Ideas

La economía y la educación no son territorios enemigos: son aliados necesarios

Cuando somos demasiado dóciles a los extremos, perdemos, como hace mucho lo venimos haciendo, oportunidades únicas de volver hacer este país la tierra de oportunidades que supo ser.

Rico.en.data ya llegó a los 135 municipios bonaerenses y capacitó a más de 105 mil estudiantes en educación financiera
Rico.en.data ya llegó a los 135 municipios bonaerenses y capacitó a más de 105 mil estudiantes en educación financiera EE
Diego M Jiménez 27 noviembre de 2025

En el mundo en el que vivimos, siempre es más sencillo situarse en los extremos de la conversación o, a un lado u otro de la fisura que separa las vociferaciones que se silencian mutuamente. Siempre es más dificultoso narrar desde el matiz o conversar desde algún lugar ubicado en el vasto espacio entre los polos. Esto último, es lo que voy a intentar aquí.

Durante tres meses recorrí escuelas estatales de la provincia de Buenos Aires, junto a otros tantos formadores, docentes de todos los niveles educativos y de diversa matriz académica, que participaron en una iniciativa denominada Rico.En.Data, un curso de educación financiera destinado a estudiantes de los terceros años del nivel medio.

Nos tocó visitar escuelas rurales, viajar a localidades pequeñas, llegar a parajes perdidos en los mapas, entrar en edificios enormes y organizados o en unos precarios y de diversa dimensión. Ir, finalmente, a sitios a los que no hubiésemos ido por motu propio.



Algunos días me encontraba explicando las teorías del valor o la importancia de saber elaborar un presupuesto, frente a un grupo de cinco chicos y chicas. Otras mañanas, profundizando las diferencias entre jugar y apostar o la racionalidad implícita en cualquier tipo de inversión, frente a treinta o cincuenta estudiantes. En números totales, el programa llegó a más de 100.000.

Casi siempre, además de los docentes de la hora en la que se dictaba el curso, acompañaban el momento, preceptores, directivos, hasta auxiliares de cocina, interesados o curiosos con el tema, contentos porque alguien iba a visitarlos y llevarles algo nuevo. En pocos lugares encontré desinterés o desidia. Sí, la evidencia de las asimetrías y la desigualdad, junto a la sensación de lo mucho que pierde un país cuando los programas económicos no tienen como base una política educativa que también impulse un crecimiento sostenible, abierto al mundo, que integre las múltiples dimensiones que conforman el desarrollo humano. Gerardo della Paolera tiene razón cuando propone un Ministerio de Economía y Educación, lamentablemente, en soledad.

El Banco Provincia, en el marco del Programa Incluir, comenzó esta iniciativa en el 2024, junto con la colaboración de la Dirección de Escuelas. En mi caso, como el de la mayoría, llegué por una convocatoria abierta, que transmitió la universidad donde trabajo. Mi escepticismo primordial fue, nobleza obliga, día a día, vencido por una seria planificación, un sesudo seguimiento y un material didáctico elaborado adecuadamente por el equipo la institución bancaria más añeja de la Argentina. 



Eficiencia, eficacia y equidad al servicio del aprendizaje, algo ubicado en las antípodas del dominante discurso educativo de estas últimas décadas. Fue, para quien esto escribe, la confirmación de que la economía y la educación no son territorios enemigos sino aliados necesarios que requieren estrategias en conjunto para usar con racionalidad recursos finitos frente a demandas siempre crecientes. Gerry, de nuevo, tiene razón.

Otra capa de esta experiencia, es poder ver de primera mano, la enorme variedad que tiene un sistema educativo, en este caso el más grande del país. Escuchar a sus actores y sentir que muchas vocaciones podrían dar más en calidad eficaz, si la política educativa tuviese la centralidad que requiere. 

Al regreso de las visitas, retornaba a mis otras actividades con sensaciones encontradas. Por un lado, mis diferencias conceptuales con la cosmovisión de la gestión provincial y su errática política educativa, que permanecían, y lo siguen haciendo, en su sitio. Por el otro, que, a pesar de las diferencias, era inevitable reconocer este acierto educativo de las autoridades del banco fundado por Bernardino Rivadavia en 1822. También, sentía dolor al pensar si tal o cual estudiante, en medio de la pampa bonaerense, tendrá la posibilidad de seguir estudiando, mejorando. Si sus capacidades estarán acompañadas de la libertad real, imprescindible para elegir su camino vital, al modo que lo razonó el economista Amartya Sen.



Estas son solo las impresiones, de una experiencia que sugiere reflexionar que no estamos tan lejos en lo que buscamos de lo que habitualmente tendemos a creer. Y que cuando somos demasiado dóciles a los extremos, perdemos, como hace mucho lo venimos haciendo, oportunidades únicas de volver hacer este país la tierra de oportunidades que supo ser.

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