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El Mercosur acéfalo no puede tomar decisiones relevantes

Por distintos motivos, los gobiernos de los países que forman parte del acuerdo regional se opusieron a que Venezuela ocupara la presidencia pro tempore y se reavivó el debate sobre la propia pertenencia de esa nación al bloque.

Héctor Rubini Héctor Rubini 01-08-2016
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por Héctor Rubini (*)

El viernes 29 de julio el gobierno uruguayo informó que habiendo vencido el plazo de seis meses para la presidencia pro tempore de Mercosur, finalizó en el ejercicio de la misma. La cumbre presidencial prevista para julio no se pudo concretar por la oposición de Brasil y sobre todo de Paraguay al traspaso de la presidencia del bloque a Venezuela. Resultado: por primera vez, desde 1991 el bloque se encuentra acéfalo.

Previamente, los gobiernos de Brasil y Paraguay comunicaron el martes 26 su rechazo a que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, asuma como nuevo presidente pro-tempore del bloque. Al día siguiente, debió cancelarse la reunión del Consejo del Mercado Común prevista para el sábado 30 de julio, en la que debía consensuarse una posición común sobre admitir o no el traspaso de la presidencia del bloque a Venezuela, dado que Brasil y Paraguay confirmaron que no asistiría ningún funcionario de sus respectivas administraciones.

La visión de Brasil

El gobierno de Brasil, y en particular su canciller José Serra, siguen sosteniendo que Venezuela continúa sin cumplir los compromisos asumidos para proseguir siendo miembro pleno. El presidente Temer ha afirmado que el país caribeño no ha cumplido con los requisitos pactados cuatro años atrás, y que debe antes hacerlo, dado que para presidir el bloque un país debe ser inequívocamente miembro pleno y sin objeciones. Cabe recordar que, al momento de ingresar al Mercosur, Venezuela debía adaptar parte de su normativa comercial a las reglas del bloque, aplicar el arancel externo común del Mercosur, demostrar la existencia de iniciativas y progresos en materia de coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales con el bloque, y armonizar al menos parte de sus leyes y regulaciones con la de los demás miembros del bloque.

La cancillería paraguaya, a su vez, rechazó el pasado viernes la notificación venezolana de comenzar a ejercer la presidencia pro tempore de Mercosur y se ha manifestado a favor de que la Argentina asuma este semestre la presidencia del bloque en lugar de Venezuela. La canciller venezolana, Delcy Rodríguez, en cambio, sostiene que eso no tiene sentido, invocando el artículo 12° del Tratado de Asunción según el cual “la Presidencia del Consejo se ejercerá por rotación de los Estados Partes y en orden alfabético, por períodos de seis meses”. Sin embargo, el canciller paraguayo Eladio Loizaga no ha dejado de recordar el artículo 37° del Protocolo de Ouro Preto: “Las decisiones de los órganos del Mercosur serán tomadas por consenso y con la presencia de todos los Estados Parte”. El texto es por demás claro y echa por tierra las afirmaciones recientes de la locuaz canciller venezolana en el sentido de que “ellos (Serra y Loizaga) pretenden desconocer las normas fundacionales del Mercosur”. Las normas vigentes son muy claras: Venezuela ni ningún otro Estado miembro puede asumir unilateralmente la presidencia pro tempore del Mercosur.

Una polémica más Cabe recordar, además, que ya el ingreso de Venezuela al bloque ha sido más que polémico. El mismo fue aprobado en la cumbre de Mendoza, en junio 2012 por los mandatarios de Argentina (Cristina Fernández de Kirchner), Brasil (Dilma Rousseff) y Uruguay (José Mujica), quienes previamente suspendieron a Paraguay hasta las elecciones presidenciales de abril de 2013 por la destitución del presidente Fernando Lugo. Sin embargo, el Tratado de Asunción de 1991 exige el acuerdo de todos sus miembros para el ingreso de un nuevo integrante, y Paraguay había sido suspendido, no expulsado del Mercosur. El sustento legal del ingreso de Venezuela al bloque es, cuanto menos, cuestionable. Cabe observar además que el Congreso paraguayo se había opuesto previamente al ingreso de Venezuela al bloque, y también las centrales empresarias venezolanas. Estas últimas manifestaron su preocupación por las limitaciones para competir con las importaciones de manufacturas de origen agrícola e industrial de Brasil, y por el hecho de no haber participado en el proceso de negociaciones.

En el escenario actual, sin consenso ni presencia de todos los Estados Partes en ningún acuerdo ni reunión de alto nivel, la presidencia del Mercosur a cargo de Venezuela sería meramente testimonial. Bajo estas condiciones, los eventuales avances en acuerdos con la Unión Europea u otros bloques no avanzarán a mucho más que eventuales cartas de intención u otras expresiones de buena voluntad. Lo más probable es que este anómalo statu-quo se mantenga hasta enero de 2017, cuando asuma la Argentina la presidencia pro tempore del bloque.

Mientras tanto, cualquier llamado de Venezuela a reuniones sobre cuestiones de interés para el bloque enfrentará la ausencia invariable de representantes de Paraguay y de Brasil, de modo que sin aceptación unánime de un nuevo presidente pro tempore, el bloque está acéfalo. Por consiguiente, el proceso de toma de decisiones relevantes en el Mercosur entra en punto muerto al menos hasta fin de año. Bajo estas condiciones es imposible pensar siquiera en algún avance relevante en la búsqueda de acuerdos con la Unión Europea, la Alianza del Pacífico u otros bloques del mundo.

Para el mediano plazo, quedará entonces la necesidad de evaluar seriamente si tuvo o tiene sentido que Venezuela forme parte del Mercosur. No puede ignorarse, y es un hecho histórico objetivo, que su ingreso al bloque fue en cierta forma “por la ventana” y no por la puerta grande. A esto se suma, obviamente, la actual coyuntura económica y política de ese país, cada vez más distanciada del rumbo elegido por la mayoría de los demás países de la región.

En definitiva, tarde o temprano, deberá iniciarse un abierto y honesto debate sobre qué sentido tiene para Mercosur la membrecía de Venezuela y, recíprocamente, para qué le puede ser útil a Venezuela formar parte del Mercosur.

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas. USAL

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