Crisis energética

Ormuz puso en jaque al petróleo mundial: la AIE revela cómo evitaron un shock histórico

La Agencia Internacional de Energía advirtió que la crisis del estrecho de Ormuz generó la mayor interrupción del suministro petrolero de la historia, pero reservas, rutas alternativas y nuevos proveedores evitaron un impacto aún mayor.
La AIE advirtió que la situación continúa siendo frágil. Las reservas se redujeron a un ritmo acelerado. (Archivo)
Daniel Barneda 26-06-2026
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El mercado petrolero mundial atravesó una de sus mayores pruebas en décadas. La crisis del estrecho de Ormuz provocó una interrupción sin precedentes en los flujos internacionales de crudo y obligó a productores, refinadores y consumidores a modificar rápidamente sus estrategias para evitar un impacto más profundo sobre la economía global.

Según un análisis de la Agencia Internacional de Energía (AIE), las pérdidas acumuladas de suministro desde los productores de Medio Oriente superaron los 1.300 millones de barriles, mientras que el tránsito por Ormuz cayó desde unos 20 millones de barriles diarios antes del conflicto hasta un promedio cercano a 2,7 millones de barriles diarios durante marzo, abril y mayo.

La AIE señaló que el sistema energético mundial logró amortiguar el golpe mediante tres grandes movimientos: la liberación de reservas estratégicas, el uso de rutas alternativas y el aumento de la oferta de otros productores. La combinación de estas medidas evitó que la falta de crudo generara un desabastecimiento global más severo.

La tensión llevó al petróleo de referencia internacional a niveles extremos. El crudo North Sea Dated alcanzó un máximo de US$ 144 por barril a comienzos de abril, más del doble de los valores previos a la crisis. El impacto fue todavía mayor sobre productos refinados como el diésel y el combustible para aviones.

Uno de los factores decisivos fue el nivel de reservas acumuladas antes del conflicto. La AIE explicó que el mercado había llegado a la crisis con un importante excedente de inventarios, que funcionó como un colchón frente al desplome inmediato del suministro. Las existencias globales alcanzaban unos 8.200 millones de barriles, luego de meses con una oferta superior a la demanda.

Además, los países miembros de la AIE realizaron la mayor liberación de reservas de emergencia de su historia, con unos 400 millones de barriles, aportando barriles adicionales al mercado. Para mayo, esta acción colectiva representaba alrededor de 2,5 millones de barriles diarios extra disponibles.

El organismo energético también destacó la reacción de los grandes productores. Arabia Saudita aumentó sus exportaciones mediante rutas alternativas, mientras que Emiratos Árabes Unidos utilizó infraestructura propia, oleoductos y terminales fuera del estrecho para sostener parte de sus envíos internacionales.

La crisis también modificó los flujos comerciales. Estados Unidos incrementó sus exportaciones de crudo y derivados, alcanzando niveles récord, mientras que otros países como Brasil, Kazajistán y Venezuela aumentaron sus ventas hacia mercados que habitualmente dependían del petróleo del Golfo.

En paralelo, las refinerías realizaron ajustes para cubrir faltantes de combustibles. La producción de combustible para aviones aumentó en Estados Unidos y Europa, mientras que nuevos proveedores, como Nigeria, incrementaron sus exportaciones para responder a la demanda internacional.

La AIE advirtió, sin embargo, que la situación continúa siendo frágil. Las reservas se redujeron a un ritmo acelerado y las posibilidades de sumar nueva oferta se volvieron más limitadas justo antes del período de mayor demanda estacional.

Para el organismo, aunque una reapertura del estrecho de Ormuz permitiría recuperar parte de la normalidad, la crisis dejará consecuencias de largo plazo. Productores y consumidores deberán revisar inversiones, rutas comerciales, infraestructura y estrategias energéticas ante un escenario global más vulnerable. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar