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Los osos se pueden llegar a comer crudos a los toros

Con una desaceleración tanto en China como en EE.UU., el titular de la Fed cambió de discurso, y de una inflación temporaria ahora dice que puede haber una “deflación”

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Luis Varela Luis Varela 06-09-2021
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Por Luis Varela

Llegó septiembre, y a esta altura del partido el mundo pensaba que iba a tener al Covid-19 bajo control y el Gobierno argentino suponía que podía llegar a la elección sin ajuste, pero citando a un Presidente que acaba de pasar por Argentina con más pena que gloria "pasaron cosas".

Con muchísimas dificultades para ponerle el cascabel al gato, una vacunación global desigual, con los países ricos inundados de vacunas, muchas de las cuales son desperdiciadas, el coronavirus sigue generando cepas, muy difíciles de combatir y, además, hay mucha gente que desconfía y le teme más a vacunarse que a estar vacunado.

De ese modo, de manera inesperada, las dos máquinas gigantescas globales que empujan a la economía del mundo, China y Estados Unidos, están mostrando en sus últimos indicadores que la veloz recuperación que se esperaba será más trabajosa que lo esperado.

Qué pasa realmente en China es difícil saberlo. El sistema de Gobierno implementado por Xi Jinping no da información: toma decisiones y ejecuta.

El Covid-19 se inició en Wuhan (China) en noviembre de 2019 y Xi dio información en detalle sobre muertes hasta marzo de 2020. Hasta ese momento China sufría una oleada de fallecidos. Xi decidió que era contraproducente que la sociedad supiera y a mediados de marzo del año pasado clavó la cantidad de muertos por Covid en 4.636 personas. En aquellos días el mundo no llegaba al millón de muertos: hoy hay 4,58 millones de fallecidos, pero en China no murió ni una sola persona más.

Estados Unidos en cambio, difunde todo tipo de cifras de manera permanente, miden todo y lo anuncian, para que las personas vayan tomando decisiones, para que cada quién decida qué pasos se debe seguir. Y, por cierto, en las estadísticas que entregan los norteamericanos, acaba de aparecer una sorpresa inesperada, que puede cambiar por completo la expectativa de reactivación mundial y por supuesto la marcha de las inversiones.

El pico mundial de fallecidos por Covid, según cifras publicadas oficialmente por cada país (China no lo hace), ocurrió en abril, con unas 115.000 muertes por semana en todo el planeta. Desde ahí, la vacunación dio vuelta las cosas y los fallecidos empezaron a bajar hasta ceder en junio a un piso de unas 55.000 muertes semanales, pero la aparición de la cepa delta hizo que ese número volviera a crecer, alcanzando los 72.000 muertos por semana en la última semana completa de agosto, con una baja a 70.000 fallecidos en la última semana (que ya tuvo días de setiembre).

De ese modo, en este momento el aumento de fallecidos se encuentra en un incremento semanal del 1,5% y lo que venía planteando alguna tranquilidad, una especie de luz al final del túnel, tenía que ver con un dato significativo: los países con alta vacunación empezaban a tener incrementos mínimos de muertos, del 0,1% o 0,2% por semana, lo cual planteaba que pronto el covid pasaría a ser una pesadilla pasada.

Pero en la última semana, en un país que entrega datos como EE.UU. se conocieron dos cifras que encienden las alarmas: dentro de territorio norteamericano hay mucha gente que no se quiere vacunar y la semana pasada, a pesar de iniciarse un plan con tercera vacunación, la cantidad de muertos estadounidenses creció 1,7%, por encima del promedio mundial, lo cual significa que el problema no está resuelto. Joe Biden probablemente se verá obligado a avanzar sobre la libertad individual y obligar a todo el mundo a vacunarse, aún en contra de su voluntad, y ahí se verá si el problema termina o sigue. Si aparece en alguna otra parte otra cepa, o no.

El impacto en la actividad

Pero además, como efecto secundario de este incremento en las muertes, hubo una secuela directa en el nivel de actividad de Estados Unidos: por la tendencia que se venía observando, los norteamericanos esperaban crear en agosto unos 750.000 puestos de trabajo, pero el Gobierno de Biden acaba de informar que se crearon sólo 235.000 puestos, el 31% de lo que se esperaba.

Este dato trastoca por completo las perspectivas monetarias planetarias.

El titular de la Reserva Federal, Jerome Powell, venía diciendo hasta hace tres semanas que el empleo crecía de manera consistente, que la inflación era temporal y que la liberación de estímulo (liberación de dólares comprando bonos en Wall Street) se empezaría a cortar a partir de noviembre, de manera gradual, para comenzar a subir las tasas de interés recién a mediados de 2022.

Pero este aumento de muertes y la desaceleración en la creación de empleo hizo que en el cierre de la semana pasada Biden ya no hablara de inflación temporal, sino que estamos entrando en "riesgo de deflación", que los precios de todos los productos que se ponen a la venta se vean obligados a bajar porque no podrán encontrar compradores que los convaliden. Y si eso se confirma, el "tapering" (el final del estímulo) se puede postergar y, obviamente, la suba de tasas de interés puede pasar a quién sabe qué fecha.

