Tarjetas al límite: cómo están reaccionando los bancos y qué impacto tendrá sobre el consumo
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Tarjetas al límite: cómo están reaccionando los bancos y qué impacto tendrá sobre el consumo

El salto de la morosidad en las tarjetas de crédito dispara distintos planes de refinanciación, aunque el reordenamiento de la cartera será lento

Gustavo Stok 19 junio de 2026

La evolución de la operatoria con tarjetas de crédito es una de las variables que mejor refleja los cambios tanto en las expectativas de consumo como en el ingreso disponible de los hogares en lo que va del gobierno de Javier Milei. Luego del salto abrupto registrado hasta mediados del año pasado, el saldo de las tarjetas de crédito frenó su suba en el segundo semestre de 2025 y este año ya acumula cinco meses de caídas consecutivas, una tendencia que amenaza continuar ante índices de morosidad en niveles record. 

La montaña rusa comenzó en 2024, año en que los pagos con tarjetas de crédito explotaron en el segundo semestre con incrementos interanuales en torno al 60%. 

Ese crecimiento, que se mantuvo durante algo más de un año, se dio por varias razones concurrentes. Por un lado, las promociones comerciales de venta en cuotas fijas, con o sin interés, se generalizaron ante las expectativas de desaceleración de la inflación. A eso se sumó que las entidades bancarias actualizaron los límites de crédito para incentivar el uso del plástico ante ingresos reales cada vez más flacos. 



En ese marco de sostenida caída del poder adquisitivo, las tarjetas fueron utilizadas cada vez en mayor medida para financiar porciones del gasto corriente de las familias que no podían ser cubiertos con los ingresos. 

Según un informe del Centro RA, dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, entre diciembre de 2023 —inicio de la gestión de Milei— y mayo de 2025, el uso de tarjetas de crédito pasó de representar el 39% del total de las ventas en los supermercados al 46%, un incremento que corrió a contramano de la caída en el uso de efectivo y tarjetas de débito.

En medio de la reconfiguración del presupuesto de los hogares ante el creciente peso de los servicios, el uso de las tarjetas, además de otros canales no tradicionales de crédito, logró sostener el consumo hasta mediados del año pasado. 



Sin embargo, esa tendencia dio un giro a partir de julio de 2025, cuando la desordenada eliminación de las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI), que generó episodios de turbulencia cambiaria, y los resultados de las elecciones locales en la provincia de Buenos Aires provocaron un alza abrupta –del 30% al 60% anual- de la tasa pasiva en apenas 45 días. 

Si bien esa suba comenzó a moderarse a partir de noviembre, el alza repentina de las tasas en un contexto de ingresos reales deprimidos derivó en una explosión de la morosidad. La irregularidad en tarjetas de crédito saltó del 1,9% de la cartera al cierre de 2024 al 11,7% en marzo pasado, según el último Informe sobre Bancos del Banco Central. 

La sextuplicación del nivel de morosidad en poco más de un año viene teniendo efectos pocas veces vistos, como la multiplicación del número de personas físicas que solicitan su quiebra directa ante la Justicia porque no pueden hacer frente al pago de los saldos de las tarjetas.



"Como el crédito al consumo se da a tasas fijas, los bancos, en primer lugar, acortaron los plazos y, luego, ajustaron la tasa al nuevo costo que indicaba la TAMAR (tasa mayorista): al bajar el plazo y subir la tasa, el crédito disponible automáticamente se achicó", dijo a El Economista Guillermo Barbero, socio de First Capital Group. "Al reducirse drásticamente el límite, muchas personas dejaron de ser sujetos de crédito y ya no tuvieron posibilidad de refinanciar su saldo con un nuevo préstamo", agregó.

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¿Cuál es la estrategia de los bancos?

Ante niveles de morosidad record, los bancos han ido reaccionando a distinto ritmo y, sobre todo, con diferentes niveles de visibilidad. "Los bancos están hablando con los clientes tratando de dar mayor plazo para cancelar los créditos y menores intereses, aunque con esfuerzos distintos según cada banco", señaló Barbero.



Las intervenciones más explícitas surgieron de la banca pública. El Banco Nación lanzó a fines de mayo nuevas líneas de refinanciación para quienes no pueden afrontar el pago de sus tarjetas de crédito. Una opción permite consolidar deudas mantenidas no solo con el Banco Nación sino con distintas entidades financieras, con una Tasa Nominal Anual (TNA) fija del 65% y plazos de financiación de hasta 72 meses. 

