Análisis

La doctrina Trump y un gran desafío: ¿Cómo contener a China?

Como la mayoría de los presidentes de Estados Unidos, Trump no le escapa a la responsabilidad de su país en el escenario internacional. Sin embargo, su estrategia, la cual otros mandatarios ya implementaron en el pasado, podría no ser del todo útil en el actual siglo XXI.
Trump le susurra algo a Putin mientras Xi Jinping mira con desconfianza y Merz y Macron con temor Imagen generada con ChatGPT
Damián Cichero 23-05-2025
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Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha pasado a ser uno de los grandes (por no decir el más importantes) actores internacionales. 

Por ello, los sucesos históricos fundamentales siempre incluyen a Washington y, como no podía ser de otra manera, a sus presidentes. 

Por ejemplo, este mismo 22 de mayo se cumplió un nuevo aniversario del día en el que la "Doctrina Truman" entró oficialmente en rigor. 

En realidad, en la antesala del inicio de la Guerra Fría, el presidente Henry Truman había plasmado su estrategia para contener a la Unión Soviética.

El 12 de marzo de 1947, afirmó que EE.UU. le daría "apoyo a los pueblos libres que están resistiendo los intentos de subyugación por minorías armadas o por presiones exteriores".

El mandatario apuntaba de lleno contra Moscú, que, poco a poco, avanzaba sobre Europa oriental para imponer su ideología comunista, algo que EE.UU. no estaba dispuesto a permitir en Occidente. 

Así fue como el Congreso aprobó en mayo la legislación para brindar asistencia a Grecia y Turquía; mientras que el propio Truman firmó el proyecto de ley el 22 de mayo de ese mismo año. 

Según el presidente, la promulgación de su proyecto "sirvió para advertir que no se permitiría que la marcha de los comunistas tuviera éxito por defecto". 

En ese momento, el Plan Marshal y la OTAN fueron algunos de los resultados de la doctrina que Truman impulsó para "salvar" a Europa. Sin embargo, casi 80 años después, Estados Unidos parece estar tomando un camino bastante diferente.

La visión de Trump

Ya en aquel momento, muchos expertos advertían que definir una estrategia sobre la base de ciertas ideas (defender el liberalismo económico y político en todo el mundo) era peligroso, puesto que obligaba a Estados Unidos a intervenir en todos lados, sobreexpandiéndose más allá de sus capacidades. 

Esto último quedó visiblemente en evidencia, unos años después, cuando el presidente Lyndon Johnson decidió que Estados Unidos ingresara en la Guerra de Vietnam.

Pero, dando un importante salto temporal, hoy en día, Trump estaría tomando un camino bastante distinto. 

En realidad, el líder republicano parece haber comprendido que ahora sí las capacidades de su país para ser la "policía mundial" están realmente limitadas. 

Sin dudas, intervenciones muy pocas estratégicas, como la de Irak y Afganistán, le han demostrado a Washington los costos de intentar influir en todo el mundo. Y ni que hablar durante el gobierno de George W. Bush que, para financiar dichas invasiones, se comenzó con la mala práctica de aumentar el gasto público, el cual hoy en día se encuentra en niveles insostenibles. 

El trágico retiro de Estados Unidos de Afganistán en 2021, casi de manera instantánea, significó el regreso de los talibanes al poder (Washington gastó más de US$ 2 billones allí) y, al igual que en Vietnam, el fracaso de la política norteamericana. 

Pero Trump (que acordó el retiró de Afganistán durante su primer mandato) ahora ha vuelto al poder decidido a tomar decisiones que le permitan a su país mantenerse como una potencia mundial.

 

La Doctrina Nixon

Gracias a la caída de la Unión Soviética, y el triunfo del liberalismo sobre el comunismo, EE.UU. finalmente logró quedarse sin un enemigo a escala mundial. Así, la Doctrina Truman llegó a su fin. 

Es por ello que Trump, creyendo que su país ya no tiene ninguna obligación a escala global, ha iniciado un repliegue estratégico. 

Sin dudas, el mayor exponente de esto es su decisión de dejar de apoyar a Ucrania contra Rusia, lo que represente un giro de 180° respecto a la gestión de Joe Biden. 

Trump, consciente de que fue la propia expansión de la OTAN la que desafío a Moscú (pensemos durante un minuto cómo actuaría EE.UU. si una alianza militar china o rusa llegara a México o Canadá), ahora parece optar por que Rusia tenga su propia esfera de influencia. 

