Trump y la derrota frente a la "tabla periódica"
En la secundaria todos la tuvimos alguna vez en frente nuestro. La famosa tabla periódica de los elementos que debíamos aprender para aprobar química. Muchos, me incluyo, le teníamos terror -en especial- a los famosos elementos raros (o tierras raras) que estaban al final de la tabla. Ese grupo de 17 metales de difícil pronunciación que incluyen el escandio e itrio, además de los lantánidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, para nombrar algunos). La pregunta del millón que todos nos hacíamos, ¿y esto para qué sirve?
En los días posteriores al 2 de abril cuando Trump lanzó los aranceles recíprocos del Liberation Day, China retalió y Trump decidió subir la apuesta hasta poner aranceles del 140%. La guerra comercial entre las dos principales economías del mundo escaló a niveles impensados e inéditos.
Para el imaginario de Trump, EE.UU. acarreaba los menores costos y tenía la fortaleza negociadora, pero esa percepción se topó de lleno con la realidad, o sea con la tabla periódica. Muchos en la Casa Blanca le dijeron: Mr. President, we have a problem.
Las famosas tierras raras son cada vez más importantes para para la economía global. Se utilizan en industrias estratégicas y críticas, como la defensa/aeroespacial, electrónica, telecomunicaciones, materiales avanzados y vehículos electrónicos. Toda la Industria 4.0 depende de ellas.
El gran problema para EE.UU. y para muchas empresas multinacionales (estadounidenses y de otros países) es que China tiene el control absoluto del mercado. Si bien lidera la producción (la minería) con un 70% y posee el 40% de las reservas descubiertas al día de hoy, el gigante asiático tiene el monopolio de la cadena de valor en el denominado Midstream (procesamiento y refinamiento).
De las 75 empresas que revela la Consultora WireScreen que operan en el segmento del procesamiento todas son firmas radicadas en chinas. En el refinamiento, el control llega al 90%.
Por ejemplo, en el neodimio utilizado principalmente para fabricar los imanes más potentes disponibles comercialmente, de las 35 empresas, 31 son chinas (las otras 4 japonesas). Estos imanes están presentes en motores de vehículos eléctricos (EVs), turbinas eólicas, discos duros, equipos médicos (como resonancias magnéticas) y principalmente, en sistemas de guía de misiles, sistemas de radar y drones, o sea en los fierros militares.
La respuesta de Beijing a la guerra comercial propuesta por Trump fue contundente: prohibición de exportaciones de las tierras raras ya procesadas y refinadas. Cuando empresas americanas como Apple, ADM, Dell, Nvidia, GE Gas Power, Stanford Magnets, GE Healthcare iban al mercado para buscar esos elementos ya no estaban disponibles, no encontraban otro proveedor que no sea chino.
Para muchas firmas los stocks se estaban acabando con el riesgo de paralizar la producción o reducirla al mínimo. Más preocupante fueron las alarmas que sonaron desde el Pentágono y del complejo militar industrial (Boeing, Lockheed Martin, GE Aerospace, entre otras) en relación a la afectación de lleno para producir armas y equipos claves para la defensa del Tio Sam. En un increíble crossover, la amenaza a la seguridad nacional que Trump alega como justificativo de su política comercial se palpaba, pero como consecuencias directa de sus propias acciones
China decidió avanzar en un juego en el que Washington viene jugando fuerte desde hace un lustro como es utilizar la interdependencia económica como arma (la teoría lo denominó como weaponized interdependence), esto es atacar las vulnerabilidades de los puntos de estrangulamiento de las cadenas de suministros.
Por ejemplo, China necesita tecnología para avanzar en producir autónomamente de semiconductores de vanguardia (como las maquinas de litografía de la firma ASLM) y EE.UU. bloquea sistemáticamente esa posibilidad. Lo mismo con la prohibición de que chips de Nvidia sean importados desde China, necesarios para el desarrollo del ecosistema de inteligencia artificial. Con las tierras raras Xi Jinping pagó con la misma moneda, asumiendo los costos mutuos (e internos) de esa decisión.
Trump, el master de los deals, estaba en gran aprieto. Las tierras raras mostraron que el más urgido por lograr un acuerdo era EE.UU. La mesa negociadora en Suiza creada en mayo donde se anunció una tregua de aranceles fue impulsada desde Washington. La dura negociación que se dio por un mes y culminó en Londres en estos días no estaba concentrada en los aranceles, como muchos pensaban, sino en el instrumento clave como el del control y prohibición de exportaciones.
Trump anunció con bombos y platillos por redes sociales el acuerdo con China como una contundente victoria, catalogado como win-win. El resultado fue la reducción de aranceles y la eliminación de cualquier control sobre las tierras raras.
El "gran" triunfo de Trump fue obtener las mismas condiciones que EE.UU. tenía antes del anuncio de aranceles recíprocos. Ahora bien, ¿en qué cedió EE.UU.?. La parte que no comunicó la Casa Blanca es el compromiso a desandar lentamente las diferentes capas de medidas (muchas impuestas por Biden) relativas al control de exportaciones de bienes e insumos tecnologícos que EE.UU. aplica a China, consideras como una amenaza directa al derecho al desarrollo según el PCCh.
El acuerdo de Londres no dejó a ninguna superpotencia KO, pero en el resultado de las tarjetas, el ganador fue China.
Todos los analistas esperaban una rápida resolución de las negociaciones comerciales con sus principales socios/aliados y una lenta y larga disputa comercial y política con China. La realidad mostró lo contrario. El acuerdo con China es el segundo en anunciarse después del Reino Unido.
El columnista de Financial Times Robert Armstrong acuño un termino que se popularizó por los mercados internacionales. El TACO Trade (Trump Always Chickens Out) podría traducirse como "Trump siempre se acobarda", dado que por los elevados costos no puede sostener sus extremas amenazas de política comercial. La responsable de que hoy los mercados respiren con un acuerdo entre EE.UU. y China tiene nombre y apellido: la Tabla Periódica
- Esteban Actis, Doctor en Relaciones Internacionales, Profesor de la Fcpolit/UNR. Asociado de la Consultora Insight-LAC