Sudamérica está ante una oportunidad histórica y ante un riesgo igual de grande. Así lo plantea Danielle Danko, vicepresidenta de Marketing de RE+ Events, al analizar el último informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) presentado durante la COP30.
- Según señala, la región, privilegiada en recursos solares, eólicos e hidroeléctricos, está avanzando en la transición energética "a un ritmo incompatible con la urgencia climática".
IRENA estima que Sudamérica necesita alrededor de US$ 500.000 millones anuales hasta 2050 para cumplir sus compromisos de descarbonización. Sin embargo, en 2024 la región apenas captó 2,5% de la inversión global en transición energética, unos US$ 58 mil millones. "La brecha es gigantesca", advierte Danko, y cada año de retraso vuelve más difícil cumplir con los objetivos del Acuerdo de París.
Danko destaca a Chile como uno de los países más comprometidos: fue pionero en anunciar el retiro progresivo del carbón y en fijar la meta de una matriz eléctrica 100% libre de emisiones para 2050. Sus recursos solares y eólicos figuran entre los más competitivos del mundo.
Sin embargo, el problema no está en la generación, sino en la infraestructura. Las redes de transmisión congestionadas y la falta de almacenamiento amenazan con frenar nuevos proyectos. "La energía limpia no sirve si no puede llegar a donde se necesita", enfatiza la especialista.
Otro caso de interés es Argentina. Según Danko, el país muestra "un impulso notable" pese a su complejidad económica. El programa RenovAr permitió poner en marcha 180 proyectos renovables, logrando en 2024 cubrir cerca del 16% de la demanda eléctrica con fuentes limpias.
Para la ejecutiva, esto demuestra que la transición es viable incluso en contextos turbulentos, siempre que existan reglas claras, continuidad institucional e innovación financiera.
Uruguay aparece como el modelo más consolidado: cerca del 90% de su matriz proviene de fuentes limpias. Danko destaca especialmente su Fondo de Innovación para Energías Renovables, que combina capital privado con el apoyo del PNUMA, permitiendo validar tecnologías y atraer inversión. "Es un caso inspirador, que muestra que el financiamiento creativo es tan importante como los recursos naturales", sostiene.

Paraguay también posee una base renovable sólida, gracias a la hidroenergía y la biomasa. Pero la especialista advierte que el desafío ahora es diversificar, incorporando recursos solares y eólicos que permitan reducir la dependencia del petróleo en el consumo final.
Según IRENA, acelerar la transición podría incrementar el PIB anual de Sudamérica en 1,1% y generar más de 12 millones de empleos en el sector energético. Para lograrlo, Danko subraya la necesidad de duplicar el ritmo de instalación, fortalecer redes, garantizar almacenamiento y, sobre todo, avanzar hacia una planificación regional coordinada.
"La transición no puede ser un esfuerzo aislado. Los países deben pensar en complementariedades, no en competencias", apunta.
En este contexto, la cumbre RE+ Cono Sur, que se realizará en Chile en marzo de 2026, se perfila como un espacio estratégico. Más de 60 empresas y líderes globales se reunirán allí no solo para mostrar tecnologías, sino también —según explica Danko— para "destrabar marcos regulatorios, movilizar financiamiento y construir alianzas que aceleren la transición".
La ejecutiva anticipa que será una "vitrina global" para atraer capital y coordinar políticas clave entre gobiernos, empresas y fondos internacionales.
Danko concluye que Sudamérica tiene los recursos para convertirse en una de las grandes potencias renovables del mundo. Lo que falta es decisión política, infraestructura moderna y una visión común que permita actuar ahora, antes de que la ventana de oportunidad se cierre. "Si la región se mueve con convicción, puede dejar de ser una promesa para transformarse en un protagonista global", afirma.