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El segundo semestre puede complicarse

Continuar con la indefinición y los mensajes a medias no significa ganar tiempo. Más bien, restan efectividad a las medidas en curso.

Héctor Rubini Héctor Rubini 25-06-2016
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por Héctor Rubini (*)

La normalización de las relaciones financieras con el exterior y la suba de tarifas no han logrado configurar un escenario macroeconómico suficientemente diferente del observado bajo el último gobierno de Cristina F. de Kirchner. El Gobierno de Mauricio Macri enfrenta serios límites a la baja del gasto público y los impuestos. También a una plena recomposición de tarifas. Los conflictos distributivos que suponen los cambios de precios e ingresos relativos impactan en las expectativas y salarios de los sindicatos.

¿Cómo puede el Gobierno intervenir como jugador dominante? ¿Cómo frenar una eventual espiral precios-salarios? Esto exige una transmisión creíble de un programa antiinflacionario. La trayectoria observada en los últimos seis meses, sin embargo, no parece ayudar a lograr esa capacidad de convencimiento. La política fiscal no es restrictiva. Los números fiscales publicados al mes de mayo no muestran ninguna moderación en el crecimiento del gasto público. Tampoco la información sobre las fuentes de creación de base monetaria, donde la emisión para financiar al sector público no muestra moderación alguna, y el instrumento de absorción monetaria siguen siendo las Letras del Banco Central (Lebac). Más del 80% están concentradas en vencimientos hasta 80 días, y la mitad a 30 días o menos. Es inevitable que no se interprete esa absorción como sustitución de emisión presente a cambio de emisión futura.

A esto se suma la perspectiva de nuevas subas de tarifas para el año próximo y la de mayor desbalance fiscal en caso de que el ingreso de fondos del blanqueo impositivo no logre financiar los pagos por reajustes a jubilados y pensionados. Sin un fuerte ingreso de inversión extranjera directa, no se observa de qué forma se puede creer en metas de menor inflación o de reducción de déficit fiscal. Frente a este panorama, es racional por parte de los sindicatos pegar duro en las negociaciones y lanzar un paro general. Qué resultará de esto es algo que todavía no se sabe, pero es claro que la transición sin un programa de estabilización, ni una estrategia de crecimiento claramente definida y explicada a la población está llegando a su límite.

Frenar la inflación sólo con la tasa de interés, hasta ahora, no ha tenido éxito alguno. Acceder a financiamiento de gasto corriente no sólo es inconducente sino que termina inevitablemente en el escenario previo a la devaluación de la moneda del 2014. Enfriar aún más el mercado interno no es la alternativa económica ni política más sostenible. Por consiguiente, deberán definir claramente las autoridades cuál es el rumbo económico del próximo semestre con o sin las anunciadas inversiones, y en cualquier caso cómo sentar las bases para que 2017 no sea un nuevo año de estanflación.

La administración de expectativas con un programa de Metas de Inflación y nada más, nace así, poco creíble y huérfana de un mínimo de coherencia entre política monetaria, cambiaria, fiscal y de ingresos, y entre estas y una bien definida estrategia productiva y de reinserción comercial en el exterior.

Continuar con la indefinición y los mensajes a medias tampoco significa ganar tiempo. Por el contrario, restan efectividad a las medidas en curso, y debilitan la credibilidad en los funcionarios, justamente cuando parecieran depositar en el manejo de las expectativas el núcleo de la administración de las políticas de corto plazo.

Por ahora no parecen percibirse señales preocupantes ni en el mercado cambiario ni en el acceso a financiamiento externo, pero el fin de la pax cambiaria gracias a la cosecha gruesa y el firme reclamo del sindicato de camioneros no son detalles superficiales. Pueden ser el anticipo de un escenario más volátil en el que el gradualismo y los ajustes a medias enfrenten un escenario macroeconómico complejo en el que los anuncios de inversiones y de futuras metas de inflación no sean suficientes para estabilizar expectativas.

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL

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