Tras el inicio de la guerra en Medio Oriente, los países se enfrentan a una nueva crisis económica y comercial como consecuencia directa del cierre del estrecho de Ormuz, región por donde, en épocas normales, pasa hasta el 20% del petróleo y gas natural licuado que se consume a nivel mundial.
Sin embargo, la realidad es que, desde hace ya mucho tiempo, los países se enfrentan a diferentes shocks a nivel internacional que, años tras años, afectan tanto a la economía mundial como a cada país en particular.
Así, tras lo sucedido con la pandemia del Coronavirus, la guerra en Ucrania y ahora con el conflicto en Medio Oriente, la idea de que la globalización y el libre comercio traería prosperidad ilimitada comienza a ser puesta en duda y, en su lugar, la mayoría de los países empiezan a apostar por la regionalización del comercio, la implementación de restricciones comerciales e incluso la producción nacional pese a que esto incremente los niveles de ineficiencia.
Pero, mientras el mundo va en una dirección, Argentina -como de costumbre-, va en otra: no solo sostiene que el camino es apostar por el libre comercio, sino que, además, lejos de diversificar sus socios comerciales, está incrementando sus vínculos con Estados Unidos.
Por ello, ante este complejo panorama, e intentando encontrar respuestas, El Economista dialogó en exclusiva con Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales, investigadora del CONICET y especialista en economía y comercio internacional.
-¿Cómo es el panorama actual internacional comercialmente hablando? El doble bloqueo del estrecho de Ormuz parece profundizar la crisis que el mundo viene viviendo desde hace ya varios años.
Desde hace casi una década, se observa un muy bajo crecimiento del comercio mundial, recurrentemente afectado por episodios externos a la economía, que vienen desde la dimensión geopolítica y sanitaria, como la pandemia en 2020 o la guerra en Ucrania en 2022. Sucesivamente, se van superponiendo capas tras capas de este tipo de episodios o fenómenos que frenan la evolución del comercio y de la economía internacional en términos generales.
Pero, en ese escenario, se debe destacar un dato importante: con cada episodio los organismos internacionales anuncian contracciones más grandes de las que se dan. Entonces, el comercio y la economía internacional crecen poco, pero crecen un poco más de lo que los organismos técnicos auguran en cada crisis.
En este sentido, hay que destacar que estamos en un escenario internacional de elevado nivel de incertidumbre y de recurrentes anuncios de medidas distorsivas sobre los grupos de comercio, inversión y la evolución del comercio internacional, pero de un reposicionamiento del músculo empresarial en las cadenas de valor para surfear este momento de grandes rupturas.
La actual economía internacional, a pesar de las recurrentes crisis, ha expresado una capacidad de resiliencia mayor que la de los organismos internacionales y sus principales consultoras auguraban. Pero, metiéndonos de llenos en lo que está ocurriendo en Medio Oriente, el comercio internacional tiene importantes impactos en los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, y esto empieza a expandirse hacia el resto de la economía a través de un efecto de precios.
Esto genera una suba de la inflación que presiona más en las economías vulnerables, en las economías más pequeñas o financieramente vulnerables. Por ese motivo, vamos a un escenario internacional de crecientes presiones, menor crecimiento, mayor conflictividad.
Al respecto, el escenario del estrecho de Ormuz es el más crítico del panorama internacional, ya que es el proceso que más frena las proyecciones del crecimiento de la economía internacional.
Pero, así y todo, los "tecnoptimistas" resaltan como un factor dinamizador el desarrollo del comercio asociado a la inteligencia artificial, la construcción de infraestructura para el desarrollo de la economía basada en la digitalización, lo que impulsó el crecimiento del comercio en 2025. Por lo tanto, existe un efecto geopolítico que frena el crecimiento del comercio y un efecto tecnológico que lo empuja, además de las empresas que parecen ser bastante resilientes en reconfigurar sus cadenas de valor. Pero el gran interrogante es cuánto de ese impulso tecnológico realmente se va a sostener en el tiempo.

-¿La actual crisis en Medio Oriente confirma que la era de la globalización y el libre comercio está realmente llegando a su fin?
La economía internacional sostiene altos niveles de interdependencia económica. No es de integración "global". La globalización surgió durante el contexto del final la Guerra Fría y en el momento actual se sostienen los niveles de interdependencia en relación a cuánto exportamos e importamos los países entre sí. Sin embargo, se reconfigura en términos de reglas y de socios.
La globalización se construyó con una meta, que es eficiencia económica transversal en todos los sectores y un supuesto de separación entre la geopolítica y el uso instrumental del comercio desvinculado de la economía. Pero esas son las cosas que se están corrigiendo.
Hoy no hay libre comercio, sino que el comercio es frecuentemente administrado. Un 20% del comercio internacional ya tiene barreras notificadas ante la OMC. En realidad, el nivel de comercio con barreras es mayor, pero, como mínimo, sabemos que es del 20%, ya que está dentro de las excepciones a las reglas del comercio actuales, a lo que ahora se suma que hay un creciente uso coercitivo de los flujos de comercio.
Esta tendencia se concentra en algunos sectores y rompe un supuesto muy propio del pensamiento económico neoliberal: que la especialización en cualquier sector productivo ꟷespecialización por ventajas comparativas ꟷ era lo mismo. Ahora queda en claro que no todos los sectores productivos valen lo mismo, sino que todas estas medidas restrictivas y la administración de comercio se centran en sectores.
