Cuando la política y la economía se cruzan, las señales lo son todo. Mientras el Congreso transita un febrero de alta temperatura debatiendo reformas estructurales en materia laboral, impositiva y penal, los mercados y el "círculo rojo" observan con atención la capacidad del Gobierno para sostener el rumbo. Sin embargo, para entender la viabilidad macroeconómica de este modelo (exitoso al menos en parte), es imperativo auditar la microeconomía del humor social.
En DyC Consultores partimos de una premisa innegociable: sin datos no hay acción efectiva, pero los datos sin contexto no ganan batallas. Nuestro método no se limita a medir la temperatura social o confirmar tendencias, sino, en preguntar aquello que nadie se anima a preguntar y a mirar lo que muchos prefieren ignorar. Lo que nos destaca es nuestra capacidad de buscar, aislar y analizar críticamente lo que llamamos el "#datoincómodo". Ese porcentaje, a veces silencioso, que muchas veces desafía o critica la narrativa oficial y advierte sobre las corrientes subterráneas que pueden hacer naufragar una estrategia de gobierno o una inversión privada.
Nuestra última encuesta nacional de febrero de 2026 nos arroja un mapa de situación de gran relevancia para el análisis económico-político de la actualidad. El primer hallazgo de dicho estudio es que la sociedad argentina ha mutado su comportamiento cívico hacia una lógica que podríamos definir como "financiera": la ciudadanía no le firmó un cheque en blanco a Javier Milei en 2023, sino que realizó una inversión de riesgo a mediano plazo.
Los números son contundentes: frente a las reformas planteadas, el 66,67% de los encuestados visualiza que ellas representan "el comienzo del despegue". A pesar del ajuste y la recesión, la mayoría sigue "comprando" la narrativa del futuro, manteniendo firmes las expectativas de un futuro mejor. Se identifica una lealtad netamente instrumental, pragmática y absolutamente racional. La sociedad está invirtiendo sufrimiento presente a cambio de rentabilidad futura (estabilidad, baja de inflación, crecimiento). Así, Javier Milei pareciera ser el vehículo de esa transformación; pero cuidado, si el vehículo frena o desacelera demasiado, los inversores pueden comenzar a retirar sus acciones.
En ese contexto, al consultar sobre la reforma laboral, casi el 65% la considera positiva. Pero el #datoincómodo para el establishment político tradicional es que 30,3% de los encuestados cree que el Gobierno se está quedando corto y califica la reforma como "Muy LIGHT". La sociedad, o al menos la base que sustenta al modelo, exige acelerar, ir a fondo. Percibe que la moderación o la negociación con los sindicatos no es un rasgo de madurez institucional, sino un síntoma de debilidad frente a la "casta".
Esta disputa propia de la batalla cultural pro-mercado que inició el oficialismo, se refleja también en las opiniones sobre la economía real. Al indagar sobre la industria textil, los encuestados no culpan a la apertura de importaciones. Hoy, el 33,33% señala a los impuestos como el principal problema del sector y el 27,27% a la especulación empresaria, mientras que el temor a la competencia exterior quedó relegado al 12%. La calle pide libre mercado, pero exige que el Estado quite el pie de la cabeza y que los empresarios compitan vía precios.
En materia fiscal, la narrativa del Gobierno Nacional también triunfa: el 49% de la gente identifica a los Impuestos provinciales (ingresos brutos, inmobiliario, etc.) y, en menor medida (15%), los municipales (tasas sin contraprestación real) como los que más asfixian su economía cotidiana, blindando la política de "motosierra" nacional y dejando a los gobernadores en el banquillo de los acusados.
Pero toda auditoría tiene su pasivo, y aquí emerge el gran "#datoincómodo" de este informe para la Casa Rosada. La credibilidad, activo fundamental en tiempos de posverdad, está entrando en tensión. Ante la consulta sobre si confían en las estadísticas oficiales del Gobierno (inflación, pobreza, actividad económica), un 59,32% sostiene que SI, pero un creciente 40,68% afirma que "NO".
Para una gestión que ha hecho del equilibrio fiscal y la precisión matemática su religión, que más del 40% dude de sus "planillas de Excel" es una luz amarilla parpadeante. Si la macroeconomía que celebran los mercados no encuentra un correlato tangible en la reactivación del consumo y el bolsillo, ese nivel de descreimiento puede ensanchar la brecha entre la gestión y la calle, dañando la base de sustentación política.
Nuestro informe de febrero deja una conclusión clara: el mandato sigue vigente y el Gobierno ostenta una calificación de gestión de 6,7 puntos, un respaldo alto para el nivel de ajuste aplicado. Sin embargo, la gobernabilidad es condicional. El enemigo del Gobierno hoy no es la oposición (fragmentada y acéfala), sino el estancamiento. La paciencia exige resultados y, en la Argentina actual, la única forma de no chocar pareciera ser no dejar de acelerar.

