Escenario

Si sale bien, ¿sale mal?

Ricardo Arriazu alerta que, sin un Plan de Desarrollo real, el programa económico actual podría agravar la pobreza y convertir el éxito en tragedia.
Caputo celebra el dólar planchado y la inflación en baja. Pero Arriazu ve una bomba oculta. ¿Estás preparado para el "éxito" que destruye?
Carlos Leyba 30-05-2025
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Décadas que gobiernos y empresarios festejan endeudarnos. Deuda que no viabiliza aumentos de productividad. Si no hacemos algo "distinto" y "material", la cadena de la deuda va a terminar asfixiándonos. 

Con conclusiones similares, pero otro discurrir, Ricardo Arriazu sacudió a la City. Señaló que el "éxito sobre el pasado", si no despejamos las barreras del camino, no garantiza el éxito del futuro: si sale bien, como vienen las cosas, puede salir mal. Veamos.

Ricardo anuncia que, en la Argentina cara, "la destrucción va más rápido que la construcción". Enfermedad holandesa.

Mientras tanto, Caputo II celebró colocar mil millones de dólares con una tasa, en pesos, de 29,5% la que - con garantía de salida antes que surja la duda - con un dólar aplastado por intervención en el Mercado de Futuros, igualaría a la tasa de interés en dólares con la pactada en pesos. 

La garantía sugiere el retorno de hasta 29,5% en dólares. Raro, pero no nuevo: está pasando. 

Este engendro - surgido del empecinamiento de no comprar dólares para incrementar las Reservas y así no empujar el tipo de cambio y la inflación, a la que el retraso cambiario aplaca - hace que, si la tasa de interés es mayor que la de crecimiento del PIB, el stock de la deuda aumenta; y como es mayor a la tasa de crecimiento del PIB ph, la deuda por habitante aumenta aún más. 

No nos endeudamos para reconstruir el sistema ferroviario que fue, con la criolla Generación del 80, ejemplo para el mundo. Tampoco para un proyecto "integrador del territorio" como el "Corredor Ferroviario" que conectaría al Pacífico con el Atlántico. Desde Chancay a Santos. Ocho mil kilómetros, 10 mil millones de dólares de inversión, que reducirían los costos de logística y el tiempo: valorando el territorio inexplotado, aumentando exportaciones, la productividad y la capacidad de repago. No. 

Nuestra economía de la deuda es una rediviva de la leyenda criolla de "El Familiar": el "viborón" que se alimenta con lo mejor para mantener el poder y la riqueza de "su dueño", hasta que agotados los recursos, "El Familiar" se devora a quién creía ser su dueño. 

Cuando Caputo II anunció la colocación de deuda, Elisa Carrió indignada por los recortes al H. Garrahan, le dijo "Vas a terminar preso y yo me voy a ocupar de eso". La respuesta esperable de Toto ya no es la del "lenguaje anal" propio de Javier. Será una nueva expresión "gestual testicular". Lo explicó L. di Marco: "la mimetización con los modos mileístas, que alcanza el paroxismo en el ministro "Toto" Caputo. En una entrevista televisiva reciente llegó a tocarse los genitales para graficar que la opinión de Cristina Kirchner sobre el plan económico en marcha no le importaba en absoluto. Un lord".  (LN 28/5)) 

Toto "se toca los genitales" por TV como rechazo a la crítica, es todo lo que debe esperar Lilita. La "revolución cultural" es imparable. 

Cambian los modales. No la economía para la deuda. Argentina es cara, una enfermedad holandesa gestada por la deuda y camino a la deflación. 

En "Tema de Nuestro Tiempo" (1923), J. Ortega y Gasset, dice que "nuestra época no es la que ahora acaba, sino la que ahora empieza". Ha empezado una época y difícil; lo advirtió R. Arriazu. 

Amigo de Ortega, economista, L. Olariaga, en 1925 escribió sobre nuestro país: "Acaso tenga que sufrir antes las consecuencias de la crisis económica de Inglaterra...Acaso no tarde en sufrirla" (RO). 

Olariaga advertía las cosas que había que hacer para evitar el dolor en la época que empezaba. Anticipó la crisis del desenganche de la locomotora y como prepararse. 

El medio siglo de expansión, pensado y ejecutado por la Generación del 80, estaba perdiendo su motor: sabiduría era prepararse para evitar las consecuencias.

La crisis llegó y - como reza el ideograma chino - toda crisis ofrece oportunidad. Aquel modelo exitoso, pero dependiente de la prosperidad del Imperio, fue sustituido por otro que nos brindó un segundo medio siglo de prosperidad que terminó hace 50 años. 

La década 1884/94 fue la de mayor crecimiento del PIB ph (49%) de la historia nacional. Parte de 50 años de expansión de los factores, ocupación de la tierra y crecimiento de la población, aluvión inmigratorio, e incorporación de capital. La segunda década de mayor crecimiento de nuestra historia, fue la de 1964/74 (33%). Parte del segundo período de 50 años de inclusión social que finalizó con 4% de pobreza, mejoras distributivas con un Coeficiente de Gini igual al de Francia y con la clase media más grande y pujante de los países en vías de desarrollo.

