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El desafío de coordinar el crecimiento

Quizás el verdadero desafío de esta generación no es extraer más petróleo, sino aprender a coordinar el crecimiento para transformarlo en desarrollo.

El desafío de coordinar el crecimiento
19 junio de 2026

Por Jorge Scian (*) y Jorge Kehiayan (**)

Argentina está frente a una de las mayores oportunidades de transformación económica de su historia reciente. No por el tamaño de Vaca Muerta, ni por la calidad de sus recursos, ni siquiera por la magnitud de las inversiones anunciadas. La verdadera oportunidad está en las decisiones que tomemos alrededor de esos recursos. Porque los recursos ya están, las inversiones están llegando y el crecimiento ya comenzó.

Solo bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) se presentaron hasta el momento 39 proyectos por US$ 121.237 millones. De ellos, 15 ya fueron aprobados por US$ 20.247 millones y otros 23 continúan en evaluación por más de US$ 100.000 millones. Para poner la cifra en perspectiva, estamos hablando de inversiones equivalentes a más del 20% del PIB argentino.



Pocas veces en la historia moderna del país existió una cartera de proyectos productivos de semejante magnitud.

La energía concentra cerca de US$ 78.300 millones y Neuquén encabeza ampliamente el ranking provincial con más de US$ 63.400 millones comprometidos. La actividad en Vaca Muerta continúa marcando récords. La discusión sobre si el desarrollo era posible parece haber quedado atrás.

La pregunta ya no es cuánto petróleo puede producir Argentina, la pregunta es qué país quiere construir a partir de ese petróleo.



El problema no es el recurso

En 1994, John Nash recibió el Premio Nobel de Economía por desarrollar una idea que transformó la forma de entender los sistemas complejos. Su conclusión fue tan simple como incómoda. Cuando distintos actores toman decisiones de manera independiente, cada uno puede actuar racionalmente y aun así conducir al conjunto hacia un resultado inferior al posible. Lo que es bueno para cada jugador por separado no necesariamente es bueno para el sistema. Eso es lo que hoy está en juego.

  • Las operadoras buscan productividad y rentabilidad.
  • Los gobiernos nacionales y provinciales buscan inversiones, exportaciones y empleo.
  • Los sindicatos buscan proteger y expandir el trabajo argentino.
  • Las universidades procuran formar profesionales y generar conocimiento.
  • Los proveedores necesitan previsibilidad para invertir y crecer.
  • Las comunidades esperan oportunidades concretas para mejorar su calidad de vida.

Todos persiguen objetivos legítimos. Todos actúan racionalmente. Sin embargo, eso no garantiza que el resultado final sea el mejor posible. La teoría de juegos enseña que los sistemas no fracasan necesariamente por malas decisiones sino que muchas veces fracasan porque actores racionales toman decisiones racionales sin coordinación.

Y si hay algo que la historia económica argentina ha demostrado repetidamente es que nuestro principal problema rara vez fue la falta de recursos, el problema siempre fue la dificultad para alinear incentivos y sostener estrategias compartidas de largo plazo. El famoso "vos acá, yo allá, así nunca nos vamos a poder encontrar".



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Del crecimiento al desarrollo

El crecimiento económico, por sí solo, no garantiza desarrollo.

La diferencia entre los países que lograron transformar recursos naturales en prosperidad sostenida y aquellos que permanecieron atrapados en ciclos extractivos estuvo en su capacidad para construir capacidades alrededor de esos recursos.



Noruega suele citarse como ejemplo por una razón sencilla. Cuando descubrió petróleo en el Mar del Norte no se limitó a explotar hidrocarburos. Desarrolló proveedores. Impulsó transferencia tecnológica. Fortaleció universidades y centros de investigación. Construyó empresas capaces de competir globalmente. El petróleo fue el punto de partida y la tecnología fue el resultado.

La pregunta para Argentina es si Vaca Muerta será únicamente una fuente de exportaciones o también una plataforma para desarrollar nuevas capacidades productivas.

El verdadero cuello de botella

Mientras gran parte de la discusión pública continúa enfocada en inversiones, oleoductos y exportaciones, el principal desafío podría estar en otro lugar.



Las personas.

El Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG) estima que hacia 2030 la industria requerirá entre 30.000 y 43.000 nuevos trabajadores directos. Ingenieros. Técnicos. Soldadores especializados. Operadores. Especialistas en automatización y nuevas tecnologías.

No se trata solamente de cubrir puestos de trabajo. Se trata de construir capacidades. Porque si esos recursos humanos no existen, Argentina no sólo perderá producción. Perderá la posibilidad de generar conocimiento. Perderá innovación. Perderá desarrollo tecnológico. Perderá empleos de calidad. Perderá bienestar. Perderá una parte sustancial del valor que hoy tiene la oportunidad de capturar.



Una oportunidad para la industria nacional

Argentina tampoco parte de cero. La cadena de proveedores vinculada al sector energético cuenta con una base industrial relevante. ADIMRA representa actualmente más de 2.000 empresas proveedoras del sector, entre ellas alrededor de 200 fabricantes de bienes de capital. La capacidad existe. El conocimiento existe. La experiencia existe. El desafío consiste en crear las condiciones para que esas capacidades puedan ampliarse, invertir, innovar y competir. No como una protección artificial, sino como parte de una estrategia que permita transformar demanda energética en capacidades permanentes.

Construir un equilibrio superior

El desafío de Vaca Muerta no es maximizar beneficios individuales. Es maximizar beneficios sistémicos.

La función del Estado no debería ser reemplazar al mercado. Pero tampoco limitarse a observar. Su rol es coordinar, fomentar, alentar, crear previsibilidad. Promover la formación de talento, impulsar la innovación, facilitar la articulación entre empresas, universidades, sindicatos y gobiernos.



Porque los mercados asignan recursos. Pero los procesos de desarrollo requieren además dirección, coordinación y visión de largo plazo.

La Argentina que emerja de Vaca Muerta dependerá menos de la geología que de nuestra capacidad para construir acuerdos. Menos de los recursos que tenemos bajo tierra que de las capacidades que logremos desarrollar sobre ella. Los pozos se agotan. Las inversiones se terminan. Los ciclos de precios cambian. Las capacidades permanecen. Y tal vez allí resida el verdadero desafío de esta generación. No extraer más petróleo, sino en cómo coordinar el crecimiento para transformarlo en desarrollo.

(*) Gerente de TyCSA y Presidente de la Comisión de Energía de ADIMRA



(**) Politólogo

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