Para Trump, su país ya no tiene intereses estratégicos relevantes en Europa, y prueba de ello son sus constantes amenazas de abandonar la OTAN excepto que el resto de los miembros incremente notablemente su gasto en defensa (el mandatario aquí tiene un punto: nadie puede dudar de que, gracias a contar con la defensa de EE.UU., Europa haya podido dejar de invertir en armamento y destinar ese dinero al gasto social).

Es difícil creer que Trump abandone la alianza, ya que esa es la principal puerta de su país a Europa. Sin embargo, Pete Hegseth, secretario de Defensa de EE.UU., ya anticipó que "las crudas realidades estratégicas impiden que EE.UU. se centre principalmente en la seguridad de Europa". 

En realidad, la estrategia de Trump parece mucho más similar a lo que ahora se conoce como Doctrina Nixon: a fines de la década de los 60, Richard Nixon había llegado al poder con la promesa de sacar a su país de la Guerra en Vietnam.

Al igual que sucede ahora, la derrota en Vietnam le había hecho comprender que EE.UU. se había sobreextendido en sus obligaciones, por lo que ya era hora de hacer importantes recortes. 

Fue por ello que, en una conferencia de prensa en Guam en 1969, Nixon declaró que esperaba que, desde ese momento en adelante, sus aliados se hicieran cargo de su propia defensa.

Nixon, primer presidente estadounidense en hablar sin tapujos de equilibrio de poder, consideraba -a mi entender correctamente- que los momentos más pacíficos en la historia de la humanidad fueron cuando las grandes potencias estaban conformes con la distribución de poder. 

Por ello, él esperaba que actores como Alemania, Japón, China y la propia URSS tuvieran sus propias esferas de influencia y se encargaran de mantener el orden en ellas. 

"Estados Unidos ayudaría en la defensa y los desarrollos de aliados y amigos", pero no "asumiría toda la defensa de las naciones libres del mundo", confirmaba el mandatario en ese momento.

¿La doctrina Trump?

Como consecuencia de su alta volatilidad, es difícil definir si existe o no una doctrina para Trump a la hora de implementar una política exterior. No obstante, hay algo que sí está confirmado: contener a China es el máximo objetivo de su país, algo que también los demócratas creen. 

Como se mencionó anteriormente, el poderío estadounidense está en declive y, poco a poco, comenzamos a vivir en un mundo multipolar en donde varias potencias tendrán el poder de imponer condiciones.

Pero justamente eso es lo importante por resaltar: Estados Unidos, aunque ya no es un hegemón, seguirá siendo una potencia, pero con menos capacidades que antes.

El "recorte" de Trump en Ucrania, algo que también busca hacer en Medio Oriente (la influencia israelí no le está poniendo las cosas fáciles), tiene como objetivo tener más recursos para contener a Pekín. Y, aunque todavía no está del todo claro cómo se hará esto, Trump parece interesado en una famosa estrategia del propio Nixon. 

Fue en 1972 cuando este último se convirtió en el primer presidente en la historia de EE.UU. en visitar China. Pero, más allá del acto protocolar, su objetivo era abrir la mesa de juego: consciente de las crecientes tensiones entre la URSS y China, Nixon creía que un acercamiento a Pekín provocaría que Moscú tuviese que oponerse a dos frentes en simultáneo, algo que sus capacidades no le permitirían. 

Mao y Nixon durante la visita del presidente norteamericano en 1972 

 

Y su predicción fue más que correcta ya que, una vez que EE.UU. entabló relaciones formales con la China comunista de Mao, la URSS se vio obligada a ceder y sentarse a negociar con EE.UU. para rebajar las tensiones.

Hoy en día, más de cinco décadas después, Trump parece querer implementar esta misma estrategia a la inversa: mejorar los vínculos con Rusia para romper la alianza sino-rusa. 

Sin dudas, la visión parece acertada, aunque Trump se enfrenta a un importante problema: mientras que la URSS y China prácticamente se odiaban en el siglo XX, ahora tienen una economía complementaria que los hace altamente interdependientes.

Es cierto que algunas disputas territoriales entre ambos siempre generan tensiones. De todas formas, el problema mayor para EE.UU. es que Rusia difícilmente vuelva a confiar en él: además de no cumplir con su promesa de no expandir la OTAN, la creciente volatibilidad en los gobiernos que ocupan la Casa Blanca le hace ver a Moscú que lo que se acuerda hoy se puede romper en apenas cuatro años.  Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar