El Economista - 73 años
Versión digital

jue 25 Jul

BUE 18°C
Ideas

Milei tiene que volver a enamorar

A Milei le está faltando convencer a una parte decisiva del país. Una parte obtusamente pesimista, recurrentemente traicionada y hábil resiliente.

El shock de inversiones que busca Milei requiere fe, y allí se llega de otra manera: enamorando y convidando a participar de los retos.
El shock de inversiones que busca Milei requiere fe, y allí se llega de otra manera: enamorando y convidando a participar de los retos. .
05 julio de 2024

Por Julio Burdman & Viviana Isasi

Javier Milei hoy está en una encrucijada. Sus logros políticos personales, hasta ahora, son innegables: en solo una elección, y con una estructura política más que precaria, rompió un sistema partidario de más 40 años, convirtiéndose en el primer outsider en llegar a la presidencia desde la epopeya electoral de Juan Perón en 1946. 

Y aún tiene el apoyo de la gente. 

Con medio año de gobierno encima, y a pesar del durísimo contexto de inflación, caída de ingresos y actividad, algo más de la mitad de los argentinos sigue teniendo buena opinión de él. 

Aún tienen esperanza los emergentes de la Argentina pauperizada que lo eligieron a Milei como su representante: los sub-35, los trabajadores informales, los religiosos, los provinciales de la Argentina profunda. 

Pero a Milei le está faltando convencer a una parte decisiva del país. Una parte obtusamente pesimista, recurrentemente traicionada y hábil resiliente. Una Argentina que, como diría Dolina, ya no solo se contenta con soportar el fracaso, sino que lo busca apasionadamente. Nos referimos a los argentinos que tienen plata, y la esconden del esquelético y siempre riesgoso circuito financiero y bancario local.

Promediando el 2024, se repite un viejo problema: hay un agujero. Faltan pesos en los bancos. Y algo, o alguien, tiene que compensarlo. Los caminos conocidos para salir del paso que proponen los apasionados del fracaso son todos malos. La devaluación trae más inflación, y eso sería un revés fuerte para la gente y el gobierno. La ayuda del FMI viene con "recomendaciones" que pondrán límites a los objetivos de Milei. Y la peor de las opciones es la intervención en los depósitos -modelo "plan Bonex"- que rompe la confianza del ahorrista. 

  • En la visión de Milei, el agujero se debería resolver por una cuarta vía, que sería un shock de inversión. En sus términos, los agentes económicos deberían observar que su compromiso con el equilibrio macroeconómico es alto, que las cosas van a mejorar, y confiar en él

Pero esto no es nada fácil porque esos argentinos apasionados por el fracaso, que podrían fondear los bancos, escuchan con igual pasión a sus queridos grandes medios de comunicación, a los consultores económicos con varias décadas en circulación, al FMI y sus pronósticos agoreros, y al propio Mauricio Macri, quien se convirtió en el político que menos cree en Milei. 

Todos ellos, al unísono, refuerzan la convicción pesimista del público al que Milei debe enamorar. Hoy Milei está enfrentado con todo ese establishment argentino: no solo porque no cree en él -eso, tal vez, lo tiene sin cuidado- sino porque le bloquea el acceso a los empresarios, los grandes y medianos inversores, los tenedores minoristas de bonos, los ahorristas en dólares y otros argentinos que son los que realmente influyen en el mercado financiero local. 

El dilema de fondo es que es muy difícil romper el cerco del establishment apasionado por el fracaso, y llegar a los agentes económicos reales, desde la argumentación racional. Porque eso ya sabemos bien dónde lleva: hay un agujero, bien concreto, y la Argentina del fracaso está muy acostumbrada a salir de esas situaciones con soluciones de corto, que son formas de huir o procrastinar. 

El shock de inversiones que busca Milei requiere fe, y allí se llega de otra manera: enamorando y convidando a participar de los retos. Aquí importa más su carisma político que una fórmula en un pizarrón. 

Milei representó una ruptura y una esperanza. Su promesa no se restringió a ordenar el Estado, cual político institucionalista de vieja escuela, para que se pudieran liberar las fuerzas impersonales del mercado. Milei se presentó como algo más: dijo que era un líder del mercado. El león que despertaba a los corderos. De eso se trata el enamoramiento político: de transmitir esa vitalidad y seguridad en sus planteos, y promover una trascendencia en términos de productividad económica. La mentalidad del humanismo renacentista traducida a la economía del siglo XXI.

Frente a los diagnósticos económicos contrapuestos, los pedidos de previsibilidad, y el reacomodamiento temeroso de las fuerzas políticas afines, es inútil que Milei se enfrente a los apasionados del fracaso, porque ellos ya no pueden hacer mucho más. 

Mejor sería que "salte" a los templarios que custodian a la curtida city local, y promueva un tipo de confianza que trascienda a la persistente y mundana pasión argentina por el ocaso. Y eso necesita, en definitiva, del arte de la política. 

Milei llegó desde afuera del sistema político tradicional, consiguió una base propia de apoyo entre los pobres que no tenían nada más que perder, y a través de un "apego emocional" conectó con esa parte del electorado que se había cansado de sentirse usada y también prescindible. Ahora necesita hacer lo mismo... pero con las fuerzas impersonales del mercado.

Deberá contagiarles su idealismo. Liderarlas, usando esas emociones que lo llevaron a la presidencia. Traer a la arena económica esa credibilidad, porque entre aquellos que hace rato dejaron de sentirse representados, hay muchos agentes económicos. Debe inventar nuevas conexiones con el "pueblo financiero". Invitarlos a salir de la ruta de desaciertos y frustraciones acumuladas. Un trabajo nuevo.

 

Isasi / Burdman Consultores Políticos

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés