"Creemos en nuestros derechos de la Primera Enmienda…y en cuanto a la capacidad, la oportunidad de poder hacer esas declaraciones, tienen la capacidad de hacerlo en los Estados Unidos de América".
Eso es lo que afirmó Andrew Giuliani, director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca para la organización del Mundial 2026, al periodista británico Rob Harris, de Sky News, quien le preguntó por una eventual sanción de la FIFA a los jugadores argentinos que habían exhibido la bandera que sostenía que "Las Malvinas son Argentinas".
Cabe recordar que esa organización prohíbe la exhibición de carteles, pancartas, banderas u otros elementos de naturaleza política, ofensiva o discriminatoria. Coincidiendo con esa postura, la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, antes del encuentro entre los seleccionados de Argentina e Inglaterra, había advertido que no se permitiría ingresar al estadio con banderas, camisetas o cualquier otro elemento relacionado con la cuestión Malvinas, al igual que con mensajes de contenido político o racial. Incluso utilizó una desafortunada frase, aludiendo a la prohibición del mapita de Malvinas.
Aún no se sabe si la FIFA aplicará alguna sanción a los jugadores argentinos o a la AFA. Lo que sí se sabe es que la Primera Enmienda, que garantiza la libertad de expresión, protege este tipo de declaraciones, tal como sostuvo Giuliani.
Es útil señalar que la Constitución de los Estados Unidos, en su redacción original, no contenía un listado de derechos; solo se refería a la organización de los poderes del Estado. Los derechos personales fueron introducidos, a lo largo del tiempo, a través de enmiendas. La primera de ellas garantiza la libertad de prensa ( y también de religión).
Es decir que la libertad de expresarse sin ningún tipo de censura forma parte de la esencia misma de los estadounidenses. Constituye su génesis institucional.
En ese contexto, existe una especial protección de la difusión de ideas políticas, ya que la democracia sólo es concebida si tiene lugar el más amplio intercambio de información sobre asuntos de interés público.
De acuerdo a este principio, los tribunales norteamericanos han elaborado el instituto del "mercado libre de ideas", según el cual deben permitirse todas las manifestaciones; aún las más ofensivas y repudiables, que conforman el discurso público. Bajo la Primera Enmienda no existe tal cosa como una idea falsa. Sin importar que tan perniciosa puede parecer una opinión, dependemos para su corrección, no de los jueces, sino de la competencia entre distintas ideas, afirmaron los jueces de ese país.
En uno de los casos más famosos, la Corte Suprema de Estados Unidos admitió expresiones racistas de miembros del Ku Klux Klan. Un discurso, por más indignante y repulsivo que fuera, está protegido por la Primera Enmienda, si no está dirigido a incitar o producir una acción ilegal inminente, afirmaron los miembros del tribunal.
Son numerosos los casos en que la justicia norteamericana protege mensajes políticos expresados en carteles o banderas, similares a la que mostró al mundo Giovani Lo Celso y sus compañeros de la selección al finalizar el partido contra Inglaterra. Por citar solo uno de ellos, cabe recordar la detención de un manifestante en un pasillo de los tribunales de Los Ángeles por tener una remera con un mensaje contrario al reclutamiento de tropas para Vietnam. Allí, la justicia advirtió que el gobierno no puede prohibir la expresiones de ideas, por objetables que sean si no están dirigidas a una persona en particular y no incitan a la violencia.
Si algo ha incitado la famosa bandera es a reflexionar sobre la causa de Malvinas, ratificar nuestros derechos, insistir en el reclamo pacífico y recordar a los caídos en el conflicto.