Durante la Primera Guerra Mundial, primero con Roque Sáenz Peña y luego Hipólito Yrigoyen, Argentina se declaró neutral.
Sin embargo, entre 1914 y 1918, el conflicto sorprendió a varios argentinos que se encontraban en Europa, ya sea de viaje o por estudios.
"Yo, argentino" se convirtió en su frase de cabecera, mientras sacaban a relucir su pasaporte cuando las autoridades locales le planteaban algún problema. Esta semana, el pasaporte argentino volvió a ser protagonista.
La visita al país de Kristi Noem, la secretaria "caza migrantes" de Trump, dejó la mejor de las noticias para los fanáticos de Miami y su Ocean Drive: el país estaría cerca de incorporarse al Visa Waiver Program; programa que permitiría ingresar a los EE.UU. sin visa, privilegio del que sola gozan un grupo exclusivo de países en el mundo.
Este mismo jueves, el Gobierno terminó de reglamentar el acceso a la ciudadanía argentina mediante inversiones. Una oportunidad para pensar qué hacer con nuestra ciudadanía, el valor de ser argentino, tanto para el afuera como para dentro.
Escenario El tema de nuestro tiempo
Noem es la secretaria de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump; gobierno que en su corta vida ya ha deportado más de 230.000 inmigrantes, según se calcula. En todo el gobierno de Barack Obama la cifra de deportados rondó las 400.000 personas, como para tener una dimensión de los números de la actual gestión.
La primera pregunta que surge con respecto a la posición argentina es si este "blindaje migratorio" estadounidense puede, o no, repercutir en el país con una nueva oleada de migraciones. No solo porque Argentina sigue siendo relativamente atractiva en Latinoamérica para emigrar, sino porque el nuevo programa de Visa Waiver (tanto para turismo como negocios) permitiría a ciudadanos argentinos mayor flexibilidad para el ingreso a Estados Unidos. Uno podría proyectar que los beneficios para los nativos de estas tierras, de seguir la buena relación entre ambos países, no acabarían en el nuevo programa. Y ya sabemos que los requisitos para obtener la ciudadanía argentina son en demasía laxos.
¿Puede la Argentina convertirse en un puente migratorio entre el Sur y el Norte?
¿Se convertirá el pasaporte argentino en un nuevo ticket de entrada para residir en la potencia mundial?
También en términos de seguridad este programa puede resultar un desafío. Argentina ya era elegida, justamente por su afortunado pasaporte, por diferentes servicios secretos para construir la "fachada" de sus agentes y luego operar en otros territorios. No, no es fantasía. Quedó evidenciado con el caso de Ludwig Gish y María Rosa Mayer Muñoz. O, mejor dicho, Artem Viktorovich Dultsev y Anna Valerevna Dultseva, sus verdaderos nombres.
Los dos espías rusos fueron detenidos, junto a sus dos hijos argentinos, en Eslovenia, allá por diciembre del 2022. En el 2024, Vladimir Putin en persona los recibió en Moscú con todos los honores. Durante años estos espías vivieron en Buenos Aires bajo una falsa identidad argentina. Sus hijos nacieron argentinos. Y su (falsa) historia de vida se construyó alrededor de una ciudadanía argentina. Esto les permitió instalarse más tarde en Europa para realizar tareas de espionaje; espionaje que tampoco dejaron de realizar en nuestro país. Este es solamente un caso de tantos, que excepcionalmente llegó a salir a la luz.
¿El beneficio de la Visa Waiver no podría ser un nuevo incentivo para estas actividades?
Como otra novedad al respecto, Argentina reglamentó la ciudadanía por inversión. Este tipo de programas son parte de la tendencia global conocida como "golden passports": países, generalmente pequeñas antillas o repúblicas, que ponen a la venta su ciudadanía para obtener grandes réditos. En las últimas décadas se sumaron países más importantes como Turquía o Austria. Algunos otorgan solo permisos de residencia y otros directamente la ciudadanía. Esto pone también en discusión, no solo cuestiones de seguridad, sino también qué entendemos directamente por ser argentino. ¿El beneficio económico puede pesar más que lo identitario?
¿Y qué piensan los argentinos de la inmigración? El país generalmente se ha considerado como receptivo y abierto a la inmigración a partir de su misma fundación.
Desde la Constitución inspirada por Alberdi, que alienta expresamente la inmigración europea, hasta la reciente ola de inmigrantes rusos que escapan de la guerra, Argentina parece no tener inconveniente con los extranjeros.
Sin embargo, una encuesta realizada entre mayo y junio de este año a nivel nacional por Management & Fit, retrata otra realidad. Alrededor de 7 de cada 10 argentinos se muestra a favor de un endurecimiento con respecto al régimen migratorio. Lo mismo sucede con el cobro de aranceles en salud y educación para extranjeros. Casos como la polémica alrededor de los exámenes de residencias médicas de esta semana no hacen más que fortalecer estos sentimientos. Lo mismo ocurre cuando en Bolivia dejan morir argentinos sin mostrar reciprocidad de trato con nuestros connacionales.
En el país del "no hay plata" el cobro de aranceles no solo empieza a ser algo que se puede pedir abiertamente sin ser abucheado, sino que los mismos políticos lo ven como una medida rentable, tanto presupuestaria como políticamente. La ciudadanía toma otro valor también hacia dentro del país. Incluso hay casos que van más allá. Es el ejemplo de Villa Carlos Paz, que comenzó a cobrar la asistencia médica no solo a extranjeros, sino además a todo aquel que no sea residente de la ciudad. Algo que pone en cuestionamiento todo el régimen legal y la ciudadanía en sí.
Son tiempos de barajar y dar de nuevo en todo sentido, tanto en el mundo como en la Argentina de Milei. Ser ciudadano argentino debe tener un significado y valor concreto que debemos pensar con cuidado, en clave estratégica y a futuro. Debe ir más allá de un Mundial o de una fecha concreta. Nosotros solos somos los que podemos darle verdadero valor. Como Javier Milei, que gusta de las analogías referentes al Imperio Romano, no estaría de más recordar la frase atribuida a G.K. Chesterton: "Los romanos no amaron Roma porque fue grande, sino que fue grande porque la amaron".


