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Fin de la recesión: discursos versus realidad

Héctor Rubini Héctor Rubini 06-03-2017
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Por Héctor Rubini USAL

La semana pasada, el ministro de Hacienda proclamó en una entrevista con LN+ que ya se ha terminado la recesión y que la economía ya está en un sendero de crecimiento. En otra entrevista para América TV, indicó que ya se está en presencia de un proceso de creación neta de empleos. Aun así, debió admitir que todavía ese diagnóstico no se refleja, ni por asomo, en el bolsillo de la mayoría de la población.

Ahora bien, ¿qué es una recesión? Es una secuencia de destrucción de producción real y de empleos en una economía. ¿Cuánto dura? En general se atribuye al National Bureau of Economic Research (NBER) de EE.UU. la asociación de una recesión a una caída de la actividad y el empleo de un país por al menos dos trimestres.

Definiciones

¿Es esto verdad? En su web, el NBER aclara lo siguiente: “El NBER no define una recesión en términos de dos trimestres consecutivos de caída del PIB real. Una recesión es más bien una caída significativa en la actividad económica a través de toda la economía, que dure más que unos pocos meses, normalmente visible en el PIB real, el ingreso real, el empleo, la producción industrial y las ventas mayoristas y minoristas”. Frente a esto, ¿la salida de la misma se produce cuando se registran dos trimestres de recuperación de la actividad y el empleo? No necesariamente.

En el caso del PIB, u otros indicadores asociados de manera directa y positiva con la actividad real, esto se visualiza como una caída desde un pico o máximo (local, más bien que global) de actividad. La evidencia histórica de economías relativamente predecibles, como la de EE.UU., indica que las recesiones no tienen duración única. Para ese país, el NBER indica que entre 1854 y 2009 tuvo 33 recesiones con una duración promedio de 17,5 meses (casi 3 trimestres). La más corta fue la del primer semestre de 1980 (6 meses) y la más larga la de octubre de 1873 a marzo de 1979: 65 meses.

¿Cuándo se evidencia y anuncia el fin de una recesión? En general cuando se identifica en algún punto del pasado un inequívoco piso desde donde se habría iniciado una recuperación no interrumpida por caídas de uno o más trimestres. Habitualmente se toma como convención o criterio heurístico una suba de la actividad por dos trimestres, pero igualmente esa duración no define per se el fin de una recesión. En otras palabras, tampoco hay un metro único sino una suerte de convención para unificar criterios de manera aproximativa y relativamente aceptable.

El anuncio del fin de una recesión significa publicar el mes del pasado que fue el piso desde el que se inició el rebote cíclico de la actividad real. Esto, obviamente, exige cierta distancia razonable desde ese mes piso. En EE.UU., por caso, el NBER anunció el mes del fin de la recesión de 1982 recién 8 meses después; el del fin de la recesión de junio 1990-marzo 1991, 21 meses después; el del fin de la de 2001, 19 meses después y el de la Gran Recesión de diciembre de 2007 a junio de 2009, 15 meses después.

El panorama local

En nuestro país, los indicadores que publica el Indec no permiten todavía contar con un panorama claro al respecto. Por empezar, la última estimación provisoria trimestral del PIB es para el tercer trimestre de 2016. Por otro lado, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) habría interrumpido en octubre la caída, pero el último dato publicado es diciembre de 2016. A 2 meses de distancia, el fin de una caída de 5 meses no puede probarse sin nueva información aun por publicar, si bien se cuenta con expectativas favorables por el lado del agro y la inversión en obra pública. Las variaciones interanuales igualmente no son auspiciosas: desde abril a diciembre de 2016 fueron todas negativas.

En cuanto a los datos de actividad industrial, el uso de la capacidad instalada habría dejado de caer en agosto del 2016, pero su recuperación mensual se interrumpió con un descenso en diciembre de 2016 al mismo nivel promedio de agosto pasado (63,6%). El Estimador Mensual Industrial (EMI) es, en cambio, de lectura más compleja. Con el año base 2012 la serie disponible quedó interrumpida en octubre de 2015. El Indec publica con base anterior (año 2004) variaciones interanuales, no los niveles que utiliza para computar esas variaciones. En octubre, noviembre y diciembre de 2015 no se publicó el estimador con base 2004, de modo que los cambios interanuales de octubre, noviembre y diciembre de 2016 no permiten obtener los niveles para esos mis mos meses del año anterior. Sin embargo, con el dato de enero de 2015 se puede reconstruir el nivel del EMI de enero 2016, y resultó ser el más bajo desde febrero de 2015. Además, acumuló 12 meses de caídas interanuales, si bien las mismas decrecen desde noviembre de 2015.

Los datos mensuales del Ministerio de Trabajo, en cambio, muestran que en agosto último se habría revertido la dinámica de destrucción de empleos en relación de dependencia en el sector privado, pero la serie publicada solo llega hasta diciembre de 2016.

En definitiva, hay ciertas señales potencialmente positivas que permiten abrigar esperanzas de reactivación, pero todavía no hay evidencia suficiente para creer que ya se terminó la recesión y que ya estamos en un sendero de crecimiento de largo plazo. Bien puede estar en lo cierto el ministro, pero la afirmación de que ya se terminó la recesión todavía no tiene suficiente sustento empírico. La confirmación es lo que vale, y no los anuncios y corazonadas. Y esto requiere esperar unos meses más hasta contar con información completa, revisada e irrefutable.

Ciertamente, la ansiedad y los tiempos políticos exigen a los funcionarios intentar influir sobre las expectativas del público. Ahora bien, si la realidad de empresas y familias no es la de ciertos discursos anticipatorios, se está poniendo en riesgo la credibilidad en las autoridades y potencialmente en las propuestas a ofrecer para un año electoral que no se perfila muy amigable para el oficialismo. Esperemos que el ministro acierte con su diagnóstico: caso contrario, los costos en términos de reputación y credibilidad para él y para el Gobierno podrían ser innecesariamente altos.

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL.

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