Impacto

¿Por qué disputarse el liderazgo industrial en tiempos de IA?

Si bien es posible que en Argentina tengamos más instructores de yoga que torneros, esto no justifica prescindir de la actividad manufacturera, dado que históricamente ha sido y continuará siendo fundamental para la generación de valor agregado y divisas. 
La disminución del empleo industrial no es un fenómeno reciente.
Daniel Glatstein 15-05-2025
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Mientras transitamos la ansiada tregua en la guerra comercial desatada por Donald Trump, resulta oportuno analizar las motivaciones de la disputa.  Aumento de tarifas y represalias, fuerte volatilidad en los mercados, amenazas y hasta algún riesgo de conflicto bélico en tiempos de Gemini y ChatGPT. ¿Es anacrónica la disputa por la localización industrial?

En medio de la contienda global por la industria, Argentina experimentó en 2024 la mayor contracción de este sector a nivel global. El dato es de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. La divergencia es total. Podemos plantear una hipótesis audaz, según la cual nuestro país lidera un nuevo modelo de desarrollo post-industrial. De cualquier forma, la pregunta persiste: ¿tiene sentido disputarse la producción de manufacturas en la era de la tecnología avanzada?

El conflicto comercial por la producción industrial ocurre en paralelo a la discusión en torno a las implicancias que tendrá en el empleo la nueva generación de robots que se incorporan a las fábricas y, particularmente, la utilización extendida de inteligencia artificial (IA). Se realizan estimaciones, se analizan variables y potenciales impactos. El consenso extendido es que algunos empleos ya están en vías de desaparecer y muchos otros seguirán el mismo camino en breve.

Al respecto, Elon Musk afirmaba por mayo del 2024 que "...la IA eventualmente eliminará la necesidad de que los humanos trabajen, dando paso a una era de ingresos altos universales". Según sus palabras, si todo va bien, es muy probable que ninguno de nosotros tenga trabajo en el futuro, pero no debemos preocuparnos ya que se implementarán mecanismos públicos para garantizar ingresos universales elevados. La humanidad estaría entonces ante un escenario totalmente desconocido, en el cuál no habría escasez de bienes/servicios.

Algunos investigadores plantean que en los años venideros la industria no podrá absorber los nuevos incrementos de la fuerza laboral y, en consecuencia, el futuro de los países en desarrollo reside en los servicios. El mundo que permitió el crecimiento vía exportaciones de Corea del Sur, Taiwán y China, ya no existe. Por lo tanto, las estrategias de desarrollo deben adaptarse a la nueva realidad.

Sin embargo, la disminución del empleo industrial no es un fenómeno reciente. De acuerdo al U.S. Bureau of Labor, entre 1940 y 2024 el empleo total en EE.UU. aumentó 387%, pasando de 32,4 a 157,9 millones de trabajadores. En ese mismo lapso, el empleo manufacturero apenas se elevó 27%.

 

La participación del empleo industrial en EE.UU. alcanzó un máximo del 38% en 1944, en medio del esfuerzo bélico de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, esta proporción ha experimentado un descenso constante: en 1982 perforó el 20% y alcanzó solo el 8% en 2024. Esto evidencia que la reducción de la mano de obra en el sector manufacturero no es una novedad. De hecho, resulta lógico esperar que la industria sea un sector estructuralmente expulsor neto de empleo debido a que el aumento en la productividad excede al incremento de la producción. La preocupación actual, entiendo, radica en la aceleración de esta tendencia de pérdida de empleos industriales.

Simultáneamente, vemos un resurgir de las políticas industriales a nivel mundial. Después de un período de relativo escepticismo, nos encontramos con que hay un renovado interés por parte de muchos países de gerenciar el desarrollo industrial con políticas públicas.

Entonces, ¿por qué diferentes gobiernos disputan espacios en un sector cuya generación de empleo está en declive?

Ante la aceleración del cambio tecnológico, resulta inevitable considerar nuevas demandas de capacitación laboral y explorar vías para que el sector servicios absorba una mayor proporción del empleo. No obstante, esto no debe interpretarse como una disminución de la relevancia de la industria, incluso para la creación de empleo, ya que los países con un sector manufacturero robusto suelen experimentar una mayor demanda y mejor remuneración del empleo. Si bien es posible que en Argentina tengamos más instructores de yoga que torneros, esto no justifica prescindir de la actividad manufacturera, dado que históricamente ha sido y continuará siendo fundamental para la generación de valor agregado y divisas. 

Si bien es posible que en Argentina tengamos más instructores de yoga que torneros, esto no justifica prescindir de la actividad manufacturera

El desarrollo económico de un país se sustenta en la expansión de su conocimiento productivo. Las economías desarrolladas destacan del promedio por su habilidad para producir una mayor diversidad de bienes y servicios, destacándose especialmente por su capacidad para elaborar productos complejos, inaccesibles para la mayoría. 

En este sentido, la industria juega un rol crucial como motor de conocimiento, generando nodos de "know-how" cuya asimilación requiere un aprendizaje extenso y continuo por parte de los países. Esta dinámica es fundamental ya que, una economía basada en bienes complejos, requiere de mayor acumulación de conocimiento, necesariamente distribuido en más individuos y, a su vez, fomenta interacciones de networking que generan aún más conocimiento. La demanda de personal más capacitado y mejor formado que surge de un entramado productivo complejo establece un círculo virtuoso de conocimiento, crecimiento y desarrollo económico.

La actividad industrial, además de impulsar el conocimiento, genera divisas esenciales para la economía. Dada su alta transabilidad, el sector manufacturero resulta fundamental para la obtención de divisas, combustible imprescindible para sostener una trayectoria de crecimiento económico a largo plazo.

En este contexto de transformación tecnológica y reconfiguración geopolítica, la renovada apuesta por la industria, que paradójicamente se instala en un escenario de declive de su capacidad de absorción de mano de obra, revela una comprensión profunda de su rol estratégico. Más allá de la generación de empleo masivo, la industria se erige como un motor insustituible de conocimiento productivo, complejidad económica y divisas. 

La disputa por la localización industrial, entonces, no es una reliquia del pasado, sino una contienda por el dominio de las capacidades que sustentarán la prosperidad futura, en un mundo donde la IA redefine los límites de la producción y el trabajo. La clave del desarrollo radicará en la habilidad de cada nación para adaptarse a esta nueva realidad, potenciando su industria con talento humano y estrategias para capturar el valor agregado en tiempos de IA.

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