Esto produce dos capas de funcionamiento de la economía. Una capa de funcionamiento de la economía internacional sigue siendo profundamente global y mayormente orientada por reglas y guiada por la eficiencia económica. La segunda capa es la de la globalización centrada en los sectores estratégicos, que tiende a tener mucha más disrupción o mucha más intervención del Estado. Tiene más barreras al comercio y expresa una reconfiguración de los socios, buscando una producción doméstica de los bienes estratégicos, aunque sea a un mayor costo, o, en otro caso, con socios más cercanos y confiables, aunque eso también implique un mayor costo económicos.
Por lo tanto, la globalización no se desarma, sino que se reconfigura en dos lenguajes. Por eso, está surgiendo una serie de temas que todavía no tienen reglas ni prácticas de conducta claras. La globalización está en ese proceso de ajuste.
-¿Es este contexto el que ha permitido que, finalmente, se firme el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur? ¿Qué ventajas tiene el pacto?
El acuerdo con la Comisión Europea no habría sido posible sin este contexto disruptivo que estamos analizando, ya que este contexto disparó cambios en las preferencias fundamentalmente europeas que permitieron sortear los obstáculos que había tenido la negociación del acuerdo.
El pacto da herramientas para lidiar con la acción política, pero de alguna manera también consolidó una estructura de poder, ya que generó algunas restricciones por las que la Unión Europea logró tener más músculos que el Mercosur en términos industriales y regulatorios. También generó algunas asimetrías en la capacidad de conseguir que la contraparte cumpliera con el acuerdo.
En abril, la Unión Europea comenzó a discutir una nueva definición de política de competencia que favorecería la creación de grandes jugadores europeos, grandes bloques de empresas europeas. Por eso, me pregunto cómo esto tensiona las regulaciones de política de competencia que ya tiene el acuerdo entre la UE y el Mercosur.
Porque qué pasa si la Unión Europea no cumple el acuerdo. ¿Qué capacidad tiene el Mercosur de presionar sobre el incumplimiento europeo? Europa tiene mucha capacidad para presionar sobre el incumplimiento del Mercosur. Pero me pregunto cuántas de estas reglas que se negociaron a la luz del proceso de globalización son chalecos de fuerza en el contexto de la globalización 2.0 y qué margen habrá para ajustar esas reglas.

-Más allá de las cuestiones legales, ¿la ventaja del Mercosur podría residir en que es un proveedor de alimentos y energía?
Europa está implementando una estrategia de diversificar sus fuentes de suministros de manera que ningún socio comercial tenga el poder que Rusia tuvo en 2022 de cortarle el suministro energético.
En 2025 la UE desplegó una estrategia de negociaciones comerciales internacionales con todos los socios que tenían acuerdos pendientes. En ese contexto, se destaca un acuerdo que parecía imposible con la India. La Unión Europea construye una red de socios que le permitan diversificar vínculos y, con todos, obtener mecanismos de diálogo, reglas y presión. Así reduce su vulnerabilidad externa.
Pero también es cierto que el rol que la Unión Europea le asigna a los países del Mercosur es el de proveedores de alimentos, fundamentalmente de minerales críticos, alimentos e hidrocarburos, lo cual nos da alguna base para presionar.
-Aunque Argentina no se ve directamente afectada por la situación en Medio Oriente, se observa un claro alineamiento con Washington que, a grandes rasgos, parece encontrar una justificación ideológica pero no mucho más. ¿Qué tan beneficioso es este acercamiento en términos comerciales?
El argumento del gobierno para justificar su alianza con Estados Unidos se explica principalmente desde la preferencia ideológica, secundada por un interés que interpreta a la dimensión financiera como una base fundamental para la construcción del país.
Por lo tanto, esta alianza con Washington se piensa como una posibilidad de hacer una apuesta en la dimensión financiera a costa de la dimensión productiva y comercial. Es una lectura ingenua en términos de las percepciones de riesgo.
En mis análisis, encuentro que el alineamiento geopolítico sin diversificación productiva no genera una resiliencia ni capacidad de sortear shocks. En realidad, refuerza, en última instancia, las situaciones de renuncia a autonomía. El alineamiento geopolítico no les deja a los países márgenes de decisión propia cuando atraviesan shocks, sino que quedan subordinados a las decisiones y preferencias de esa potencia con la cual se alinean.
Y lo interesante es que, si uno mira los flujos comerciales de Argentina en este período, nuestro país fue uno de los que más creció en términos relativos comerciales con China. A pesar de esa intención del gobierno de alinearse ideológicamente con Estados Unidos, la dimensión comercial y lo que hacen las empresas es mirar hacia el Pacífico, que constituye "la fábrica de fábricas".
Si hubiese una estrategia de gobierno que acompañe esa intención empresarial, se podría tener una capitalización mayor de oportunidades. Por lo tanto, en términos comerciales, hoy Argentina no está pagando costos por el alineamiento con Estados Unidos en materia ideológica, pero sí esa negación de la realidad, de observar hacia dónde va el mundo, está limitando las oportunidades que presenta el escenario internacional. La relación con Washington no permite capitalizar oportunidades, a lo que se suma que Argentina elige no confrontar con EE.UU. cuando hay intereses comerciales en tensión. Los temas que Washington no quiere Argentina no los confronta, aunque sean intereses a largo plazo para nuestro país.