Terminaba la entrevista del domingo 5 de abril con Luis Majul y la curiosidad llevaba directo a las redes. Revisamos unos 180 comentarios en Instagram, Facebook y TikTok. El resultado fue homogéneo: indignación, ironía y acusaciones de privilegio y corrupción. La casta no se crea ni se destruye. Solo se transforma.
En X el tono es más agresivo y viral. En Instagram abundan los memes y el humor negro. En TikTok, la ironía es más fina: "¿Cómo es que ellos sí y yo no?".
Sin embargo, al día siguiente no pasó nada en los mercados. El dólar se mantuvo estable. Los bonos respondieron bien. El riesgo país ni se movió. Al mercado no le importa que el ministro diga "basuras humanas" o que lleve un detente del Sagrado Corazón para defenderse de la envidia.
Así las cosas, la comunicación puede estar sobrevalorada. Al menos en política económica. Diseños de mensajes, narrativas sofisticadas y gestión de crisis pesan relativamente. Al final, lo que cuenta es que el mercado no pierda la confianza. Y, en última instancia, cuánta gente ve el mundo de una forma, cuánta lo ve de otra y quién gana esa pulseada. Es decir, el resultado electoral.
La entrevista con Majul dejó cuatro instantes reveladores.
- Sobreexposición. Un ministro de Economía debería poder hablar con tranquilidad de cómo van las cosas, sobre todo cuando la tapa de un diario dice que las cosas van mal. En plena crisis por los créditos hipotecarios del Banco Nación a funcionarios, Caputo tenía poco margen para lucirse con sus brillantes datos. Y ni siquiera dedicó más de medio minuto a la segunda o tercera preocupación de los argentinos: el salario y el empleo.
- Palabras peligrosas. "Nada ilegal ni inmoral". Esa frase dominó los titulares en minutos. Podría haber dicho "todo correcto" o "no hay irregularidades". Prefirió hablar de legalidad. Y eso tiene sus riesgos. De todas formas, cuando alguna denuncia prospere —si es que prospera—, sus palabras ya solo vivirán en la memoria de la inteligencia artificial.
- Precedent framing. Cuando le preguntaron por el caso Adorni, Caputo recurrió a una vieja técnica: recuperar un episodio del pasado que destacó por ser mentira y, por analogía, sugerir que el hecho del presente también lo es. Hablábamos de Adorni y terminamos hablando del intento de atentado contra Cristina Kirchner y las menciones a la familia de Caputo. Una táctica que "se nota muuucho".
- Incertidumbre y riesgo K. Mientras la gente digería lo de los créditos, Caputo abrió otra ventana: "Nueve de cada diez personas a las que les preguntás por qué no llevan su plata al banco dicen que es por miedo a que vuelva el kirchnerismo". Su intención era transmitir "probabilidad cero". Lo que quedó fue otra cosa: que el riesgo kirchnerista sigue siendo muy real para la mayoría.
Cualquier riesgo electoral no viene solo de los datos económicos. Viene de las percepciones. Los datos son grandes agregados. Las percepciones son individuales y son las que pesan al poner el voto en la urna.
Si la conversación del Gobierno con los ciudadanos se llena de palabras que se convierten en tiros en los pies, si suma incertidumbres en lugar de alimentar sueños de prosperidad, si usa tácticas obvias desfiguran la autenticidad que enamoró a los votantes de Milei, el riesgo no vendrá de los kukas. Vendrá de los propios.
El ex Presidente norteamericano Joe Biden afirmaba que los datos eran contundentes y la inflación había bajado. Pero la gente no lo sentía. Y después pasó lo que pasó.
Carlos Celaya es consultor de comunicación. Autor del Newsletter Asunto: https://substack.com/@carloscelaya