Por esa razón, en el cierre de la semana pasada bajó el precio contado de los bonos de EE.UU. y, en consecuencia, sus tasas a vencimiento subieron: 0,78% anual a 5 años, 1,32% a 10 años y 1,95% a 30 años. Y detrás de esa movida, el dólar bajó en bloque contra casi todas las principales monedas del mundo: el billete verde pudo subir 0,2% contra el franco suizo, pero bajó 0,1% contra el yen, cedió 0,2% contra el real, 0,3% contra el yuan, 0,7% contra la libra, 0,8% contra el euro y se desplomó 2% en Chile.

El rumbo de las commodities

En respuesta a eso, los precios internacionales de los commodities también entraron en otro pulso. Entre jueves y viernes el petróleo bajó un dólar y medio, el oro subió US$ 30, la onza de plata brincó un dólar y medio, los metales básicos se debilitaron, la soja Chicago se desplomó US$ 30 y el maíz se hundió US$ 20. Y lo que sigue muy sostenido es el panel de las criptomonedas, con el Bitcoin superando otra vez los US$ 50.000 y el Ethereum arañando increíbles US$ 4.000 .

Estas bajas de última hora hicieron que los osos se coman a los toros en las bolsas. En las tres ruedas ya operadas de setiembre la Bolsa de México cae 2,8%, Buenos Aires baja 2,2%, San Pablo declina 1,6%, Santiago de Chile cede 0,6%, Frankfurt achica 0,3% y solo la Bolsa de Nueva York resistió, gracias al estímulo gigante de dólares de la Fed, con el índice Dow Jones clavado sin cambios y el Nasdaq logrando una suba del 0,7% (ya que el Covid y el teletrabajo lo beneficia).

¿Qué pasa en la Argentina con todo esto? Por supuesto, los gauchos de las pampas siempre jugamos otro partido. El país está a 150 horas de las PASO. Las encuestadoras intentan adivinar cuál puede ser el resultado, pero del otro lado de las preguntas encuentran mucha gente que no contesta, o porque no quiere, o porque teme decir por quién va a votar, o simplemente porque la bronca es tan grande, que hay chance de que incluso vote en blanco o directamente no vaya.

Por eso, el resultado de la votación que viene es desconocido. La palabra que más sobresale es "incertidumbre".

Pero hay dos manos de tijera que se van comiendo la expectativa oficial de que se puede llegar a las urnas sin hacer el ajuste. Para mostrar que la actividad sigue viva, después de un derrumbe de producción en julio, el Gobierno tuvo que abrir la importación de autopartes en agosto, para que las fábricas locales pudieran trabajar. Y lo hicieron: la fabricación de autos mejoró 20% contra julio y 48% contra agosto ultracuarentenado de 2020. Pero esa apertura de autopartes de agosto tuvo un costo insostenible: a lo largo de todo el mes pasado el BCRA perdió reservas por US$ 737 millones, algo que no se notó porque justo llegaron los DEG del FMI, que ya mismo se tienen que empezar a devolver.

Jugado por jugado, el Gobierno está lanzando al mercado una masa gigantesca de pesos. En términos monetarios hay $10 billones en el sistema, de lo cuales $2 billones son dinero en circulación, $4 billones en cuentas a la vista (cajas de ahorro y cuentas corrientes) y $4 billones en plazos fijos. Y de los $8 billones que hay en los bancos, el BCRA absorbió entre pases y Leliq $4,3 billones, papelitos de colores, que es plata de la gente.

Y la última humorada que recibió el mercado fue otro round entre el ministro de Economía, Martín Guzmán y el titular del BCRA, Miguel Angel Pesce. Guzmán debe controlar el gasto y no pedirle pesos emitidos a Pesce, pero por cuestiones electorales no lo hace. Para que la inflación no brinque y para que el dólar no salte, Pesce absorbe Leliq de los bancos. Y, así como los Lacunza y los Sandleris de Macri inventaron la palabra "reperfilar" para no decir "default", Guzmán ahora dice que las Leliq de Pesce son "disfuncionales".

El dólar en Argentina

Así, mientras el dólar bajó en todas partes, la semana pasada estuvo para arriba en Argentina: el contado con liquidación subió 0,5%, el dólar MEP tuvo un alza del 0,4% y el dólar blue (muy intervenido) terminó la semana sin cambios, pero con jueves y viernes con cotización orientada claramente a la suba, con la gente empezando a cobrar los sueldos del nuevo mes.

¿Qué parece venir por delante? Más emisión mundial de dólares, más inquietud general de inversores, grandes chances de que los osos se coman a los toros y, a nivel local, un pronóstico absolutamente desconocido: si llega a ocurrir lo que pasó en Corrientes donde de una elección anterior con un resultado 54% a 45% en contra del Gobierno, se pasó a 76% a 22%, puede ocurrir algo impredecible, con efectos secundarios que veremos de lleno ni bien termine el obligado acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

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