El cobre se consolida como uno de los minerales estratégicos del siglo XXI. Es fundamental para la construcción, la industria, el transporte y los sistemas eléctricos, pero también para tecnologías emergentes como los vehículos eléctricos, las energías renovables, la inteligencia artificial y los centros de datos.
Según un informe de la Secretaría de Minería de la Nación sobre el mercado internacional del cobre, la demanda global alcanzó en 2024 las 28,6 millones de toneladas y podría crecer un 30% hacia 2035. China explica cerca del 60% de ese consumo y lidera además la producción de cobre fundido y refinado a nivel mundial.
La oferta, sin embargo, enfrenta restricciones. En la próxima década se prevé un déficit creciente en los mercados de concentrado y cobre refinado, lo que podría sostener precios elevados. En los últimos diez años, la libra de cobre pasó de U$S 2,5 a U$S 4,2, y las proyecciones indican un promedio cercano a los U$S 4,8 entre 2025 y 2035.
En ese escenario, Argentina busca reinsertarse en el mercado global tras el cierre de Bajo Alumbrera en 2018. El país cuenta con nueve proyectos cupríferos en etapas avanzadas, ubicados principalmente en San Juan, Catamarca y Salta, con inversiones estimadas por más de U$S 28.000 millones.

Si esas iniciativas avanzan, la producción nacional podría superar 1,5 millones de toneladas anuales hacia 2035, lo que implicaría cerca del 6,1% de la producción mundial. En paralelo, las exportaciones de cobre podrían escalar hasta los U$S 17.700 millones anuales.
El potencial geológico también es significativo. Argentina posee recursos estimados en más de 115 millones de toneladas de cobre y reservas por 17,2 millones de toneladas, cerca del 1,8% del total mundial. Además, el presupuesto exploratorio creció con fuerza en los últimos años: en 2024 alcanzó los U$S 200 millones, casi el doble que en 2023.
Sin embargo, el desarrollo del sector enfrenta desafíos. La minería cuprífera requiere grandes inversiones en infraestructura logística y energética, desde rutas y ferrocarriles hasta líneas de alta tensión y gasoductos. También demanda procesos industriales capaces de movilizar enormes volúmenes de material: para producir una tonelada de cobre refinado es necesario extraer y procesar en promedio unas 510 toneladas de roca.
En un contexto de demanda global creciente y oferta limitada, el informe señala que el país tiene una oportunidad estratégica para convertirse en un proveedor relevante de concentrados y cátodos de cobre en las próximas décadas. La clave estará en concretar inversiones, ampliar la exploración y desarrollar infraestructura que permita transformar ese potencial geológico en producción y exportaciones.