Novedades

Superar la restricción externa no alcanza: el desafío de reconstruir la moneda

Una nueva Carta Orgánica del Banco Central para recuperar la confianza, el ahorro y el crédito de largo plazo.
Compartir

Durante décadas, la restricción externa fue considerada el principal límite al desarrollo argentino. La explicación era conocida: cada ciclo de crecimiento aumentaba la demanda de divisas, las importaciones crecían más rápido que las exportaciones, aparecía la escasez de dólares y finalmente llegaba una nueva crisis cambiaria.

Ese fenómeno condicionó la trayectoria económica del país durante gran parte del último siglo. La falta de divisas no solo limitó el crecimiento, sino que también afectó la inversión, el empleo y la posibilidad de construir un proceso sostenido de desarrollo productivo.

Sin embargo, Argentina enfrenta hoy una oportunidad diferente. Por primera vez en muchas décadas, existe la posibilidad de modificar estructuralmente su capacidad de generación de dólares. Vaca Muerta, la minería del cobre y el litio, un sector agropecuario con enorme potencial y una mayor integración internacional pueden transformar la matriz exportadora argentina durante los próximos años.

Si este proceso se consolida, el país podría superar una de sus restricciones históricas: la insuficiente generación de divisas.

Pero sería un error concluir que el problema cambiario argentino está resuelto.

La restricción externa explica la dificultad de generar dólares desde el lado de la oferta. Sin embargo, la experiencia argentina muestra que existe otra dimensión del problema: la dificultad para retenerlos.

Durante décadas, la inflación crónica, las sucesivas devaluaciones, el financiamiento monetario del déficit fiscal, los cambios permanentes de reglas y las restricciones cambiarias destruyeron la confianza en el peso. Como consecuencia, la dolarización del ahorro y la formación de activos externos dejaron de ser comportamientos excepcionales para convertirse en un rasgo estructural de la economía argentina.

Por eso, incluso en un escenario donde las exportaciones aumenten significativamente, la demanda privada de dólares puede continuar siendo elevada si los argentinos siguen percibiendo al peso como un activo incapaz de preservar valor.

Es aquí donde aparece un concepto que merece incorporarse al debate económico: la restricción interna.

Mientras la restricción externa refleja la incapacidad de una economía para generar suficientes divisas, la restricción interna refleja la dificultad para conservarlas dentro del sistema económico nacional. No es un problema de recursos naturales ni de capacidad productiva; es un problema de confianza.

Argentina puede convertirse en un gran exportador de energía, minerales y alimentos y, al mismo tiempo, seguir enfrentando tensiones cambiarias si no logra reconstruir una moneda que funcione como reserva de valor.

Por eso, la solución no puede reducirse a administrar el mercado cambiario mediante controles. Los cepos pueden contener temporalmente la demanda de dólares, pero no resuelven las causas profundas del problema. Son una herramienta de administración de la escasez, no un mecanismo para generar confianza.

Además, los controles cambiarios suelen generar efectos contraproducentes sobre la propia capacidad exportadora: dificultan el acceso a insumos importados, encarecen procesos productivos, desalientan inversiones y reducen la competitividad de sectores que necesitan integrarse al mundo para crecer.

El desafío de la próxima etapa no será solamente generar más dólares. Será lograr que esos dólares se transformen en ahorro, inversión y desarrollo dentro del país.

Para eso Argentina necesita reconstruir su moneda. Una moneda estable no surge únicamente de una menor inflación coyuntural. Requiere instituciones que garanticen previsibilidad y confianza. En ese sentido, una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central constituye una herramienta fundamental para fortalecer su independencia y establecer como objetivo prioritario la preservación del valor de la moneda.

Un Banco Central independiente no implica aislar la política monetaria del desarrollo económico. Por el contrario, implica construir la base necesaria para que exista un sistema financiero capaz de acompañar el crecimiento. Cuando una sociedad confía en su moneda, ahorra en ella; cuando existe ahorro doméstico, puede desarrollarse el crédito; y cuando existe crédito de largo plazo, las empresas pueden invertir, innovar y expandirse.

La ausencia de una moneda confiable fue uno de los grandes obstáculos para construir un mercado de capitales profundo en Argentina. Sin instrumentos de ahorro en moneda nacional, el financiamiento productivo queda limitado y las empresas dependen excesivamente del capital propio o del financiamiento externo.

El desarrollo argentino necesita resolver simultáneamente dos desafíos. Por un lado, aprovechar la oportunidad histórica que representan los recursos naturales y aumentar la generación de divisas. Por otro, construir las instituciones monetarias y financieras que permitan transformar esa riqueza en inversión productiva.

Durante décadas, la pregunta fue cómo conseguir más dólares. En la próxima etapa, la pregunta será cómo lograr que esos dólares permanezcan en Argentina y financien su desarrollo.

Superar la restricción externa será un paso enorme. Pero no será suficiente.

La verdadera transformación llegará cuando los argentinos vuelvan a confiar en su moneda, cuando el peso vuelva a ser una herramienta de ahorro y cuando el sistema financiero pueda canalizar ese ahorro hacia la inversión.

Porque el desarrollo no comienza únicamente cuando ingresan más divisas. Comienza cuando una sociedad recupera la confianza en sus propias instituciones y decide invertir su futuro en ellas. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar