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Chile enfrenta el examen que Argentina reprobó: distribuir y crecer al mismo tiempo

Jorge Colina Jorge Colina 05-11-2019
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Por Jorge Colina Idesa

Desde la recuperación de la democracia en 1990, Chile creció muchísimo. En las casi tres décadas que transcurren hasta la actualidad, el PIB per cápita medido en dólares corrientes (o sea, en moneda dura) creció a razón de 6,5% anual. Para tener un punto de comparación, el PIB per cápita medido en dólares corrientes en Argentina creció a razón de 2,6% por año. O sea, la de Chile fue una tasa 2,5 veces mayor que la de Argentina.

Esta diferencia de tasas de crecimiento en tres décadas hace que la situación cambie radicalmente entre países. En 1990, el PIB per cápita de Chile era de U$S 2.600 mientras que el de Argentina era de U$S 4.300, o sea, el ingreso per cápita de Chile era apenas el 60% del de Argentina. En el 2018, el producto per cápita de Chile es de U$S 15.000 y el de Argentina apenas de U$S 8.700, o sea, ahora el de Argentina es apenas el 60% del ingreso per cápita de Chile.

Ese crecimiento en Chile hizo que toda la población experimente mejoras. De hecho, la tasa de pobreza en Chile es, según el Ministerio de Desarrollo Social de ese país, de 8,6%. El punto es que Chile no ha dejado de ser un país muy desigual. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad (a mayor valor, más desigualdad), según la Cepal, en Chile es de 0,45 cuando en Uruguay, por ejemplo, que tiene un ingreso per cápita similar a Chile (U$S 16.000) es de 0,39. Para tener un punto de comparación, Brasil, siendo un país famoso por su alta desigualdad, tiene un coeficiente de Gini de 0,53 con un nivel de ingreso per cápita de U$S 8.600. Es decir, Chile tiene una desigualdad alta para su nivel de ingreso.

PIB per cápita en dólares corrientes

Fuente: Elaboración propia en base a CEPAL

Las revueltas en Chile son por mayor igualdad. De aquí los reclamos por mejorar los salarios y las jubilaciones mínimas, no subir el costo de las tarifas de transporte que usan los sectores populares, mejorar las transferencias a las personas de menores ingresos. En otras palabras, el crecimiento económico ha generado las condiciones materiales para que los sectores más postergados exijan hacer realidad sus aspiraciones de avanzar hacia una sociedad más equilibrada.

No es la primera vez que en contextos de crecimiento económico se presenten episodios de convulsión social. Entre los ejemplos más ilustrativos están las revoluciones sociales y la amenaza comunista de Europa en los siglos XVIII y XIX en el marco del extraordinario crecimiento económico que produjo la revolución industrial. Extremando las simplificaciones, en Europa estos movimientos sociales son los que motivaron a Bismarck en Alemania de 1880 a instalar el sistema de bienestar europeo.

Argentina tuvo un proceso similar. Entre 1870 y 1930, Argentina experimentó un extraordinario crecimiento económico. Esto atrajo olas de inmigrantes que, en respuesta a las profundas desigualdades de la época, propulsaron ideas y convulsiones sociales motivados por el socialismo, el comunismo y el anarquismo entre los años 1920 y 1940. Esto dio pie a que el peronismo avance en la generación de instituciones de redistribución social de corte similar a las propulsadas por Bismarck en Europa.

El Chile del Siglo XXI enfrenta la misma encrucijada que la Argentina del Siglo XX. Luego de varias décadas de crecimiento tiene que responder a las demandas populares por una mayor participación en el producto social. Argentina no supo hacerlo. Por eso su actual decadencia y la añoranza de muchos argentinos por los años dorados de principios de 1900. La difícil encrucijada de Chile es establecer instituciones de redistribución social sin erosionar los incentivos al crecimiento económico.

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