La primera etapa terminó con el desenganche de la esclerosada locomotora del Imperio. La segunda etapa finalizó por la deliberada destrucción del motor interno, la que comenzó con la guerrilla urbana para el socialismo por las armas, asesinó empresarios, políticos, sindicalistas: fuga de inversiones, cierre de plantas, descomposición del capital reproductivo; y luego, la represión genocida que despertó fantasmas que liquidaron, finalmente, al consenso implícito de pleno empleo establecido desde la crisis del 30. 

Hace cinco décadas que naufragamos en deuda y fuga, estancamiento, decadencia social y sin visión de largo plazo: todos gobiernos de emergencias. "Intendentes al poder". Duhalde, Menem, De la Rua, Kirchner, Macri. Trataron de gobernar, no como estadistas - los que evitan que los problemas ocurran porque piensan en consecuencias - sino como "intendentes" que van detrás de los problemas.  

La primera expansión nacional lo fue bajo el influjo del sector productor primario, la política patricia de los ganados y las mieses; la segunda fue bajo el influjo de la producción urbana, la burguesía industrial hija del vertiginoso ascenso social. La política 100 años bajo el influjo de la producción generó crecimiento e inclusión, como en Occidente. 

Los posteriores 50 años de la decadencia, sin liderazgos productivos, bajo el protagonismo de financistas, generaron una oligarquía formada, con el capital del Estado y a la soviética: la "nueva oligarquía parvenu de los concesionarios". Ellos, como factor de poder dominante, generaron la "economía para la deuda". 

El programa de Caputo II, complementa el programa de Milei de destrucción del Estado, el anarcocapitalista. El de Caputo II es un programa electoral de ancla cambiaria a la baja, para disminuir la tasa de inflación hasta las elecciones, combinada con la mayor apertura económica posible, destinada a procurar la deflación (o destrucción como dice Arriazu)

Más allá de la discutible veracidad de los equilibrios logrados o de su consistencia sistémica, el modelo prorroga el endeudamiento y descuenta un "waiver" del FMI. La intimidad del chileno JC Daza con el secretario del Tesoro S.Bessen, garantiza todo lo necesario para llegar a las elecciones con inflación a la baja, tipo de cambio estable y sin cimbronazo financiero. Será así y la soberbia "gestual testicular" lo deja entender. 

Arriazu - al igual que Olariaga advierte el futuro - ha dicho que: a) hay que comprar reservas (no lo quieren hacer), b) imagina inversiones extranjeras en riquezas naturales y exportación de esos bienes, lo que terminará con la restricción externa (años), c) señala que la Argentina será aún más cara en dólares d) Y que esa "enfermedad holandesa" destruirá antes de que se pueda construir; y habrá más pobreza y descontento e) por eso, dice, hay que realizar un modelo de  equilibrio general, identificar cuellos de botella f) dada la estabilidad (que descuenta) volverá el crédito hipotecario y podrán construirse 4 millones de viviendas,(¿imagina esa solución para empleo y pobreza?) g) El fin de la "restricción externa" resolverá "la deuda" y Arriazu propone Reservas por 100 MM de U$S. Estamos 8,4MM U$S negativos.

Finalmente advierte que, en el caso que el programa tenga éxito, por las inversiones y exportaciones de recursos naturales, que resolverán a la restricción externa, no obstante, será necesario un "Plan de Desarrollo" (él lo llama análisis de equilibrio general para identificar y resolver cuellos de botella) para evitar o morigerar, la catástrofe social que este programa (el éxito es la Argentina más cara) producirá y que generará "descontento". 

Mientras esperamos a las inversiones, este programa ya está produciendo "destrucción", vía desindustrialización, que se profundiza con el aluvión de importaciones y con la "anhelada deflación", mientras las cuentas externas están en camino negativo. 

Arriazu, finalmente, recomienda - le cuesta decirlo - un Plan de Desarrollo. Contradicción radical con el compromiso de destruir al Estado y retirarlo de la política económica "real", incluida la obra pública. 

Su esperanza es que la estabilidad genere crédito hipotecario para construir viviendas: la incógnita es ¿quiénes serán los sujetos de crédito en la "destrucción" de trabajo? ¿Los chóferes de Uber, los chicos de Rapi? ¿Cuál es el efecto positivo, en la productividad sistémica, si la mayor parte del ahorro está destinado a financiar viviendas? ¿Puerto Madero está vacío? 

En la década del 40, dice Arriazu, había crédito hipotecario. Pero había una política de pleno empleo. En 1975 los bancos comerciales financiaban vivienda a 15 años, en pesos, porque había empleo.     

Imagino a Caputo II escuchando a Ricardo en "gestualización testicular" vistiendo camiseta con la cara de Javier impresa: culto a la personalidad. 

Sugiere Arriazu, "si sale bien (inversiones, exportaciones, minerales), puede salir mal (la Argentina cara, destrucción veloz, construcción lenta) 

Para evitarlo, un Plan (Estado) para crear trabajo (construir). Hay éxitos que "destruyen" (consecuencias). 

Existe el Estado, gerente del Bien Común. El mercado no llega a tiempo para resolver. Como "El Familiar" come a su dueño. Es decir, hay que hacer lo que no estamos haciendo.

Nos está pasando desde 1975. "El equilibrio general" (que incluye el pleno empleo) y "los cuellos de botella" (que incluyen las desvinculaciones selectivas) vuelven a ser preocupación: si no atendemos a ello, el "salir bien", puede ser "salir mal". Tiempos de advertencias. 

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