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¿Congelar óvulos puede reducir las chances de ser madre? La paradoja que plantea un exfuncionario de Sturzenegger

Martín Rossi desarrolló un modelo que desafía la intuición: disponer de más tiempo biológico puede elevar las exigencias, postergar el primer hijo y, bajo ciertas condiciones, achicar la familia.
Congelar óvulos puede elevar las exigencias, postergar la maternidad y, bajo ciertas condiciones, reducir la cantidad de hijos. EE
25-07-2026
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Imaginemos a una mujer que quiere ser madre, tiene una buena relación de pareja, pero todavía no alcanzó la estabilidad laboral que busca. Decide esperar.

Algunos años después consigue el trabajo, el ingreso y la seguridad económica que deseaba. Sin embargo, aquella relación se terminó. El reloj profesional mejoró, pero el afectivo volvió a empezar.

¿Qué ocurriría si la ciencia pudiera quitar de esa ecuación una parte de la presión biológica? El sentido común sugiere que disponer de más tiempo debería aumentar las probabilidades de tener hijos. Pero un nuevo trabajo del economista argentino Martín Rossi plantea una posibilidad mucho menos intuitiva: en determinadas circunstancias, más tiempo podría producir exactamente el resultado contrario.

El documento de trabajo N°181 de la Universidad de San Andrés, titulado Relaxing the Biological Clock: Can More Time Reduce Fertility?, analiza cómo el congelamiento de óvulos modifica los incentivos alrededor de la maternidad.

Rossi es doctor en Economía por la Universidad de Oxford, profesor plenario y exvicerrector de la Universidad de San Andrés. También trabajó con Federico Sturzenegger dentro del Gobierno de Javier Milei: fue secretario de Simplificación del Estado y luego secretario de Desregulación hasta septiembre de 2025, cuando se oficializó su salida del ministerio.

Su nuevo paper no estudia la fertilidad desde la medicina, sino desde la economía de las decisiones. La pregunta central es tan sencilla como incómoda: ¿qué pasa cuando una tecnología reduce el costo de esperar?

Nuevo paper de Martín Rossi. - EE

La maternidad exige que varios relojes coincidan

La decisión de tener un hijo no depende únicamente de la fertilidad biológica. Para muchas mujeres supone alinear, al mismo tiempo, distintas dimensiones de la vida.

Hace falta sentir que existe una pareja adecuada o una red de apoyo suficiente. También pueden pesar el empleo, los ingresos, la vivienda, la salud, el desarrollo profesional y la sensación, profundamente personal, de estar preparada.

El problema es que esas condiciones no siempre avanzan juntas.

Puede existir una pareja estable cuando la situación económica es frágil. La estabilidad laboral puede llegar cuando la relación atraviesa una crisis. El deseo puede aparecer antes que los recursos o los recursos pueden consolidarse cuando el contexto afectivo ya cambió.

El modelo de Rossi trata a la maternidad como una decisión irreversible tomada en un escenario de incertidumbre. En cada momento existe una combinación particular de condiciones personales, económicas y afectivas. La persona debe elegir entre actuar con las circunstancias disponibles o esperar una combinación mejor.

Pero esperar no significa conservar todo lo bueno del presente mientras se corrige lo que falta. Las parejas pueden separarse, los empleos pueden perderse, las preferencias pueden cambiar y las redes de apoyo pueden debilitarse.

Ese es el punto de partida de la paradoja.

Qué cambia al congelar óvulos

El congelamiento de óvulos puede funcionar como una forma de seguro frente al deterioro de la fertilidad asociado con la edad. No elimina el reloj biológico, pero busca extender el horizonte reproductivo y preservar una posibilidad para el futuro.

Desde el punto de vista económico, esa tecnología aumenta lo que Rossi denomina el "valor de continuar esperando".

Cuando el tiempo biológico apremia, una mujer puede decidir avanzar con condiciones buenas, aunque no perfectas. Si esa presión disminuye, esperar parece menos costoso. Todavía podría aparecer una pareja más compatible, un mejor empleo, una vivienda más grande o una mayor sensación de seguridad.

