La Justicia decretó la quiebra de La Suipachense, una de las lácteas más tradicionales del país, tras el fracaso de su concurso preventivo. La decisión implica el fin de una marca con más de 70 años de historia, que llegó a procesar 250.000 litros de leche diarios y era un símbolo productivo en el oeste bonaerense. El fallo deja sin empleo a 140 trabajadores de la planta ubicada en Suipacha, que llevaba tres meses paralizada.
La empresa estaba en manos del grupo venezolano Maralac, administrador también de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la firma que elaboraba los yogures y postres SanCor y que fue declarada en quiebra la semana pasada. El Juzgado Civil y Comercial N°7 de Mercedes dispuso la inhabilitación de la compañía, la clausura del establecimiento, la inhibición general de bienes y la incautación de su documentación contable.
El administrador Jorge Luis Borges León fue inhabilitado para ejercer funciones comerciales por un año y deberá solicitar autorización judicial para salir del país. La medida llegó luego de que la firma incumpliera una intimación judicial para presentar un plan de reactivación. Desde septiembre, los trabajadores mantenían un acampe frente a la planta en reclamo de una solución.
El pedido de quiebra fue presentado por el abogado Julián Coronel, apoderado del gremio Atilra y de la empresa Watt's, una de las principales acreedoras, quien alertó sobre la "delicada y grave situación de los trabajadores" y la imposibilidad de retomar la producción.
El cierre de La Suipachense se suma al de ARSA, que también fabricaba marcas como Shimy, Sancorito, Sublime y Vida, y que dejó a otros 400 empleados sin trabajo. En el sector, advierten que ambos casos reflejan no solo el duro momento de la industria láctea, golpeada por la caída del consumo y el aumento de costos, sino también una gestión ineficiente y con irregularidades denunciadas por el sindicato lechero.


