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Bioetanol y Vaca Muerta: el binomio estratégico para maximizar las divisas

El incremento del corte no puede ser una respuesta reactiva a la urgencia de los surtidores; debe ser una estrategia orientada a diversificar la matriz, potenciar el desarrollo federal y consolidar una huella de carbono competitiva para nuestras exportaciones.

Por qué el bioetanol puede ser el negocio que le falta a Vaca Muerta
Por qué el bioetanol puede ser el negocio que le falta a Vaca Muerta EE

El prejuicio de la "nafta diluida" ha funcionado, durante años, como un techo invisible para la optimización de la balanza energética argentina. Lo que a menudo se reduce a un debate técnico sobre el octanaje es, en rigor, una discusión omitida sobre la eficiencia macroeconómica. La reciente decisión de la Secretaría de Energía de elevar el límite de contenido de oxígeno en las naftas —lo que en la práctica habilita el incremento del corte de bioetanol del 12% al 15%— no debe gestionarse como un parche ante la volatilidad de los precios. Debe ser el punto de partida de una política de Estado que integre al bioetanol como el socio estratégico que permite a Vaca Muerta maximizar su saldo exportador.

El verdadero debate no es técnico, sino de economía política. El incremento del corte no puede ser una respuesta reactiva a la urgencia de los surtidores; debe ser una estrategia orientada a diversificar la matriz, potenciar el desarrollo federal y consolidar una huella de carbono competitiva para nuestras exportaciones.

El espejo brasileño: de la crisis a la flexibilidad

Para dimensionar el potencial de esta industria, es imperativo mirar a Brasil. Su programa Proálcool no fue una medida de emergencia, sino la piedra angular de una transformación productiva de largo aliento. La clave reside en la flexibilidad: la masificación de los motores flex-fuel le otorgó al consumidor el poder de arbitrar en el surtidor y al Estado un estabilizador macroeconómico permanente.



Argentina, que comparte un polo automotriz integrado con su vecino, tiene la tecnología al alcance de la mano. Solo resta la decisión política para homologar motores que ya se fabrican en la región y que aportarían una resiliencia inédita ante los shocks externos del mercado del crudo.

bioetanol
 

Vaca Muerta y el costo de oportunidad

Con exportaciones energéticas proyectadas entre US$ 14.000 y US$ 17.000 millones para este 2026, motorizadas por Vaca Muerta, surge una pregunta recurrente: ¿para qué fomentar biocombustibles si nos sobra crudo? La respuesta reside en el costo de oportunidad.



Con un barril de Brent en niveles elevados por tensiones globales, cada metro cúbico de bioetanol producido localmente libera un excedente de crudo de alta calidad para ser colocado en el mercado internacional a precios de exportación. Según estimaciones del sector, el uso de bioetanol ya genera un ahorro de divisas superior a los US$ 600 millones anuales. El bioetanol no compite con los hidrocarburos; es la herramienta que permite exportar más energía fósil al mundo.

Desarrollo federal y sustentabilidad

Más allá de las divisas, el impacto es territorial. El bioetanol es un caso testigo de agregado de valor en origen. Procesar biomasa en Córdoba, Santa Fe, Tucumán y Salta evita el flete de granos crudos hacia los puertos, optimizando la logística y dinamizando las economías regionales con empleo calificado. A esto se suma el activo ambiental: con una de las huellas de carbono más bajas a nivel global, el bioetanol argentino es central para que nuestra matriz energética cumpla con las exigencias de descarbonización de los mercados más exigentes.

Hacia una nueva Ley de Biocombustibles

Para consolidar este rumbo, la Argentina requiere una nueva Ley de Biocombustibles. No se puede gestionar una industria de capital intensivo mediante flexibilizaciones de corte que responden a la coyuntura del mes. Se necesita un marco normativo que brinde previsibilidad a inversiones estimadas en más de US$ 600 millones para nuevas plantas y que incentive a las terminales automotrices a adoptar tecnologías versátiles.



Superar el mito de la "nafta diluida" es el primer paso para comprender que nuestra soberanía energética no depende solo de la riqueza del subsuelo, sino de la inteligencia con la que transformamos los recursos sobre él.

 

Pereira es Investigador senior del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones (CIG) de la Universidad Austral



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