A Kamala Harris le sirvió el debate mucho más que a Donald Trump. Si eso se traduce en intención de voto, se verá en los próximos días.
Según una reciente encuesta de The New York Times, el 28% del electorado no tiene una idea clara sobre quien es la vicepresidenta. Por eso, el debate fue una oportunidad para la vicepresidenta par presentarse ante una audiencia masiva. Y lo hizo de manera positiva. Sin lugar a dudas, dio la talla demostrando que está en condiciones de ser presidenta.
Si bien Harris hoy es la candidata del partido que gobierna, como Trump fue presidente hasta hace cuatro años, también su gestión estuvo en debate y no pudo ubicarse en el lugar de un candidato que trae una novedad. Por el contrario, el aire fresco de la campaña lo aporta Harris que en varios tramos del debate dijo que había "que dar vuelta la página" y apostar a nuevos liderazgos.
En materia de propuestas, los candidatos no se pararon de lo que vienen diciendo en las campañas. Pero Harris transmitió una visión optimista del país mientras que Trump afirmó que los últimos cuatro años convirtieron a Estados Unidos virtualmente en una nación fallida.
- El expresidente defendió contantemente su gestión con frases grandilocuentes, pero carentes de rigurosidad y con pocas cosas nuevas para entusiasmar a los sectores del electorado que aún no definieron su voto.
Fue curioso que Trump se ufanase de los elogios que recibió del autoritario líder húngaro Viktor Orban y no se privó de mentiras como decir que "todo el mundo sabe que Harris es marxista" o afirmar que en Ohio los inmigrantes "se comían los perros de sus vecinos".
El debate de este martes no pasará a la historia de los debates presidenciales, pero no hay dudas de a quién le fue mejor.