Por estos días el oficialismo celebra una tranquilidad cambiaria a la par de una destrucción del entramado productivo. Ni el festejo ni la composición del programa económico son novedosos, vienen siendo la base del programa anunciado por Milei y Caputo en diciembre de 2023.
Más aún, este sería ya el cuarto ciclo de esta política que, buscando reducir la inflación con dispar éxito, abarata irresponsablemente el dólar. Hoy el gobierno, que festejaba un índice de 100 para el Tipo de cambio real multilateral en octubre, lo deja hundirse por debajo de '90. Al menos escuchó a los economistas opositores sobre la relevancia de comprar reservas.
Como sabemos, sostener un atraso cambiario tiene dos problemas que se presentan en temporalidades diferentes. La más mencionada es la crisis cambiaria que suele ser más aguda pero que es difícil de definir cuándo ocurrirá porque podría demorarse sustancialmente -aunque ya ocurrió 3 veces en solo dos años: previa al blanqueo de 2024, al salvataje del FMI y al de Trump en 2025-.
Pero más silenciosa y operando desde el momento inicial del atraso encontramos el deterioro de la competitividad que lleva a una caída de la producción e inversión, luego a la destrucción de empleo y finalmente el cierre de empresas. Si a esa política central le agregamos otras como la restricción monetaria -que vuelve volátiles y elevadas las tasas de interés-, el techo a las paritarias -que deteriora el mercado interno-, y la apertura comercial -en un mundo convulsionado y con crecientes barreras-, el sector productivo enfrenta muchos problemas.
No es difícil mostrar que esto está ocurriendo hace tiempo. Luego de la recuperación post devaluación, el producto se estancó al nivel de fines de 2024 durante todo el 2025 salvo diciembre donde cuestiones particulares (como la excepción cosecha de trigo) lo impulsaron. Si miramos a nivel sectorial, 5 ramas continúan por debajo de noviembre de 2023: incluyendo a la industria, construcción y comercio.
Lamentablemente, dados algunos indicadores adelantados y los cierres o suspensiones que se comunican diariamente, este dato no parece haber cambiado sustancialmente la tendencia previa. Tampoco es un buen contexto que la cantidad de empresas empleadoras se redujera en 22 mil desde el inicio del gobierno de Milei. No hay señal más clara de que la macroeconomía le está generando problemas a la actividad productiva.

Lo sectorial
Si miramos a nivel sectorial vemos un patrón claro: los principales sectores empleadores están en caída.
La industria manufacturera acumula meses de contracción. Tanto sus indicadores de producción -11,3% por debajo de noviembre de 2023-, como de uso de capacidad instalada -cae 13 pp hasta 53,8% desde noviembre de 2023, con 11 de 12 sectores por debajo- como de empleo muestran resultados negativos (60 mil puestos de trabajo registrados menos)
El comercio, otro gran empleador urbano, sufre la caída del poder adquisitivo, mostrando una caída del 6,4% respecto a noviembre de 2023. Con salarios reales deteriorados y jubilaciones ajustadas a la baja, el consumo masivo no repunta: respecto a noviembre de 2023, el último dato de ventas de supermercados indica una caída del 9,6% y en autoservicios la caída es del 19%.
La construcción, históricamente un motor anticíclico, fue directamente desarticulada por el freno casi total de la obra pública. Muestra un nivel de producción 17,9% menor a noviembre de 2023, y 90 mil empleos registrados menos.
Cuando industria, comercio y construcción caen simultáneamente, no estamos frente a problemas microeconómicos asignables a empresas o sectores particulares, es la política económica.
Lo laboral
Si miramos el mundo laboral podemos ver que el modelo está teniendo un costo elevadísimo. En ese marco la reforma laboral sólo viene a consolidar el deterioro y abaratar el ajuste para las empresas, cargando ese costo en los trabajadores y sus familias.
El empleo registrado del sector privado ha caído en 192.000 puestos entre noviembre de 2023 y 2025, aún más lejos del máximo alcanzado en agosto de 2023. Para peor, esa destrucción se aceleró en el último semestre disponible. Es decir: después de un brutal ajuste, la economía no logró recomponer siquiera el reducido punto de partida.
