Crecen las exportaciones y también las dudas

Superávit comercial energético: qué pasa en 2025 y qué pasará en 2026

El sector energético sostuvo el 89% del superávit comercial del país en 2025. Sin embargo, la dependencia creciente del shale y el declive acelerado de la producción convencional abren interrogantes.

El superávit no cayó del cielo: detrás hay una producción que viene desafiando máximos históricos.
El superávit no cayó del cielo: detrás hay una producción que viene desafiando máximos históricos. (Archivo)
Daniel Barneda 1 diciembre de 2025

El balance energético argentino vive un momento de contraste: mientras los números del comercio exterior muestran un superávit récord, la estructura productiva exhibe señales de creciente fragilidad. Con una balanza que depende como nunca del impulso no convencional, el país entra a 2026 con la promesa de otro año positivo, pero también con riesgos latentes que podrían alterar el rumbo.

Según el último informe de Economía & Energía (E&E) que dirige Nicolás Arceo, entre enero y octubre de este año, el país acumuló un superávit comercial de U$S 6.846 millones. Y el sector energético explicó un impactante 89%: U$S 6.067 millones. 

El dato no solo refleja un crecimiento del 40% respecto de 2024, sino que confirma un cambio estructural en la matriz externa argentina.



En octubre, el saldo energético volvió a ser positivo, con U$S 708 millones, motorizado por un fenómeno claro: las exportaciones crecieron en cantidades, aunque los precios internacionales cayeron. En particular, las ventas de crudo aumentaron 19,1% en los primeros diez meses del año, y el salto del volumen exportado compensó la caída de precios.

Así, las exportaciones de combustibles y energía pasaron de U$S 4.421 millones en 2019 a U$S 9.019 millones en los primeros diez meses de 2025, mientras que las importaciones se desplomaron a U$S 2.951 millones, menos de la mitad que en 2019. La explicación es simple: más producción local, menos dependencia, más saldo externo.

El superávit no cayó del cielo: detrás hay una producción que viene desafiando máximos. En petróleo durante octubre se alcanzaron 865 mil barriles diarios, superando el récord de 1998. El salto proviene del no convencional, que aportó 568 kbbl/d y explica prácticamente todo el crecimiento. Argentina produce hoy 56% más petróleo que hace diez años.



En el caso del gas natural en julio de este año la producción llegó a 161 MMm³/d, un récord absoluto. Y mientras tanto, las importaciones pasaron de 34 MMm³/d en 2013 a solo 3,7 MMm³/d este año, gracias al Plan Gas y la ampliación de los gasoductos desde Neuquén.

Las áreas que lideran ese crecimiento confirman la dinámica: la producción no convencional está cada vez más concentrada. Las cuatro principales áreas de shale oil explican el 58% del total; en shale gas, el 57%.

El volumen exportado por YPF representa un 15% de la producción total de la compañía y generó ingresos por U$S 200 millones en el período.
El sector energético explicó el 89% del superávit comercial global. Además, marcó un crecimiento de 40% respecto a 2024.



Más aún: el repunte reciente vino de áreas antes marginales como La Angostura Sur I, Rincón de Aranda, El Trapial Este y Aguada del Chañar, que se convirtieron en los motores del crecimiento 2025. En gas, el impulso vino de La Calera, impulsando el gas asociado mientras el gas seco retrocede.

Mientras el shale sigue batiendo récords de producción, el convencional se hunde en una caída cada vez más acelerada. En petróleo, las tres cuencas históricas muestran retrocesos significativos: el Golfo San Jorge cayó -7,7%, la Cuenca Neuquina profundizó su declino con -13,2%, y la Cuenca Austral retrocedió -12,8%

En gas, la situación no es distinta: la producción convencional se desplomó -13,8% solo en octubre, consolidando un deterioro estructural que se arrastra desde 2019, cuando el país producía unos 100 MMm³/d, frente a los escasos 59 MMm³/d actuales. El contraste es contundente: mientras el no convencional impulsa récords, el convencional confirma que su declive ya no es coyuntural, sino irreversible.



Si bien la entrada del Proyecto Fénix en la Cuenca Austral moderó la caída general, la tendencia es inequívoca: los pozos maduros declinan sin pausa y sin inversiones suficientes. La contracción de los precios internacionales durante 2025 funcionó como un freno evidente para las operadoras, acelerando el deterioro.

Vaca Muerta
Argentina produce hoy 56% más petróleo que hace diez años.

2026: dos escenarios y una señal de advertencia

De cara al próximo año, el informe de Arceo plantea dos caminos posibles:


  • Escenario tendencial (optimista moderado): si se mantienen las tasas de crecimiento del shale y el declino actual del convencional, el superávit pasaría de U$S 7.600 millones actuales a U$S 8.900 millones en 2026.
    El motor sería nuevamente el crudo no convencional, tanto en producción como en exportaciones.
  • Escenario ácido (riesgo de desaceleración fuerte): si se reducen los pozos conectados de shale y el declino del convencional se acelera, el superávit caería a U$S 7.400 millones, apenas por encima del nivel actual.
    Aunque seguiría siendo positivo, se mantendría estancado, reflejando una alta sensibilidad del sistema a las variaciones productivas.

Ambos escenarios coinciden en un punto crítico: la balanza energética argentina se volvió altamente volátil y depende cada vez más del shale, una fuente dinámica pero costosa y tecnológicamente exigente.

Aun en el escenario más adverso, Argentina mantendría un superávit energético significativo, consolidando un cambio histórico en la estructura del sector.

Sin embargo, la advertencia es clara: el superávit ya no es un indicador inmutable, sino el resultado directo de una ecuación en permanente tensión entre: récords del shale, caída del convencional, precios internacionales volátiles, y la capacidad del país para sostener inversiones en infraestructura.



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