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El estancamiento alemán

La cuarta economía del mundo crecería 0,5%, una tasa muy inferior a la de los últimos años.

Paolo Rizzo Paolo Rizzo 20-08-2019
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Por Paolo Rizzo 

Los últimos datos publicados por Eurostat, la oficina estadística de la UE, certifican que Alemania atraviesa un período de estancamiento económico. En el último año, la actividad económica ha registrado una caída de -0,1% en dos trimestres (III-18 y II19). No se trata todavía de una recesión porque los dos trimestres no son consecutivos. Pero la economía acumula un crecimiento interanual del 0,4%, el peor dato de la UE después del de Italia. Se estima que en 2019 el PIB crecerá del 0,5% cuando en los últimos cinco años lo había hecho a un promedio del 2%.

Mientras tanto, la producción industrial muestra una caída interanual del 6,2%. El motor económico de Alemania está desacelerando más que otros países de la UE y la producción ha vuelto a los niveles de 2015.

La principal causa del estancamiento económico es la guerra comercial mundial. Alemania es el país con el saldo comercial más grande del mundo (227.000 millones de euros) y por lo tanto es una de las primeras economías que paga la desaceleración del comercio. En junio, en términos interanuales, las exportaciones descendieron 8% y las importaciones 4,4%. Pero considerando los países extra-UE las caídas fueron de 10,7% y 8,9%, respectivamente.

Además, la concreción del Brexit representa una amenaza para Alemania cuyas exportaciones a Reino Unido ascienden a 82.000 millones de euros frente a 37.000 millones de importaciones.

Mientras tanto, el desempleo sigue estable al 3,1%. Pero frente a una caída de la actividad económica, la perspectiva del mercado laboral es incierta. A su vez, el Deutsche Bank, el banco alemán más grande, anunció en julio el despido de 18.000 empleados: el 20% del total. Refleja una crisis que viene desde hace varios meses y que se ha profundizado con el fracaso del proyecto de fusión con Commerzbank. Sólo en el segundo trimestre del año Deutsche Bank registró una pérdida de 3.100 millones de euros.

No obstante las señales de estancamiento e incertidumbre, es todavía temprano para hablar de crisis. Mucho dependerá de las políticas fiscales del gobierno y del contexto internacional.

A pesar del mal momento, la finanzas públicas alemanas son entre las más sólidas de la eurozona. El país registra superávits fiscales desde 2014. En los últimos siete años el endeudamiento ha bajado del 80% al 60% del PIB. Un resultado importante que coloca la deuda pública cerca del nivel de referencia fijado por el tratado de Maastricht (60%). En el mercado secundario los bonos públicos a 10 años registran un interés negativo (0,7%): signo que los inversores siguen considerando al bund alemán como un activo de refugio. En fin, el 2019 se cerraría con un superávit del 1% y una deuda pública al 58,4% del PIB.

La solidez de las finanzas públicas es el orgullo y el tótem de la economía alemana. Pero las recientes dificultades y la caída de la actividad económica podrían marcar un cambio de paradigma. La sociedad se pregunta si no llegó el momento de aumentar el gasto público. Pero mientras muchos países europeos apuestan fácilmente a tener más déficit, la política alemana es cauta. Será porque en alemán la palabra schulde significa deuda pero también culpa, o será porque gastar más implicaría quedar con un saldo comercial inferior. Sin embargo, a pesar de las dudas de la política, muchos economistas alemanes ve en las condiciones ideales para un cambio en la política fiscal. Primero, el coste de oportunidad. Las tasas de interés negativas están en mínimos históricos y por debajo del 0%. Es decir que los inversores estarían dispuestos a pagar intereses para prestar dinero. Segundo, Alemania viene de un ciclo económico de expansión y saneamiento de las finanzas públicas. La deuda se encuentra al nivel más bajo desde 2002 y por debajo de la media de la UE (85%). Aumentar el déficit seria la consecuencia natural de un periodo de ajuste fiscal. Tercero, el gasto público generaría la demanda interna necesaria para compensar la caída de las exportaciones y relanzar la producción industrial.

En las próximas semanas se definirá si el mal momento de la economía alemana es pasajero o el primer síntoma de una crisis. Según los periódicos alemanes mucho dependerá del resultado del tercer trimestre de 2019. Si la actividad económica cayera una vez más, se registraría el segundo trimestre consecutivo de caída económica. Alemania estaría en recesión y el gobierno estaría obligado a intervenir con una política fiscal expansiva.

Pero la verdadera esperanza del gobierno es que la guerra comercial no se profundice. Porque hoy en día, como ya se ha visto en los últimos meses, la economía alemana depende mucho de las decisiones de Trump y Xi Jinping. Lo cierto es que una recesión en Alemania sería el signo de una inminente recesión mundial.

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