Impacto

Trump, el hombre arancel: ¿Su estrategia sigue siendo creíble?

Esta semana, el magnate anunció un arancel del 25% para los automóviles y camiones ligeros importados. Sin embargo, sus constantes idas y vueltas a la hora de confirmar este tipo de medidas ya ponen en duda la credibilidad de las mismas.
28-03-2025
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sacudido al mundo otra vez: esta semana, confirmó que, a partir de abril, entrará en vigor un arancel del 25% para los automóviles y camiones ligeros importados.

En los últimos años, el tipo arancelario básico de los Estados Unidos para las importaciones de automóviles fue del 2,5%. Sin embargo, Trump impondrá un arancel del 25%, además de los aranceles anteriores, a las importaciones de vehículos terminados a partir de las 12:01 a.m. EDT (04:01 GMT) del 3 de abril. 

Cabe recordar que la mitad de los autos vendidos en Estados Unidos el año pasado fueron importados. Por ejemplo, General Motors importa el 46% de sus ventas de automóviles, y Ford el 21%. 

En este sentido, tanto GM como Ford obtienen muchas partes por fuera de los EE. UU., con una proporción significativa proveniente de México. Por lo tanto, estas empresas pueden estar bajo presión hasta que surja más claridad con respecto a los vehículos terminados y las autopartes el 2 de abril.

En cuanto a Tesla, de Elon Musk, se vería menos afectado, ya que toda su producción y montaje se realiza en el país. 

Una de las grandes novedades es que los aranceles se aplicarán a los automóviles y camiones construidos en países que tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, como Canadá, México y Corea del Sur. Sin embargo, actores como Japón, Alemania, Italia y el Reino Unido se verán igual o más afectados. 

En 2024, Estados Unidos importó productos automotrices por valor de US$ 474.000 millones, incluidos automóviles de pasajeros por un valor de US$ 220.000 millones. México, Japón, Corea del Sur, Canadá y Alemania fueron los proveedores más grandes.

¿Cómo justifica Trump los nuevos aranceles? 

Más allá de su objetivo de proteger y/o reactivar las industrias estadounidenses, los aranceles del magnate se basan en una investigación de seguridad nacional de 2019 sobre las importaciones de automóviles.

Bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, durante su primer mandato, en 2018, Trump utilizó esta legislación comercial de la era de la Guerra Fría para imponer aranceles del 25% a las importaciones de acero y aluminio.

En este sentido, el Departamento de Comercio descubrió que la creciente participación en el mercado de los automóviles importados estaba afectando negativamente la seguridad nacional de EE.UU. al erosionar la base industrial del país y la capacidad de los fabricantes de automóviles nacionales para desarrollar tecnologías avanzadas para uso militar.

Una vieja costumbre 

Al igual que durante su primer mandato, Trump parece estar recurriendo a la estrategia del "garrote" para presionar a otros países y así obtener importantes concesiones. Dicha estrategia pudo observarse cuando lanzó una guerra comercial contra China al imponerle impuestos a la mayoría de sus productos. 

Por su parte, Pekín respondió con sus propios aranceles de represalia a los productos estadounidenses, que van desde frutas hasta automóviles. 

En este momento, Trump también aprovechó la amenaza de más aranceles para obligar a Canadá y México a renegociar el acuerdo de libre comercio de América del Norte.

Sin embargo, el segundo mandato del líder republicano parece ser mucho más radical que el primero, probablemente porque el propio Trump sabe que ya no podrá ir en busca de su reelección. 

Tanto es así que, en apenas dos meses de gobierno, el mandatario ha amenazado en varias oportunidades a países como China, México y Canadá. 

El 1 de febrero, firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles del 25% a las importaciones de México y Canadá, y del 10% a China, con el argumento de que el objetivo era frenar la inmigración ilegal y el tráfico de drogas. 

No obstante, rápidamente acordó una pausa de 30 días contra México y Canadá, ya que ambos socios comerciales se comprometieron a tomar medidas para apaciguar las preocupaciones de Trump. 

Por su parte, los aranceles contra China se mantuvieron firmes, lo que obligó al Gigante Asiático a contraatacar anunciando una serie de contramedidas, incluidos nuevos aranceles radicales sobre una variedad de productos estadounidenses y una investigación antimonopolio sobre Google.

Pero el furor arancelario no terminó allí, ya que el 4 de marzo los aranceles del 25% a las importaciones de Canadá y México entraron en vigor, aunque se limitó el gravamen al 10% a la energía canadiense. 

Además, decidió duplicar el arancel sobre todas las importaciones chinas al 20%. Pekín, por su parte, impuso aranceles de hasta el 15% a una diversa gama de exportaciones agrícolas de Estados Unidos. También amplió el número de empresas estadounidenses sujetas a controles de exportación y otras restricciones.

Lo llamativo fue que, apenas dos días después, Trump nuevamente pospuso los aranceles del 25% sobre muchas importaciones de México y algunas importaciones de Canadá durante un mes. Según el propio mandatario, esto se debió a que tanto México como Canadá habían logrado dar nuevas muestras de avances en la seguridad fronteriza y el contrabando de drogas.

Por su parte, la Unión Europea no pudo salirse con la suya, diría Trump: EE.UU. aumentó los aranceles a todas las importaciones de acero y aluminio al 25%, eliminando las exenciones de 2018 sobre los metales.

A su vez, ya ha advertido que, si la Unión Europea sigue adelante con un arancel del 50% sobre el whisky estadounidense (medida que Bruselas implementará a partir del 1 de abril en respuesta a los aranceles de Trump al aluminio), EE.UU. le impondrá un arancel del 200% sobre el vino, el champán y las bebidas espirituosas europeas.

Así, queda en evidencia cómo la nueva estrategia de Trump es utilizar los aranceles como método de presión. También es igual de cierto que, si constantemente da marcha atrás, poco a poco los países afectados comenzarán a perderles miedo a dichas amenazas. 

Mientras tanto, lo que resulta seguro es que la propia economía estadounidense sufrirá esta nueva estrategia: la Fed ahora proyecta que el PIB del país crecerá este año 1,7% desde el 2,1% estimado en diciembre.  Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar