Análisis

Vaca Muerta y el desafío pendiente: transformar inversión en desarrollo

La historia económica demuestra que exportar más no siempre implica desarrollarse más.
09-06-2026
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Por Jorge Scian y Jorge Kehiayan 

La Argentina está frente a una oportunidad que difícilmente se repita. Vaca Muerta, el litio y el cobre pueden convertir al país en uno de los principales exportadores de recursos naturales del mundo y generar un flujo de divisas capaz de modificar significativamente su ecuación macroeconómica.

Sin embargo, la historia económica demuestra que exportar más no siempre implica desarrollarse más.

Unos trabajan de trueno y es para otro la llovida

Guyana es probablemente el ejemplo más reciente. El descubrimiento de petróleo multiplicó sus exportaciones, fortaleció sus reservas y aceleró su crecimiento económico. Desde 2019 el PBI per cápita se multiplicó por 4: pasó de US$ 7.000 a US$ 29.884 en 2026. El fondo soberano acumuló US$ 6.200 millones en ingresos petroleros. Pero la pobreza no bajó: según el BID 2025, el 58% de la población vive con menos de US$ 6,85 por día y el 32% en pobreza extrema. Más dólares, más PBI, y sin embargo la pobreza subió del 48,4% al 58%.

Perú transitó un camino similar impulsado por la minería. Las exportaciones mineras cerraron 2025 en récord histórico: US$ 62.848 millones, 67,5% del total exportado. Cobre y oro solos explicaron el 83% de ese valor. Pero el derrame es lento: la pobreza monetaria era 59% en 2004, bajó a 24% en 2013 durante el boom, y 20 años después, pese al récord de US$ 62.848 millones, solo llegó a 25,7% en 2025. 70% de los peruanos sigue siendo pobre o vulnerable a caer.

Ambos casos muestran que los recursos naturales pueden mejorar indicadores macroeconómicos, pero también evidencian una limitación: cuando no existen políticas orientadas a desarrollar capacidades productivas locales, gran parte de la riqueza generada queda concentrada en la actividad extractiva, con escasa capacidad para transformar estructuralmente la economía.

Ese es precisamente el riesgo que enfrenta Argentina: convertir Vaca Muerta en una economía de enclave.

La discusión es especialmente relevante porque el país se encuentra en pleno proceso de atracción de inversiones. Los proyectos aprobados bajo el RIGI ya representan cerca de US$ 100.000 millones, distribuidos principalmente entre petróleo, gas y minería. Generar estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica y previsibilidad regulatoria es indispensable para que esos capitales lleguen. Sin inversión no hay crecimiento posible.

Pero la experiencia internacional demuestra que atraer inversiones y generar desarrollo son objetivos relacionados, aunque no equivalentes. Guyana y Perú lo prueban con datos: una atrajo US$ 6.200 millones y la pobreza subió; la otra bate récord tras récord y 7 de cada 10 siguen vulnerables.

La inversión constituye el punto de partida. El desarrollo depende de la capacidad de construir entramados productivos alrededor de ella.

Australia, Canadá y Noruega no se desarrollaron únicamente porque disponían de recursos naturales abundantes. Lo hicieron porque lograron convertir esos recursos en plataformas para crear proveedores especializados, capacidades tecnológicas, empleo calificado, infraestructura, innovación y conocimiento exportable.

Argentina cuenta con una ventaja que muchas veces se subestima: no parte desde cero. Posee décadas de experiencia industrial, empresas proveedoras con trayectoria internacional, capacidades de ingeniería reconocidas y una red productiva construida a lo largo de generaciones. El desafío consiste en integrar ese capital existente a la expansión de los sectores extractivos para maximizar el impacto económico de cada dólar invertido.

Para ello resulta fundamental involucrar a la cadena de valor desde las etapas tempranas de los proyectos, generar horizontes de contratación de largo plazo, otorgar previsibilidad a la demanda e impulsar mecanismos de articulación entre operadores, proveedores, universidades y centros tecnológicos. El objetivo no debe ser únicamente aumentar el contenido local, sino desarrollar capacidades que permitan competir dentro y fuera del país.

La competitividad es otro componente central de esta discusión. Argentina necesita vender a precios internacionales, pero para lograrlo de forma sostenible también debe construir costos internacionales. Cuando la competitividad se busca únicamente mediante la compresión de márgenes, se termina debilitando la capacidad de reinversión, innovación y crecimiento de las empresas que forman parte del ecosistema productivo. La competitividad genuina surge de mayores niveles de productividad, escala, tecnología e infraestructura.

La urgencia de este debate es aún mayor si se considera que Argentina continúa rezagada en materia de inversión extranjera directa respecto de las principales economías de la región. La llegada de nuevos capitales es una condición necesaria para acelerar el crecimiento, pero no garantiza por sí sola un proceso de desarrollo sostenible.

La verdadera medida del éxito no será la cantidad de barriles exportados, las toneladas producidas o el saldo de la balanza comercial. Tampoco el volumen de inversiones anunciadas. La medida será si logramos aprender del destino de Guyana y Perú para que tanta inversión sirva para fortalecer la cadena de proveedores locales existentes, generar empleos calificados, lograr empresas competitivas y con capacidad exportadora y el desarrollo que debe lograr todo el ecosistema científico - tecnológico.

El resultado deberá medirse por la cantidad de empresas que logren crecer alrededor de esos proyectos, los empleos de calidad que se generen, el conocimiento que permanezca en el país y las capacidades productivas que puedan sostenerse mucho después de que los ciclos de inversión hayan concluido.

La Argentina tiene por delante una oportunidad extraordinaria. Aprovecharla requerirá abandonar las discusiones pendulares que históricamente enfrentaron apertura contra protección, mercado contra industria o inversión extranjera contra desarrollo nacional. Los países que lograron transformar sus recursos naturales en prosperidad sostenida no eligieron entre una cosa y la otra: construyeron políticas de largo plazo capaces de articularlas.

Vaca Muerta puede aportar los recursos. El desarrollo dependerá de lo que el país sea capaz de construir alrededor de ellos. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar