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El laberinto jubilatorio

Los esquemas especiales y las cajas provinciales, lejos de ser la excepción, representan casi la mitad del sistema y otorgan beneficios ampliamente superiores a los del régimen general

El laberinto jubilatorio
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Recientemente fue noticia de primera plana la puja de la vicepresidenta de la Nación para preservar sus dos jubilaciones de privilegio (una como viuda de expresidente y otra como expresidenta) por un monto sideralmente alto de casi $2,5 millones mensuales, según trascendió en los medios. Sin embargo, este puede ser un caso exagerado, pero está lejos de ser aislado. Los tratamientos especiales en el sistema previsional argentino, más que una excepción, son la regla.

La cobertura previsional en Argentina es brindada a través de varios sistemas de características muy disimiles y con bajos niveles de articulación. En este sentido, no hay un único sistema ni tampoco un único ente central de regulación de los múltiples sistemas que conviven.

A nivel nacional, quien administra la seguridad social es la ANSES, en donde controla un sistema contributivo, el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), y un pilar no contributivo. Dentro del sistema contributivo existen tres grandes regímenes: el general, los especiales y los diferenciales. El primero funciona para asalariados del sector privado, asalariados públicos nacionales, trabajadores autónomos, monotributistas y de casas particulares. 

Junto con el general conviven 7 regímenes especiales, con parámetros de aportes y jubilación más beneficiosos. 

Por último, existen los regímenes diferenciales, que también tienen parámetros diferentes, justificados en la naturaleza riesgosa o de insalubridad, para lo cual hay 88 esquemas, y regímenes de retiro para el personal de fuerzas armadas y de seguridad, que son 6. El sistema no contributivo está conformado por las pensiones no contributivas, que son beneficios asistenciales para gente en situación de vulnerabilidad, y, más recientemente, por la PUAM, para personas de 65 años de edad o más que no tengan aportes suficientes para el sistema contributivo.

En paralelo con el sistema nacional funcionan 13 sistemas provinciales que cubren a empleados públicos provinciales y municipales. 

A su vez, cada una de estas cajas tiene su régimen general, con parámetros más beneficiosos que el sistema nacional, y sus propios regímenes especiales, diferenciales y no contributivos. 

Por último, también operan de manera independiente y aislada las cajas previsionales para profesionales, que son 76, y otras 26 cajas de previsión para trabajadores municipales. 

En definitiva, se trata de más de 200 regímenes jubilatorios con sus reglas propias y desconectadas entre sí.

Lo problemático de este entramado institucional es que los esquemas especiales y las cajas provinciales, lejos de ser la excepción, representan casi la mitad del sistema y otorgan beneficios ampliamente superiores a los del régimen general, sin una contraparte de sostenibilidad financiera. 

Así, jubilaciones anticipadas, haberes jubilatorios de más del doble que los del régimen general y duplicaciones de beneficios llevan a que el gobierno nacional deba cubrir los déficits previsionales de estos regímenes mediante subsidios, lo que torna al sistema en altamente inequitativo. Sumando las moratorias, 2 de cada 3 jubilaciones y pensiones fueron otorgadas con normas diferentes al régimen general. 

En el extremo, esto posibilita casos como el de la vicepresidenta, que acumula una doble pensión vitalicia por $2,5 millones mensuales, lo cual equivale a 96 jubilaciones mínimas o 63 jubilaciones que cobran el haber medio.

Para darle equidad y sustentabilidad al sistema previsional se necesita un abordaje integral que tienda a la unificación, donde la mayoría de los afiliados encuadren en el régimen general. Las excepciones para compensar envejecimiento prematuro deberían estar científicamente justificadas. Por último, si algún colectivo de trabajadores aspira a tener jubilaciones más altas que las del régimen general debería administrar una caja complementaria de manera independiente, que sea actuarialmente consistente y no necesite de la asistencia de la Nación.

“El desorden es el mejor servidor del orden establecido”, asegura un personaje de una obra de Sartre. En Argentina el laberinto jubilatorio es el mejor servidor de los privilegiados. Reemplazar el laberinto por un verdadero sistema previsional unificado es posible, aunque requerirá de un arduo trabajo en conjunto y articulado entre jurisdicciones.

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