¿Fin de las "billable hours"?

Golpe al corazón del negocio de McKinsey

La revolución de la inteligencia artificial está cambiando algo mucho más profundo que el empleo: también está destruyendo uno de los modelos de negocios más rentables del capitalismo moderno

La IA está haciendo algo impensado: las empresas ya no quieren pagarle a McKinsey por "trabajar"
La IA está haciendo algo impensado: las empresas ya no quieren pagarle a McKinsey por "trabajar" EE
25 mayo de 2026

Durante décadas, gigantes como McKinsey & Company construyeron imperios cobrando por horas de consultoría. Equipos enormes, reuniones eternas, PowerPoints sofisticados y facturación basada en tiempo invertido. Pero eso está empezando a romperse. Y la culpa la tiene la inteligencia artificial.

Según un análisis publicado por Financial Times, cada vez más clientes están presionando a McKinsey y otras consultoras para dejar atrás el clásico esquema de "billable hours" y pasar a un modelo mucho más agresivo: pagar solamente por resultados concretos.

En otras palabras: si la consultora no genera ahorro, ganancias o mejoras reales, no cobra igual.



La transformación es profunda porque golpea el núcleo financiero de firmas que históricamente vivieron de vender tiempo, expertise y estructuras gigantescas. Ahora, con la IA automatizando análisis, diagnósticos y procesamiento de datos, muchas empresas empezaron a preguntarse algo incómodo: ¿por qué deberían seguir pagando millones por tareas que un algoritmo puede resolver en segundos?

La IA está destruyendo el valor percibido del trabajo intelectual

El problema para las consultoras no es solamente tecnológico. También es psicológico.

La expansión de herramientas de IA generativa está erosionando el "misterio" alrededor del trabajo intelectual premium. Lo que antes parecía complejo, exclusivo y reservado para ejércitos de consultores hoy puede resolverse con software mucho más barato.



Por eso los clientes empezaron a exigir modelos de pricing más parecidos a los de las startups de IA que a los de las firmas tradicionales de consultoría.

El Financial Times menciona ejemplos cada vez más comunes:

  • Empresas de IA que cobran por tarea resuelta
  • Plataformas que facturan por validación realizada
  • Software que cobra según cantidad de acciones ejecutadas
  • Sistemas basados en créditos consumidos

El mensaje del mercado es claro: ya no importa cuánto tiempo trabajaste. Importa qué resultado entregaste.



Y eso cambia todo.

McKinsey ya empezó a cambiar cómo paga a sus socios

La presión es tan fuerte que McKinsey ya comenzó a modificar internamente su estructura financiera.

Según el FT, la firma está desplazando una mayor parte de la compensación de sus socios hacia equity y reteniendo más caja. La razón es simple: cuando los ingresos dependen de resultados y no de horas facturadas, el negocio se vuelve menos predecible.



Es un giro histórico para una de las consultoras más poderosas y elitistas del planeta.

El problema que nadie puede resolver: ¿y si el cliente fracasa por culpa de otro?

El nuevo modelo, sin embargo, tiene un enorme problema.

Muchas veces los resultados no dependen solamente de la consultora. Guerras, aranceles, crisis macroeconómicas, malas decisiones internas o gerentes ineficientes pueden destruir cualquier plan estratégico.



Entonces aparece la gran pregunta: ¿cómo medir exactamente el impacto real de una consultora en un mundo cada vez más caótico?

El FT plantea incluso que una solución posible sería alinear los incentivos de los consultores con los bonos de los propios ejecutivos clientes.

La inteligencia artificial no solo reemplaza trabajos: también destruye modelos de negocio

El debate suele enfocarse en qué empleos desaparecerán por culpa de la IA. Pero el verdadero terremoto quizás esté ocurriendo en otro lado: en los modelos de facturación.



La inteligencia artificial no solo automatiza tareas. También obliga a replantear cuánto vale realmente el trabajo humano cuando una máquina puede hacerlo más rápido, más barato y, muchas veces, mejor.

Y si hasta McKinsey está teniendo que reinventar cómo cobra, probablemente nadie esté realmente a salvo.

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