Insight LAC: la incertidumbre y las tensiones geopolíticas llegaron para quedarse
Primero la pandemia del Coronavirus, luego la guerra en Ucrania y ahora la vuelta de Donald Trump al poder en Estados Unidos. Estos son apenas tres sucesos de todos los que han ocurrido en los últimos cinco años y, de alguna manera, están cambiando el orden internacional.
Sin dudas, el Coronavirus dejó en evidencia que, en momentos de crisis, el mundo se convierte en un "sálvese quien pueda", con la OMS haciendo agua por todos lados, mientras la mayoría de los países competían entre sí para acceder a vacunas.
Pero la pandemia no solo mostró la falta de "empatía internacional": las cuarentenas le dieron un golpe demoledor a la economía mundial y, cuando empezaron a revertirse, provocaron importantes cuellos de botella en todo el mundo.
Para fines de 2021, parecía que la situación comenzaba a estabilizarse, pero no: en febrero de 2022, Rusia decidió invadir Ucrania, poniendo patas para arriba los mercados del petróleo, el gas y los alimentos. Alemania, país extremadamente dependiente de los hidrocarburos rusos, fue quien más sufrió las consecuencias (la locomotora del Viejo Continente ya lleva dos años seguidos en recesión).
Como si esto ya no fuera suficiente, aún faltaba la frutilla del postre: en enero de este año, Trump volvió a la Casa Blanca y, a diferencia de su primer mandato, llegó con la certeza de que no podrá ser reelecto dentro de cuatro años, ya que la Constitución de Estados Unidos solo permite dos mandatos.
Así, el líder republicano, mucho más radical que el Trump 1.0, sabe que no deberá rendir cuentas, lo que le permite tomar decisiones mucho más polémicas, como lo fue su anuncio del 2 de abril, cuando informó sobre aranceles para más de 100 países.
Y quizás lo más importante a destacar es que, más allá de estos tres sucesos, la conflictividad en el Sistema Internacional llegó para quedarse: mientras el enfrentamiento en Medio Oriente sigue en ascenso, India y Pakistán, China y Taiwán, y las dos Coreas son otros focos de posibles tensiones a muy corto plazo.
Así, la anarquía del Sistema Internacional parece recordarle a la mayoría de los líderes del mundo que la época unipolar, liderada por Estados Unidos, fue tan solo un espejismo que, durante un tiempo, eliminó el conflicto (sin dudas, la sobreexpansión norteamericana le quitó poder a Washington, mientras que países como China y Rusia hicieron lo suyo para equilibrar el tablero). Pero, en un momento de total incertidumbre, la única conclusión es que la economía mundial es quien paga los platos rotos.
Es en este contexto que el pasado 30 de junio, El Economista participó de la segunda mesa de conversación organizada por Insight LAC en la cual se analizó cómo el nuevo orden global está impactando en las estrategias económicas y comerciales en América Latina.
El encuentro tuvo lugar en La Rural y reunió a referentes del sector privado, académico y organismos internacionales. En el panel central, Ana Basco, Esteban Actis y Lautaro M. Ramírez, miembros de Insight LAC, compartieron su visión sobre un mundo cada vez más fragmentado, con tensiones geopolíticas crecientes y reglas del juego que se reescriben en tiempo real.
La mirada de Esteban Actis
Actis, doctor en Relaciones Internacionales, profesor de la Fcpolit/UNR y asociado de la Consultora Insight LAC, explicó que, hace 15 años, el riesgo geopolítico eran las expropiaciones, nacionalizaciones y el control de capitales en algún país de la periferia.
Hoy, en cambio, dicho riesgo son los cambios de reglas del juego en la gobernanza internacional, como es el caso del sistema multilateral de comercio en la OMC.
"Pero los cambios se están dando en los países que eligieron las reglas del comercio internacional. Estamos hablando de las potencias occidentales en el mundo", añadió.
Según Actis, "hay una tendencia clara que estamos viviendo, un momento de conflictividad internacional sobre la cooperación. Esta idea de shocks tras shocks que estamos analizando, guerra en Ucrania, conflicto en Medio Oriente, tensiones en el mar del sur en China, eso llegó para quedarse. No sabemos ni cuándo ni dónde, pero la conflictividad internacional es estructural. ¿Por qué? Porque estamos en un contexto de competencia entre grandes poderes".
En esta línea, el académico remarcó que dicha competencia entre grandes poderes fue una normalidad de las relaciones internacionales: "Todos tenemos como marco temporal la posguerra fría, donde efectivamente la cooperación primó sobre la conflictividad. Pero, si uno mira el mundo en el estudio de relaciones internacionales, eso fue la anomalía. La normalidad es el conflicto. El problema es que esta es la primera gran conflictividad en un contexto de interdependencia".
"Es decir, no hay información previa para entender este conflicto en un contexto donde el 60% del comercio internacional explica el PIB global, donde existen cadenas globales de valor. La geopolítica está pensada en un juego de suma cero: lo que uno gana, otro pierde. Pero el comercio siempre estuvo pensado en suma variable: todos ganamos", sentenció.
Proyecciones a futuro
Durante el encuentro, la principal conclusión fue que la geopolítica ya no es un "ruido de fondo", sino que hoy condiciona las decisiones económicas más estratégicas, con las grandes potencias priorizando la seguridad nacional por sobre la eficiencia, lo que reconfigura cadenas de valor globales.
Esto, a su vez, está generando que el comercio internacional se fragmente, aunque no se contrae: se diversifican rutas, aparecen nuevos intermediarios y surgen ganadores inesperados.
En este sentido, esto plantea una oportunidad para América Latina, siempre y cuando se sepa leer bien el nuevo tablero. La región necesita dejar de ser espectadora y asumir un rol estratégico, apostando por más integración regional, normas comunes, nuevos socios y mayor sofisticación exportadora. La dependencia de materias primas ya no es viable en este nuevo escenario.
Además, es importante tener en cuenta que la política industrial debe ser una prioridad, por lo que incorporar tecnología en bienes y servicios es clave para aumentar competitividad y resiliencia.
Por otro lado, en el caso de Argentina, los desafíos son estructurales, pero no se encuentran solo aquí: barreras regulatorias, altos costos de infraestructura, baja inversión, falta de previsibilidad y escaso financiamiento están dejando afuera a muchos países de las nuevas oportunidades globales. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar