Transición energética

La revolución del cobre y el litio dispara el consumo energético y pone a Chile bajo presión

Un informe de OLACDE advierte que la expansión de la minería asociada a la transición energética elevará fuertemente la demanda eléctrica en América Latina. Chile aparece como el principal protagonista por su liderazgo en cobre y litio.

América Latina enfrenta una oportunidad histórica para consolidarse como proveedor estratégico de minerales críticos para la transición energética.
América Latina enfrenta una oportunidad histórica para consolidarse como proveedor estratégico de minerales críticos para la transición energética. (Archivo)

La transición energética global está generando una nueva carrera por los minerales críticos y América Latina se prepara para convertirse en uno de sus principales protagonistas. Sin embargo, detrás del boom del cobre y el litio emerge un desafío de enorme magnitud: el creciente consumo energético que demandará la expansión minera en los próximos años.

Así lo advierte la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) donde concluye que el desarrollo de proyectos vinculados a la electromovilidad, las energías renovables y los sistemas de almacenamiento requerirá una fuerte expansión de la infraestructura energética para abastecer operaciones mineras cada vez más intensivas en electricidad.

En ese escenario, Chile se posiciona como el país que liderará el crecimiento de la demanda energética minera en la región debido a su papel dominante en la producción mundial de cobre y litio, dos de los minerales más demandados para la descarbonización de la economía global.



El costo energético de la transición

El informe señala que el avance de los vehículos eléctricos, las baterías y las energías renovables está impulsando una expansión sin precedentes de la actividad minera en América Latina y el Caribe.

La región concentra algunas de las mayores reservas mundiales de minerales estratégicos, pero extraerlos requerirá cada vez más energía.

En el caso del cobre, la situación es especialmente desafiante. La disminución progresiva de las leyes minerales obliga a procesar mayores volúmenes de roca para obtener la misma cantidad de metal, incrementando significativamente el consumo eléctrico en etapas como trituración, molienda, bombeo y procesamiento.



A esto se suma la creciente profundidad de los yacimientos y la necesidad de transportar agua desde grandes distancias o producirla mediante plantas desaladoras, procesos que demandan enormes cantidades de energía.

Según OLACDE, Chile concentra el 22% de las reservas mundiales de cobre y produce una cuarta parte del cobre que se consume en el planeta. Además, posee el 33% de las reservas globales de litio y representa alrededor del 20% de la producción mundial de ese mineral.

Estas cifras convierten al país trasandino en uno de los principales beneficiarios del auge de los minerales críticos, pero también en uno de los mayores desafíos energéticos de la región.



Las principales operaciones de cobre y litio se encuentran en el norte chileno, una zona donde la minería ya representa una porción significativa de la demanda eléctrica nacional y donde se proyectan nuevas inversiones para ampliar la producción.

El crecimiento de proyectos asociados al Salar de Atacama y el desarrollo de nuevas iniciativas vinculadas a la industrialización del litio profundizarán esa tendencia durante la próxima década.

Estiman que la minería está en condiciones de recibir US$ 20.000 millones en inversiones directas - Estiman que la minería está en condiciones de recibir US$ 20.000 millones en inversiones directas
Estiman que la minería está en condiciones de recibir US$ 20.000 millones en inversiones directas.



Más minería, más electricidad

El estudio sostiene que la demanda energética minera seguirá creciendo a medida que entren en operación nuevos proyectos y se incorporen tecnologías más complejas para el procesamiento de minerales.

Frente a este escenario, la industria minera chilena avanza en estrategias para reducir su huella ambiental mediante contratos de suministro renovable, electrificación de procesos y una mayor integración de energía solar y eólica.

"Chile posee condiciones excepcionales para desarrollar una minería de bajas emisiones gracias a su enorme potencial en energías renovables", destacó el secretario ejecutivo de OLACDE, Andrés Rebolledo.



La ventaja no es menor. El desierto de Atacama posee algunos de los mejores recursos solares del mundo, mientras que distintas regiones del país cuentan con un importante potencial eólico capaz de abastecer parte del crecimiento proyectado de la demanda minera.

Más allá del caso chileno, OLACDE sostiene que América Latina enfrenta una oportunidad histórica para consolidarse como proveedor estratégico de minerales críticos para la transición energética global.

La clave estará en acompañar el crecimiento minero con inversiones en infraestructura eléctrica, generación renovable, transporte energético y sistemas que permitan garantizar el abastecimiento de largo plazo.



El organismo advierte que también será necesario abordar desafíos vinculados a la disponibilidad de agua, la sostenibilidad ambiental, la aceptación social de los proyectos y la seguridad energética.

En definitiva, la carrera global por el cobre y el litio no solo exigirá nuevas minas. También demandará más energía, más infraestructura y mayores inversiones para sostener una industria que se perfila como uno de los pilares de la economía baja en carbono.

Para Chile, líder regional en ambos minerales, el desafío será convertir esa creciente demanda energética en una ventaja competitiva, apoyándose en su enorme potencial renovable para abastecer una minería cada vez más estratégica para el mundo.



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