Precios bajo presión

La paz en Medio Oriente podría bajar el petróleo, pero no devolverá la energía barata

El director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, Roberto Carnicer, explica por qué una eventual solución del conflicto en Medio Oriente aliviaría la presión sobre el petróleo, el GNL y el GLP, aunque advierte que los mercados seguirán condicionados por las secuelas físicas de la crisis.
El mercado deja atrás el miedo al cierre total de Ormuz, pero entra en otra etapa: la de reconstruir inventarios y confianza. (Archivo)
Daniel Barneda 17-06-2026
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La posibilidad de un acuerdo de paz en Medio Oriente modifica de inmediato las expectativas de los mercados energéticos internacionales. Sin embargo, para Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, una reducción del riesgo geopolítico no implica necesariamente un regreso a los niveles de precios previos al conflicto.

“La paz puede retirar la prima de pánico, pero no llena automáticamente los tanques, no repone inventarios, no normaliza contratos ni devuelve de un día para otro la confianza logística de armadores, traders, compradores y aseguradoras”, sostiene.

Según el especialista, el escenario más probable es una progresiva normalización de los mercados, aunque con inventarios todavía afectados por las consecuencias de la crisis. “La baja de precios debería existir, especialmente en crudo, pero con pisos más altos que los que hubieran prevalecido en un mercado físicamente cómodo”, afirma.

El crudo sería el primero en reaccionar

Carnicer explica que el petróleo es el mercado más sensible a una eventual solución política debido a la flexibilidad de sus fuentes de abastecimiento.

“El petróleo crudo es el primer mercado en reaccionar ante una expectativa de solución política. Esa flexibilidad hace que el Brent sea el precio más sensible a una reducción de la prima geopolítica”, señala.

En caso de alcanzarse un acuerdo creíble, estima que el Brent podría abandonar rápidamente el escenario de entre US$ 105 y US$ 120 por barril asociado a un estrecho de Ormuz restringido, para ubicarse en una franja más cercana a los US$ 80-90.

Sin embargo, advierte que la necesidad de recomponer existencias actuará como un freno a una baja más pronunciada. “La paz baja el riesgo; la necesidad de inventario pone el piso”, resume.

El GNL corregiría más lentamente

El comportamiento del gas natural licuado (GNL) sería diferente. Para Carnicer, se trata del mercado más rígido de los tres debido a su dependencia de infraestructura específica, logística compleja y contratos de largo plazo.

“El gas natural licuado es distinto. No alcanza con que aparezca voluntad política para que el mercado vuelva a la normalidad”, explica.

Por eso, aun con una estabilización del Golfo Pérsico, el GNL seguiría incorporando una prima asociada a la seguridad de suministro.

La necesidad de Europa de completar sus almacenamientos antes del invierno y el incremento de la demanda asiática para la próxima temporada de consumo mantendrían los precios por encima de los niveles registrados antes del conflicto.

En el caso del gas licuado de petróleo (GLP), el especialista ubica al mercado en una situación intermedia entre el petróleo y el GNL.

“La normalización de Ormuz debería aliviar precios, pero no eliminar completamente la tensión”, sostiene.

Además, prevé comportamientos distintos entre sus principales componentes. “La baja del GLP será real, pero desigual. El propano corregirá más; el butano conservará una prima vinculada a la demanda residencial y a la recomposición de inventarios asiáticos”, indica.

Paz no significa abundancia

Para Carnicer, una de las principales enseñanzas que deja la crisis es que los mercados energéticos distinguen claramente entre el riesgo político y la disponibilidad física de la energía.

“La lección principal es que el mercado energético diferencia entre riesgo político y disponibilidad física”, afirma.

En esa línea, remarca que una solución diplomática puede reducir rápidamente la prima de guerra, pero no reconstruye de inmediato la capacidad logística ni elimina las necesidades de abastecimiento preventivo.

“Una solución diplomática puede reducir de inmediato la prima de guerra. Pero no recrea inventarios, no libera automáticamente capacidad logística, no recompone contratos ni elimina la necesidad de compras preventivas antes del invierno”, explica.

En este escenario, Carnicer considera que Argentina mantiene una oportunidad estratégica para consolidarse como proveedor confiable de energía en los próximos años.

“Si la crisis mostró algo, es que la seguridad de suministro tiene valor económico. Los compradores no solo miran precio: miran origen, riesgo geopolítico, confiabilidad contractual, infraestructura y continuidad operativa”, señala.

En particular, destaca el potencial de Vaca Muerta como una fuente relevante para diversificar el abastecimiento energético mundial. No obstante, aclara que ese proceso dependerá de inversiones en infraestructura, almacenamiento, puertos y capacidad exportadora.

Una reconstrucción que llevará tiempo

En la conclusión de su análisis, Carnicer sostiene que una eventual paz cambiaría la velocidad y la magnitud de los ajustes de mercado, pero no eliminaría los efectos acumulados durante el conflicto.

“El mercado deja atrás el miedo al cierre total de Ormuz, pero entra en otra etapa: la de reconstruir inventarios y confianza”, afirma.

Y sintetiza el escenario con una definición contundente: “En energía, la paz no siempre significa precios bajos. Muchas veces significa precios menos extremos, pero todavía condicionados por la memoria física de la crisis: tanques vaciados, contratos tensionados y compradores que aprendieron que la seguridad de suministro también se paga”. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar