Oportunidad estratégica

Carbono en la mira: Argentina puede ganar en un mercado más exigente y menos indulgente

La geopolítica, el clima, el capital y la energía reordenan las decisiones empresarias a nivel global. Para el país, 2026 abre un escenario de riesgos crecientes, pero también de oportunidades concretas, financiamiento sostenible, cadenas de valor y energía.

Gracias a su biodiversidad y a su balance positivo de carbono, el país podría generar más de U$S 9.000 millones en el mercado de créditos de carbono
Gracias a su biodiversidad y a su balance positivo de carbono, el país podría generar más de U$S 9.000 millones en el mercado de créditos de carbono (Archivo)

La sustentabilidad dejó de ser un discurso aspiracional para convertirse en una herramienta central de gestión del riesgo. De cara a 2026, las empresas operan en un contexto marcado por la inestabilidad geopolítica, la presión sobre el capital, la transición energética y el avance acelerado de nuevas tecnologías. Ese escenario redefine prioridades, inversiones y modelos de negocio, con impactos directos sobre la Argentina.

Según el análisis de Business & Sustainability, consultora especializada en sustentabilidad corporativa, el principal cambio de fondo es que los factores sociales, ambientales y políticos pasaron a influir de manera directa en el acceso al capital, la continuidad operativa y la competitividad de las empresas.

En un contexto global atravesado por la volatilidad geopolítica y la presión sobre la competitividad de sectores intensivos en emisiones, la sustentabilidad dejó de medirse por compromisos declarativos. El foco pasó a estar en herramientas concretas, trazables y disponibles para actuar en el corto plazo, en un mercado que además enfrenta un nivel de escrutinio regulatorio y de inversores cada vez mayor.



Se estima que los mercados de carbono podrían crecer hasta 12 veces para 2030 y hasta 83 veces para 2050.
Se estima que los mercados de carbono podrían crecer hasta 12 veces para 2030 y hasta 83 veces para 2050.

En ese escenario, los créditos de carbono se consolidan como una herramienta de transición clave para industrias como energía, minería o logística. Permiten avanzar en la gestión de emisiones sin afectar la competitividad mientras se construyen procesos de descarbonización de largo plazo. A nivel global, este mercado moviliza cerca de U$S 100.000 millones anuales, con estándares de calidad y verificación cada vez más exigentes.

Argentina aparece como una oportunidad concreta. El potencial es enorme para un país que posee una abundante riqueza en recursos forestales -más de 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales y casi 54 millones de hectáreas de bosques nativos según la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo del Ministerio de Economía- que pueden ser protegidos y promovidos a partir de créditos de carbono verificados en el mercado local e internacional.



Gracias a su biodiversidad y a su balance positivo de carbono, el país podría generar más de U$S 9.000 millones en el mercado de créditos de carbono, posicionándose como un proveedor relevante de soluciones de compensación de alta integridad en un contexto donde la credibilidad del activo es clave.

"En un mercado cada vez más observado, la oportunidad está en desarrollar proyectos de carbono bien diseñados, con trazabilidad y estándares robustos", señala Lucas Peverelli, socio de Business & Sustainability. "Ese mayor escrutinio no es una barrera, sino una ventaja para países como Argentina, que pueden ofrecer créditos de calidad y con impacto real".

El giro político en Estados Unidos durante 2025, con el retroceso de la agenda ESG y la salida del Acuerdo de París, aceleró una tendencia que ya estaba en marcha: la sustentabilidad ya no se evalúa por compromisos públicos, sino por la capacidad real de anticipar riesgos. Eventos climáticos extremos, escasez de agua, fragilidad de infraestructuras críticas y dependencia energética de regiones inestables se convirtieron en variables centrales para la toma de decisiones.



Las finanzas sostenibles aparecen como otro vector central. A pesar de la volatilidad global, la emisión de bonos verdes, sociales y sustentables superó el billón de dólares a nivel mundial. En el plano local, incluso en años de fuerte inestabilidad macroeconómica, el mercado mostró dinamismo, con créditos, bonos y fondos de impacto que movilizaron más de U$S 4.000 millones.

Hacia 2026, si se consolida el ordenamiento macroeconómico y mejora el perfil de riesgo país, el ingreso de capital internacional podría acelerarse. Ese flujo, advierten desde la consultora, llegará acompañado de mayores exigencias en materia ambiental, social y de gobernanza, lo que abre una ventaja competitiva para las empresas que ya integraron estos criterios a su estrategia.

Más allá del financiamiento, comienza a ganar espacio un cambio conceptual: la transición desde la mitigación hacia la regeneración. En sectores vinculados al uso del suelo, la producción de alimentos, la energía y los recursos naturales, emergen modelos que buscan no solo reducir impactos, sino generar beneficios ambientales y sociales netos. 



Para un país con base productiva primaria como Argentina, esta tendencia abre una vía para articular producción, desarrollo territorial y valor ambiental.

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