Un enfoque monetario sobre la politica economica: hacia dónde vamos
Por Guillermo N. Toranzos Torino (*)
El actual gobierno ha llevado a cabo una serie de medidas económicas tendientes a eliminar la inflación. La mayoría están relacionadas con la reducción del gasto público y del déficit fiscal, que han generado los desequilibrios macroeconómicos que hemos vivido como consecuencia de la expansión monetaria producida.
Las medidas implementadas tienen un costo en el sistema económico social, que se sintetiza en la recesión, aumento de la tasa de desempleo y de la pobreza.
La pregunta que surge es, ¿cómo continúa este proceso y cuáles son sus posibilidades de éxito, en el marco de la dinámica de la política?
Desde el punto de vista monetario, durante lo transcurrido en el año se deben señalar dos puntos relevantes: uno es la baja demanda de dinero y el segundo es el nivel de expansión monetaria que tiene la economía. Lo sucedido en los primeros 8 meses permiten considerar lo siguiente.
- La expansión monetaria ha sido significativa (3,7% del PIB), equivalente a una inflación del 178%, de la cual se ha transitado el 94,8% y nos queda un 42,8% equivalente a un promedio del 4,06 % por mes para lo que resta del año.
- Es poco probable que se logre la convergencia entre el 2 % de devaluación propuesta por el gobierno y la inflación comentada. Se produce un atraso cambiario, que en algún momento se tendrá que revertir. Seremos un país caro para vivir en dólares, lo cual afectará el turismo receptivo.
- El Presidente anunció el presupuesto para el 2025, el cual teniendo en cuenta la dinámica que se observa, es difícil de cumplir, en particular si se considera el nivel de inflación estimado y el comportamiento del dólar. Además, es importante destacar que se espera un crecimiento muy importante del pago de intereses de la deuda externa e interna, cuya incidencia sobre el total que tiene que pagar el gobierno será significativa. Demás está decir, que una parte de este aumento esta determinado por el traspaso de pasivos monetarios del Banco Central de la República Argentina a la Tesorería.
- Es factible el aumento del PIB que considera el presupuesto, como consecuencia de la reactivación que se puede producir, considerando el comportamiento que tendrá este año.
- No podemos hablar de crecimiento, debido a que la tasa de inversión está por debajo de la necesaria para cubrir la amortización del capital. Una excepción es lo que sucede en el sector agropecuario, donde la inversión es significativamente relevante, pero debido a sus incidencia en el PIB (9 %, aproximadamente) no puede revertir la situación comentada. Hablar de crecimiento real en el 2025 es poco probable, e incluso para el 2026 es prematuro.
En base a lo expuesto, se puede considerar el 2025, un año con tensiones, por cuanto el sistema económico social deberá aguantar más tiempo para lograr mejorar la situación. Por lo tanto, se transitará el 2025 sin crecimiento, con una inflación que estará por encima de la estimada por el gobierno y con atraso cambiario. La expansión monetaria futura determinará cual será el nivel de aumento de los precios, pero seguramente por encima del 3% mensual. El nivel de empleo puede mejorar lentamente y el nivel de pobreza no cambiará en forma llamativa.
La pregunta sin respuesta es si hay política económica de crecimiento a partir del 2026. Por ahora, no se ven fuertes inversiones, pero sí promesas.
En cuanto al mercado de capitales, es posible que tenga en los próximos meses un comportamiento descendente.
Un aspecto a considerar es el riesgo país, el cual sería bueno que traspasara los 1000 puntos, pero para ello no es suficiente la corrección que se está haciendo desde lo fiscal. La reducción del riesgo país está más relacionado, ahora, con la liberación del tipo de cambio y la movilidad de capitales, Si la Argentina logra reducir el riesgo país, tendrá acceso al mercado de externo de fondos y ello redundará en el financiamiento del crecimiento económico.
En síntesis, con niveles de precios más bajos, perduran distorsiones que pueden afectar una caída de la inflación a niveles del 2%. Por lo tanto, se transitará un año con un mayor nivel de tensión en el sistema económico social, sin llegar a desbordes, como en otras épocas, pero que afectarán la conformación de los cuadros políticos.
Una pregunta que se realizan muchos tiene que ver con el posible resultado de las elecciones del próximo año. Sobre ello tiene una fuerte gravitación la respuesta de la clase media, que está pasando una mala situación, no prevista, y espera una mejora en base al desarrollo de la gestión de gobierno de ahora en más. Por otra parte, la reacción del presidente ante el no logro de los objetivos presentados en el presupuesto, debido a su temperamento, puede llevar a un escenario de enfrentamiento no deseados con algunos agentes económicos y mayor rispidez con el sistema económico social. Todo lo comentado afecta el voto de la clase media.
En base a lo expuesto, se puede destacar que el proceso de ajuste se prolongará sin un crecimiento en el corto plazo. Las expectativas de salir con rapidez del estancamiento y del deterioro económico, en base a los resultados de la inflación y los precios relativos, pueden cambiar el humor y las decisiones de voto de los argentinos, aumentando la hostilidad hacia la figura del Presidente.
(*) Consultor económico
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