Proyección

China alcanzó su techo: ¿comienza el descenso del Gigante Asiático?

Según diferentes datos, se puede concluir que Pekín ha alcanzo su pico y, difícilmente supere a EE.UU.
14-08-2025
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Desde hace años, China ha sido considerada la próxima potencia mundial, capaz de remplazar a Estados Unidos como el líder económico internacional por excelencia. Esta teoría es tan relevante que, hace ya más de una década, Washington ha tomado cartas en el asunto para que esto no suceda. 

Sin embargo, pese a que nadie puede dudar de que China es, como mínimo, el segundo país más poderoso del mundo, muchos creen que ya alcanzó su "pico". 

En el momento de la crisis financiera de 2008, el PIB oficial (quizás exagerado) de China era de aproximadamente US$ 14 billones o, aproximadamente, un tercio del de EE.UU. Para 2021, había aumentado a tres cuartas partes de los US$ 23,7 billones del país norteamericano, lo que alimentó las hipótesis de que, en algún momento de la década de 2020, China superaría a Estados Unidos.

Para sorpresa de muchos, el año pasado la economía china (de US$ 18 billones) había retrocedido a poco más del 62% de los casi US$ 30 billones de Estados Unidos. Y, en términos de PIB per cápita, China todavía no supera el 20% de Estados Unidos.

Cuando el Gigante Asiático crecía a "tasas chinas", elevó su participación en el PIB mundial entre 2000 y 2021 del 3,5% al 18,5%. Pero, desde entonces, ha caído al 16,5%. Por lo tanto, no hay duda de que el ascenso de China, como mínimo, se ha estancado, principalmente como consecuencia de la crisis de natalidad que golpea al país asiático. 

No obstante, ese no es el único problema para Pekín: el largo aumento de la participación de China en las exportaciones y la producción manufacturera mundial se ha estabilizado, y el entorno externo para el Gigante Asiático ahora es mucho más duro y hostil. 

Parte de dicho problema es que China ya utilizó algunas de sus armas secretas: por ejemplo, inscribir a los niños en escuelas primarias y secundarias; mejorar la atención médica básica; cosechar el dividendo demográfico de la caída de las tasas de dependencia; y trasladar a la gente del campo a trabajos urbanos de mayor productividad.

Otra parte del crecimiento también se debió a una serie de iniciativas de política muy eficaces, como las captadas por la era de la reforma y la apertura, impulsada por Deng Xiaoping. Prueba de ello es la adhesión a la Organización Mundial del Comercio, crear un verdadero mercado de la vivienda y explotar la globalización. Pero nada de esto puede volver a suceder.

Y, como si todo esto no fuese suficiente, el modelo de crecimiento de China, basado en objetivos de crecimiento irrealmente altos y tasas de inversión y ahorro excepcionalmente altas, se está viendo afectado por el estancamiento de la productividad, las dificultades del servicio de la deuda y la mala asignación de capital.

China y un dilema difícil de resolver 

En diciembre, durante la Conferencia Central de Trabajo Económico, el primer ministro de China, Li Qiang, reconoció que la base para la recuperación económica y el crecimiento sostenidos no era fuerte, la demanda era débil y había presiones sobre la creación de empleo y "dificultades fiscales" entre varios gobiernos locales.

Así, aunque el consumo se ha convertido en una prioridad absoluta, las medidas políticas reales para hacerlo no han funcionado, principalmente porque la redistribución del poder económico a las empresas y los ciudadanos también implica cambios en el poder político, algo que el Partido Comunista no parece estar muy dispuesto a aceptar. 

También es probable que la recesión estructural en el sector inmobiliario, que en un momento representó más de una cuarta parte de la economía, se contraiga en el futuro previsible debido a las tasas más bajas de formación de hogares, así como a un exceso crónico de oferta de bienes raíces sin vender y sin terminar.

Buscando soluciones, Pekín ha suavizado su enfoque hacia las empresas privadas y ha aprobado una nueva ley de promoción de la economía privada para reforzar la IA, los clústeres y centros tecnológicos y reducir las barreras regulatorias. 

Sin embargo, la baja confianza empresarial no se debe realmente a las regulaciones, sino a la interferencia política y a la débil demanda y ganancias.

Esto se evidencia en el hecho de que las economías desarrolladas y de ingresos medios, así como las naciones emergentes, están rechazando lo que perciben como políticas comerciales depredadoras de China, lo que nos hace creer que la superglobalización de la que se benefició prácticamente ha terminado. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar