Presión

Argentina no es una línea recta

Los inversores se preguntan si el programa económico tiene lógica, y quizás la pregunta correcta sería si tiene poder para sostenerse. Hoy vemos un plan audaz sin el respaldo político suficiente. La elección de medio término puede afilar la motosierra o dejarla sin motor.

Javier Milei y Luis "Toto" Caputo, los hombres fuertes de la economía argentina.
Javier Milei y Luis "Toto" Caputo, los hombres fuertes de la economía argentina.

En Argentina, los ciclos no se suceden: se superponen. Mientras unos creen ver el inicio de un nuevo régimen económico, otros todavía sienten el olor a pólvora del ajuste y de una inflación que nunca termina. La macro argentina no es lineal. Nunca lo fue. Paradójicamente, acá está la oportunidad. O la trampa. El mercado hace lo que sabe hacer: anticipar lo que cree que viene, aunque no siempre sepa cuándo. 

Los activos argentinos viven en esa tensión: entre una macro que parece estabilizarse y una política que no termina de alinearse. Entre un dólar que no explota, un crecimiento que quiere despegar y una presión impositiva que sigue siendo un lastre. ¿Quién tiene las de ganar? 

Desde que asumió el nuevo gobierno, los activos argentinos recompusieron su valor: bonos subieron (volaron), las acciones se revalorizaron (volaron), la curva en pesos comenzó a ordenarse y los flujos hacia instrumentos locales dieron señales de vida.



Ese reacomodamiento se dio durante 2024 y fue contundente. Los precios corrieron más rápido que los fundamentos, y parecen haber encontrado un freno en este 2025 electoral. Lejos de ser exagerado, fue un anticipo a un cambio que ya es visible: superávit fiscal, Banco Central recapitalizado, inflación en retroceso y una remonetización de una economía que nadaba en un exceso de pesos.

El equipo económico logró algo inusual, reconstruir la macro sin peso político fuerte en el Congreso. Hoy, eso se nota y el mercado lo sabe. Año electoral = pausa. 

¿Vendo o sigo creyendo? Depende (y sí). No todos los activos son iguales. Cuando evaluamos rentabilidades, tenemos que ser conscientes de que los distintos instrumentos compiten entre sí. Y no es lo mismo estar posicionado en pesos o en dólares.



Las bandas cambiarias ponen un condimento a favor de las posiciones en pesos, al tener proyecciones "controladas" de tipo de cambio. Incluso, hay instrumentos en pesos a tasa fija que nos "aseguran" una rentabilidad en dólares. Lógico, estamos en Argentina y estar en pesos de largo (excepto para calzar flujos) es solo para los de corazón fuerte. Por otro lado, podemos aprovechar los instrumentos CER que nos brindan cobertura doble (por pass-through) y rentabilidades reales en pesos del 9%/10%. 

Bonos soberanos en dólares al 12% (más rentabilidad = más riesgo) resultan más que atractivos, y se llevan una buena parte de los portafolios. Los Bopreales al 7% con riesgo BCRA, y si buscamos algo más conservador, son una gran opción. Además, esta renta fija hard dollar compite contra ONs tier 1 ley NY, que se consiguen también al 7%/8%.

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¿La joya de la corona de los activos argentinos hoy? Vaca Muerta. 



A la lectura de la renta fija hay que sumarle la variable que hoy define el juego: la tasa en pesos. Con el BCRA corrido del centro y sin una Tasa de Política Monetaria explícita, el mercado empezó a jugar su propio partido. Estar en pesos o en dólares ya no depende solo del apetito al riesgo, sino del momento del ciclo, de la tasa implícita y de la posición del tipo de cambio dentro de las bandas.

El mercado arbitra: compara la tasa en pesos contra el dólar proyectado. Cuando el tipo de cambio se acerca a la banda superior, el incentivo es claro: vender dólares y pasarse a tasa.

¿La joya de la corona de los activos argentinos hoy? Vaca Muerta. Posiciones en empresas con exposición al mega yacimiento no pueden faltar en las carteras de inversión de los perfiles más agresivos. 



Aun así, el mercado sigue operando bajo una narrativa de transición. Un limbo donde lo táctico le gana a lo estratégico, y donde la oportunidad se paga con volatilidad. Es Argentina: hace falta estómago. Y memoria.

Los inversores se preguntan si el programa económico tiene lógica, y quizás la pregunta correcta sería si tiene poder para sostenerse. Hoy vemos un plan audaz sin el respaldo político suficiente. La elección de medio término puede afilar la motosierra o dejarla sin motor. El mercado lo sabe, y hoy castiga esa fragilidad política. 

En este escenario, los activos argentinos están caros para una macro frágil, pero baratos para una macro consolidada. El problema es que hoy no somos ninguna de las dos.
Somos el entretiempo y el partido está abierto. Son necesarios cambios concretos: reformas que bajen el riesgo jurídico, institucional y regulatorio. Acceso al mercado de capitales internacionales por parte del Tesoro y sostenibilidad fiscal. También el mercado espera acumulación de reservas y eliminación del cepo al 100%, pedimos poco, ¿no?



Argentina es hoy un presidente que avanza con apoyo social, pero sin músculo legislativo. Una oposición que no se rinde y un Congreso fragmentado. En definitiva, los precios de los activos siguen cotizando con descuento político. No es por riesgo de default. Es por riesgo de reversión.

Es que sí, invertir en Argentina es asumir que las reglas pueden cambiar a mitad de camino.

En esta tierra de ciclos entrecortados y reformas inconclusas, la macro mejora y la política no. La oportunidad está. El riesgo también. Vos decidís.



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