El resultado es un aumento del "umbral de decisión": las condiciones mínimas necesarias para elegir la maternidad se vuelven más exigentes.

No se trata necesariamente de indecisión, procrastinación o una percepción equivocada. En el modelo, las personas son plenamente racionales. Postergan porque, al reducirse un riesgo, esperar adquiere más valor.

La lógica es conocida en economía como el valor de la opción. Ante una decisión irreversible y un futuro incierto, conservar la posibilidad de decidir más adelante tiene valor. Cuanto más seguro parece ese futuro, mayor puede ser la tentación racional de no actuar todavía.

El economista Martín Rossi

La trampa del momento perfecto

El congelamiento de óvulos protege —de manera imperfecta— frente a un riesgo específico: la pérdida de capacidad reproductiva. Pero no puede congelar el resto de las condiciones necesarias para formar una familia.

No conserva una relación de pareja, no garantiza estabilidad laboral, no impide una crisis económica y tampoco detiene otros cambios físicos, emocionales o familiares vinculados con la edad.

Por eso, reducir el riesgo biológico puede aumentar la exposición a todos los demás riesgos.

Una mujer que dispone de más tiempo puede elevar razonablemente sus exigencias y esperar una combinación superior. Sin embargo, durante esa espera puede perder algunas de las condiciones favorables que ya tenía.

La tecnología, entonces, abre una posibilidad, pero también puede alimentar la búsqueda de una alineación perfecta que quizá nunca llegue.

El fenómeno no implica que las mujeres dejen de querer tener hijos. El deseo puede permanecer intacto. Lo que cambia es el momento en el cual las circunstancias parecen suficientemente buenas para transformar ese deseo en una decisión.

Cómo funciona el modelo de Martín Rossi

Rossi construye un modelo dinámico con un horizonte limitado. En cada período, la persona observa su situación de pareja y sus condiciones económicas. Luego debe decidir si inicia la maternidad o espera.

Si decide esperar, enfrenta dos posibilidades: que en el futuro aparezca una combinación mejor o que alguna ventana se cierre antes de que esa combinación llegue.

El acceso al congelamiento de óvulos reduce el riesgo de infertilidad irreversible. Como consecuencia, aumenta el atractivo de esperar y disminuye la cantidad de situaciones en las que la persona considera conveniente tener un hijo inmediatamente.

El paper demuestra que existen combinaciones posibles de esos factores en las cuales el resultado final es una menor probabilidad de tener un primer hijo.

El mecanismo puede entenderse con un ejemplo sencillo. Sin una extensión del horizonte biológico, una persona podría aceptar hoy una situación que considera suficientemente buena para no arriesgarse a perder por completo la posibilidad de ser madre.

Con más tiempo disponible, en cambio, puede rechazar esas mismas condiciones y esperar una alternativa mejor. Si esa alternativa no aparece, o si durante la espera se deteriora la pareja, el empleo u otra dimensión importante, la maternidad finalmente puede no comenzar.

La tecnología no redujo biológicamente la fertilidad. Lo que cambió fue la decisión óptima frente al tiempo y la incertidumbre.

El efecto también podría llegar al segundo hijo

La paradoja no termina en la probabilidad de tener un primer hijo.

Si el inicio de la maternidad se posterga, también se comprime el período disponible para tener un segundo o un tercer hijo. Incluso si la primera maternidad finalmente ocurre, puede quedar menos tiempo para ampliar la familia.

El modelo muestra que, bajo determinadas condiciones, el congelamiento de óvulos podría reducir la "fertilidad completada": la cantidad total de hijos que una persona tiene a lo largo de su vida.

Esto puede ocurrir por dos canales. El primero es que algunas mujeres nunca alcancen el nuevo umbral, más elevado, requerido para comenzar. El segundo es que aquellas que sí tienen un primer hijo lo hagan más tarde y enfrenten mayores restricciones para tener los siguientes.

