minutos que permite darse una idea de la magnitud del proyecto.


