Uruguay siempre se caracterizó por ser un lugar predecible, tanto en materia económica como social. El sistema tributario, además, tenía la particularidad de atraer a personas y empresas de todo el mundo.
Sin embargo, el proyecto de Presupuesto 2026-2030 (que está a punto de ser aprobado en el Parlamento uruguayo) incluyó una serie de reformas que pueden cambiar considerablemente el escenario.
De todo el paquete, son al menos 4 los ajustes que afectarán a empresas y a particulares que hayan optado (o que tenían en sus planes) mudar su residencia fiscal allí:
- Incorpora un impuesto global del 15% para multinacionales en línea con los planes de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).
- Establece límites al Tax Holiday.
- Grava rentas inmobiliarias y las ganancias de capital generadas en el exterior.
- Cambios en el secreto fiscal.
El proyecto espera luz verde del Senado para convertirse en ley y, una vez aprobado, requiere de una reglamentación que deja muchos detalles en manos del Poder Ejecutivo. Es decir que los detalles serán también claves en esta partida.
A simple vista, las modificaciones parecen tirar por la borda años de quietud, para dar lugar a una verdadera reforma del sistema. Sin embargo, la lectura que realizaron los especialistas consultados por El Economista es otra.
Recalculando
Fernanda Laiún sostuvo que estos cambios impactan en las empresas y personas que canalizan inversiones en el país vecino y que utilizaban las ventajas históricas que el sistema ofrecía que dejaba prácticamente fuera de imposición a las rentas no generadas en Uruguay.
"Es un sistema que se complejiza y demanda una revisión de las estructuras actuales fundadas en ventajas impositivas por tasa de impuestos y diferimientos", resaltó la socia de Laiún, Fernández Sabella & Smudt.
En la misma línea se mostró el socio de Expansion Business Diego Fraga, quien aseguró que "hay ruido real para quienes se mudaron o están por mudarse", ya que implica "más papeles, más cuidado en ventas de activos y en créditos por impuestos del exterior".
Siempre centrado en los cambios que afectan a las personas físicas, Fraga manifestó que las críticas que surgieron del ecosistema de zonas francas ante la idea de implementar un impuesto global para multinacionales no fue gratuito.
En efecto, desde el punto de vista del profesor de la Maestría en Derecho Tributario de la Universidad Austral "ese 'clima' también lo leen las familias que evalúan re-domiciliarse" en Uruguay.
Por último, resaltó que "las reformas recortan el edge y elevan el costo de compliance" debido a que "cada retoque, por sutil que sea, dilata decisiones hasta ver la reglamentación fina".
Pese a este escenario, Fraga considera que "el diferencial institucional permanece" ya que "Uruguay sigue siendo mucho más conveniente y seguro que la Argentina en presión efectiva y previsibilidad".
Incluso, manifestó que no es exclusivo para argentinos. "Para no argentinos, el diagnóstico es similar: continúa competitivo en la región", aunque, desde su perspectiva, "la ventaja relativa se achica en el margen".

¿Cambio de rumbo?
"Uruguay comienza a mostrar señales de erosionar un atributo que históricamente definieron su atractivo fiscal: la previsibilidad tributaria".
Así define Alberto Mastandrea a la serie de cambios que llegan con el Presupuesto uruguayo, al asegurar que "parece ahora avanzar hacia una convergencia con los anclajes normativos promovidos por la OCDE".
El socio de BDO Argentina analizó el nuevo esquema y manifestó que "el fuerte diferencial competitivo que representaban la simplicidad y la certeza fiscal uruguaya comienza, al menos parcialmente, a diluirse".
Desde su punto de vista, la erosión más preocupante se manifiesta en cuatro planos concretos:
- En el progresivo desapego al criterio de la fuente, con múltiples excepciones que empujan gradualmente al país hacia un esquema de renta mundial.
- En el debilitamiento del secreto bancario, un aspecto que se ha constituido en un baluarte diferencial frente a la región.
- En el frenesí por cumplir con los estándares de la OCDE, que lleva a Uruguay a querer ser "el primero de la clase" en aplicar el Impuesto Mínimo Global (IMG), pese a que potencias como Estados Unidos, China o India aún no lo han adoptado.
- En la creciente complejidad del sistema tributario, que multiplica la carga administrativa, eleva los costos de cumplimiento y amplía el margen de error de contribuyentes y asesores.
Más allá de su visión sobre los cambios, Mastandrea coincide con sus colegas sobre el modo de encarar las modificaciones impositivas: planificar y anticiparse al nuevo escenario fiscal son la clave.
"En términos de gobierno patrimonial, el 2025 es un año para auditar estructuras: confirmar la condición de residencia en cada país y su sustento fáctico, mapear fuentes de renta y vehículos, recalcular tasas efectivas con los nuevos supuestos, revisar convenios aplicables donde existan", sostuvo.
Para el caso argentino, resaltó que es necesario "entender la interacción con la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), sobre todo en materia de información y fiscalización transfronteriza".
"La gestión profesional debe anticiparse: ajustar estatutos de distribución, diseñar políticas de dividendos, documentar sustancia, revisar calendarios de transacciones y, si aplica, planificar inversiones que habiliten el nuevo tax holiday", añadió.
Y concluyó que, para empresarios y family offices argentinos, "la oportunidad está en reencuadrar decisiones con información completa y tiempo, antes de que el calendario de 2026 deje las alternativas sobre la mesa convertidas en hechos consumados".
El impacto del otro lado del "charco"
Durante años, Uruguay se llevó las miradas de muchas empresas y personas de gran poder adquisitivo de otros países por las grandes ventajas que brindaba su sistema tributario para los extranjeros que quieran instalarse o vivir allí.
La nueva avanzada no sólo pone los pelos de punta a quienes se fueron para aprovechar los beneficios, sino también de quienes los asesoran. Por eso El Economista consultó con Nicolás May para conocer qué piensan los tributaristas uruguayos sobre las modificaciones que vienen.
El socio de MXA puso paños fríos en el asunto. Desde su perspectiva, modificaciones al secreto bancario y la introducción del impuesto global "de ninguna forma ponen en riesgo la reputación de Uruguay como país estable desde el punto de vista económico y jurídico".
"En un mundo tan dinámico y tan inestable, en donde la competencia fiscal parece haber vuelto para quedarse, pensar en sistemas tributarios estáticos y sin cambios parece algo poco probable", añadió.
En esa línea, consideró que hay modificaciones que se adoptan también por temas de reputación porque cuando la OCDE observa algo y no se hacen modificaciones eso puede traer consecuencias negativas para la jurisdicción.
"Si bien la reforma puede significar un cambio en las reglas de juego no previsto, las características que convierten a Uruguay en un país atractivo no pasa sólo por lo impositivo sino que también pasa por la estabilidad económica, política y social", indicó.
Por último, en relación al impuesto a la renta y al tax holiday, consideró que su país "sigue ofreciendo un régimen fiscal competitivo para personas físicas y le agrega un lump sum como tienen Italia, Suiza, Portugal y otras jurisdicciones competitivas".
Desde los dos lados del charco, no hay una visión negativa de las modificaciones. Y, si bien hicieron ruido, todo parece demostrar que Uruguay seguirá siendo una plaza segura para invertir.
Sin embargo, el nuevo esquema tributario es sin dudas un llamado de atención de que las cosas siempre pueden cambiar. Incluso, hasta en los lugares más estables del mundo. Por eso, lo mejor, es estar preparado para lo que viene.