La segunda alternativa apunta a clientes con hasta 90 días de atraso en tarjetas de crédito emitidas por la propia entidad: refinancia saldos de hasta $ 10 millones y ofrece una TNA del 35% con plazos de hasta 60 meses. En tanto, el Banco Provincia también lanzó un programa de desendeudamiento y refinanciación orientado a empleados estatales y jubilados bonaerenses en la que los préstamos se pueden refinanciar con tasas bonificadas (del 31% y 39%, según la situación de cada deudor) y hasta en 72 cuotas mensuales. 

Si bien la banca privada no ha tenido, al menos en forma explícita, anuncios de refinanciación para no confundir los incentivos, también viene actuando intensamente en su cartera irregular. 



"Nuestro foco está puesto en anticiparnos a posibles dificultades con avisos y comunicaciones y también nos hemos diferenciado acercándonos al cliente y ofreciendo alternativas que les permitan regularizar su situación de manera sostenible", dijo a El Economista Dolores Ferrari, gerente de Productos Individuos de Banco Supervielle. 

"Para ello contamos con distintas herramientas y líneas de acompañamiento de refinanciación y reestructuración, de hasta 60 meses, para aquellos clientes que presentan atrasos o requieren asistencia para ordenar sus compromisos financieros", agregó. 

Desde Banco Galicia también afirman que hay una estrategia enfocada en una gestión responsable del crédito con el acompañamiento al cliente. 



"Por un lado, trabajamos continuamente en la revisión de límites y condiciones de crédito, adaptándolos al perfil y comportamiento de cada cliente, para promover un uso sostenible de las tarjetas", dijo a El Economista Pedro Piñeiroa, Head of Payments de Banco Galicia. "Al mismo tiempo, el banco ofrece distintas alternativas para quienes necesitan ordenar sus finanzas, como planes de refinanciación en cuotas fijas, opciones flexibles y herramientas de autogestión desde la app, que permiten facilitar la organización financiera de manera simple y ágil", agregó.

Impacto sobre el consumo

A la espera del recorrido final que tengan en el Congreso los cerca de 30 proyectos que ya han sido presentados para aliviar la mora y el sobreendeudamiento de las familias, los bancos ya empezaron a ofrecer alternativas de pago. Sin embargo, ese proceso de reordenamiento de la cartera será lento y, al menos en el corto plazo, acotará el alcance de una de las principales herramientas de financiamiento para buena parte de las familias, un escenario que empeora las expectativas ya débiles sobre una recuperación del consumo. 

El panorama es más sombrío si se tiene en cuenta que los niveles de mora no solo se dispararon en los bancos. Por fuera de las entidades bancarias la situación es aún peor. 



Según el último Informe de Proveedores No Financieros de Crédito –fintechs, cooperativas, mutuales y grandes cadenas de electrodomésticos- publicado por el Banco Central, la irregularidad total de la cartera se ubicó en febrero pasado en 26,9%, un salto de 17,4 puntos porcentuales con respecto al mismo mes de 2025. 

En las billeteras virtuales, los atrasos alcanzaron al 26,2% de los créditos, mientras que la financiación en "Venta de electrodomésticos" registró 44,3% de atrasos, un salto interanual de casi 30 puntos. En suma, la cantidad de deudores en entidades no bancarias alcanzó en febrero pasado a 6,9 millones de personas, un salto de 1,7 millones más que en diciembre de 2023. 

El agotamiento de tarjetas que están al límite no solo golpea el balance de los bancos, sino que le impone una carga pesada más a un consumo que sigue sin despegar. De cara a un año electoral, las soluciones que puedan encontrarse para dar respuesta a niveles de morosidad altísimos serán clave para reactivar las ventas en rubros muy sensibles a los pagos con tarjetas, como indumentaria, bienes durables y turismo. 



"Hay que dar la posibilidad de reabrirle el crédito a los clientes morosos en los próximos meses con algún incentivo: por ejemplo, si pagan tres cuotas, se les podría dar un pequeño límite de crédito", dijo Barbero. "Si no, para la gente va a ser muy difícil: solo en Argentina se nos ocurre que una empresa o una persona pueden poner en cero su deuda para después volver a ser un sujeto de crédito, nos estamos tirando un tiro en el pie", concluyó. 

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