Otra vez, Rossi no sostiene que este desenlace sea inevitable. Demuestra que es posible y establece las condiciones bajo las cuales podría aparecer.

Qué debería observarse en la vida real

El trabajo deja varias predicciones que podrían contrastarse con datos.

  1. La primera es una postergación de la edad del primer hijo entre las mujeres que finalmente inician la maternidad.
  2. La segunda es una mayor selectividad. Si el mecanismo funciona, las mujeres con acceso al congelamiento de óvulos deberían tener su primer hijo bajo condiciones observables más favorables: relaciones más estables, mayor seguridad económica o una posición laboral más consolidada.
  3. La tercera es que el efecto debería ser más intenso en entornos donde las relaciones de pareja son menos persistentes, el mercado laboral es más inestable o las demás condiciones necesarias para tener hijos empeoran con la edad.
  4. Finalmente, podría observarse una caída en la proporción de mujeres que pasan del primer hijo al segundo, debido a que el comienzo más tardío reduce la ventana disponible.

Probar estas hipótesis no será sencillo. Las mujeres que deciden congelar óvulos no son necesariamente comparables con aquellas que no lo hacen. Pueden diferenciarse en sus ingresos, educación, preferencias, carrera y proyectos familiares.

Por eso, el propio paper advierte que una evaluación causal necesitaría cambios externos en el acceso o el costo de la tecnología, como nuevas coberturas médicas, regulaciones, beneficios laborales o aperturas de clínicas.

Una aclaración central: el paper no prueba que suceda

El trabajo de Rossi es un modelo teórico. No presenta evidencia causal que demuestre que las mujeres que congelan óvulos terminan teniendo menos hijos.

Tampoco afirma que la tecnología sea perjudicial o que reduzca la fertilidad desde el punto de vista médico. Su contribución consiste en cuestionar la idea de que ampliar el horizonte reproductivo necesariamente aumenta la cantidad de nacimientos.

El efecto real dependerá de la eficacia percibida de la tecnología, la edad, la estabilidad de las parejas, las condiciones económicas, los proyectos personales y muchos otros factores.

Además, el congelamiento de óvulos ofrece una posibilidad, no una garantía. La autoridad británica de fertilización y embriología, la Human Fertilisation and Embryology Authority, remarcó en 2026 que el procedimiento no debe presentarse como una certeza de tener un hijo en el futuro.

Los datos británicos ilustran la distancia entre preservar una opción y utilizarla: en 2023 se realizaron casi 7.000 ciclos de congelamiento, frente a unos 700 ciclos en los que se descongelaron óvulos para intentar un tratamiento. No se trata de una tasa de retorno —porque son grupos y momentos diferentes—, pero sí refleja que guardar una posibilidad no equivale necesariamente a ejercerla.

Cuando tener más opciones hace más difícil elegir

La conclusión del paper trasciende el debate sobre fertilidad.

Una opción adicional suele interpretarse como una mejora inequívoca. Sin embargo, cuando una decisión es irreversible, depende de varias condiciones y debe tomarse dentro de un plazo limitado, reducir una restricción puede elevar tanto las exigencias que finalmente disminuya la probabilidad de actuar.

El congelamiento de óvulos puede brindar autonomía, tranquilidad y oportunidades reales a muchas mujeres. Pero también puede modificar la forma en que se evalúa el presente frente al futuro.

La paradoja planteada por Rossi no es que la ciencia quite tiempo, sino que el tiempo extra puede cambiar los incentivos. Al disminuir la urgencia biológica, la persona puede esperar una pareja, una carrera y una situación económica ideales.

El problema es que la ciencia puede ayudar a preservar óvulos, pero no puede conservar intacto todo lo demás.

Más tiempo amplía las opciones. Y, bajo determinadas condiciones, esa misma abundancia de opciones puede hacer que el momento elegido nunca llegue.

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