Las elecciones de medio término suelen ser una evaluación de la gestión del Gobierno. La sociedad decide si merece un apoyo por su tarea o un castigo. Las demás consideraciones son secundarias al momento de definir el voto. Teniendo en cuenta la experiencia acumulada desde las elecciones legislativas de 1985 se comprueba que si la inflación tiende a bajar y el dólar está quieto, el oficialismo tiene asegurado un piso de 40% de los votos. Por lo tanto, si las condiciones económicas se mantienen, el Gobierno va a ganar las elecciones con independencia de lo que ocurra con el resto de los actores políticos.
El nombre de Cristina sólo iba estar en la boleta de la Tercera Sección Electoral de la provincia de Buenos Aires y ahora el peronismo deberá buscar otro candidato. Pero el cambio de nombres no alterará el resultado de las elecciones que le seguirá siendo favorable en la región del país en la que tiene más apoyo.
Que no influya en el resultado no quiere decir que la condena a Cristina no esté presente en la campaña porque se hablará mucho de ese tema. Desde el mundo antikirchnerista se reivindicará que la Justicia convalidó las denuncias de corrupción que hicieron durante años. Desde el peronismo se hablará de proscripción, una palabra muy cara a su historia.
Algunos analistas entienden que la no presencia de Cristina en la boleta, despolariza la elección. Sin embargo, la grieta se expresa en visiones políticas contrapuestas y no exclusivamente en personas.
Además, la necesidad de renovar figuras en el peronismo estaba presente antes de la condena a Cristina cuyas chances de liderar un espacio mayoritario eran remotas.
Por lo tanto, cabe esperar mucho debate en torno a la decisión de la Justicia, aunque en lo esencial, el contexto político no se modificará.