A esto se suma la pérdida de salario real. La estrategia antiinflacionaria basada en el ancla salarial implicó que -si tomamos un índice de precios más acorde que el IPC del Indec corrigiendo por la obsolescencia de la canasta- los salarios de todos los sectores se encuentren por debajo del nivel de noviembre de 2023 (8% para el sector privado y 22,5% para el público; particularmente el que depende del estado nacional), así como las jubilaciones mínimas. En ese marco, encontramos también la morosidad de las familias que se encuentra escalando a máximos de las últimas décadas.
Frente a todo eso, las familias recurren al autoempleo -cuentapropismo informal o el empleo asalariado precario sin derechos- como refugio frente al desempleo, al pluriempleo o a la activación laboral de adultos mayores jubilados para intentar complementar ingresos.

Una alternativa necesaria
El modelo no genera crecimiento y mucho menos bienestar social por medio del mercado laboral. Peor aún es el futuro que promete.
Las expectativas del sector industrial y de supermercados se encuentran en terreno negativo. El crédito que era la promesa de crecimiento se ha convertido en un lastre para el futuro. La nueva intervención del IPC del INDEC indica que la inflación se mantendrá alta por el aumento de tarifas que seguirá castigando el ingreso disponible para consumir bienes y servicios.
Y las cuentas estatales se deterioran. Mientras el resultado financiero continúa en terreno fuertemente negativo -si consideramos correctamente los intereses capitalizados-, el superávit fiscal primario logrado a fuerza de bajar salarios y jubilaciones, detener la obra pública y demás servicios como prestaciones por discapacidad o educación comienza a sufrir la recesión. La recaudación ya acumula 7 meses de caída real, cayendo casi 10% en enero. A ello se suman las rebajas de aportes patronales e impuestos incluidas en la reforma laboral siempre con el mismo sesgo regresivo.
Si no es por vía de recuperar el crecimiento ¿cómo piensan mantener el equilibrio fiscal que es, según el gobierno, la base de su modelo? ¿Con más ajuste que profundice el estancamiento?
El gobierno repite que esta vez es diferente, pero ciertamente rima.
Si toda la política económica está dirigida a sostener el atraso cambiario -ahora de manera redoblada en tanto la inflación se ha acelerado- dejar al mercado su corrección es esperar una nueva crisis cambiaria. El tejido social no puede esperar que otro experimento fallido llegue a sus consecuencias. Se requiere una alternativa que evite los daños.
Para recuperar el crecimiento se requiere un nivel más razonable del tipo de cambio real, por ejemplo, el mismo gobierno celebraba cuándo alcanzó los que serían actualmente $1600. El atraso se observa claramente por medio de las bandas reformuladas, como ellas mantienen su valor real alejarse del techo implica inexorablemente una pérdida de competitividad. Para llegar allí sólo debe acelerar lo que todos los opositores propusimos desde fines de 2024, comprar reservas. Compras incrementales permitirían detener la apreciación y eventualmente conducir lentamente al dólar hacia arriba.
Ese mismo proceso permitiría cierta relajación de la política monetaria que facilite a las empresas y familias refinanciar sus deudas que hoy están estrangulando cualquier dinamismo futuro. A ello debería sumarse políticas específicas de refinanciación o desendeudamiento para las familias.
A eso se suma una recuperación impostergable de los ingresos -laborales por paritarias o salario mínimo y jubilaciones- que habilite a que la economía pueda volver a crecer. Sin mayor demanda y gran capacidad ociosa no ocurrirá. También sería esencial la implementación de una política productiva, crediticia y de manejo del comercio exterior moderna y condicionada a resultados para proteger las capacidades y elevar la productividad. Pero eso tampoco forma parte de las preocupaciones del gobierno.
Como vemos, el programa económico cruje. Hay que reemplazarlo. El gobierno va por su cuarto ciclo de insistencia en estas políticas, no parece entender sus errores ni tiene capacidad de resolverlos.
La oposición tiene la responsabilidad histórica de ofrecer una alternativa seria, técnicamente sólida y socialmente justa.