por Héctor Rubini (*)
La estabilidad de precios absolutos y relativos tarda en llegar. La impaciencia y malhumor de familias y empresas fueron evidentes con los cacerolazos del pasado jueves. No reflejaron sólo enojo por el tarifazo. Parecería ser un modo único de expresión de varias cuestiones económicas y no económicas que afectan a gran parte de la población. Lo que se observa en diálogos informales es un común denominador: incertidumbre.
No cede
Esto comienza a preocupar a los que esperan un ingreso de capitales sustancialmente superior al observado en el primer trimestre de este año. Para las familias no es claro el rumbo futuro de los salarios, las tarifas públicas, los precios de bienes de consumo, ni el de la creación y estabilidad de los empleos. Para las empresas, no es nada fácil el planeamiento a futuro ante la incertidumbre sobre la evolución a mediano-largo plazos de precios relativos, tasas de interés, tipos de cambio, la posición fiscal y su financiamiento y la política monetaria. Ya quedaron atrás los fallidos pronósticos oficiales de inflación, y no se espera que corran mejor suerte los relacionados a los números fiscales y su financiamiento.
En gran medida la suerte del segundo semestre no sólo dependerá del grado de éxito del blanqueo de capitales, si no del manejo y estabilización de precios absolutos y relativos.
Mientras tanto, concluye sin grandes novedades el primer mes del tan esperado segundo semestre de 2017. Quedan ahora cinco meses para ver si efectivamente se asiste al deseado, y necesario, flujo de inversiones desde el exterior para reactivar la economía y mejorar las condiciones para estabilizar precios y expectativas.
El escenario externo
Las condiciones externas no son nada favorables. Brasil sigue sin resolver definitivamente su crisis política y su economía va a tardar en volver a crecer de manera sostenida. La economía china tampoco tiende a retornar a las “tasas chinas” de la década pasada. Europa, a su vez, está expectante sobre cómo se resolverá la separación del Reino Unido de la Unión Europea, y golpeada con cada vez más frecuencia por atentados terroristas. A esto se ha sumado el levantamiento militar del pasado viernes en Turquía, siendo una incógnita el rumbo que seguirá el Gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan. Su impacto sobre las expectativas y actitud de los inversores globales hacia los países emergentes es algo que todavía no es muy fácil de predecir.
Con este panorama, el retorno a la actividad plena luego de las vacaciones de verano en el hemisferio norte estará marcado por una evaluación más rigurosa de riesgos por parte de los inversores de países desarrollados. No sólo se profundizará el análisis país por país, sino que pasarán a ser más rigurosas las evaluaciones de potenciales cambios de reglas de juego, la probabilidad de golpes de Estado o atentados terroristas, la presencia de corrupción, y la adopción o no de políticas macroeconómicas sostenibles.
En este nuevo escenario, los países emergentes deberán mostrar progresos visibles en materia de estabilidad y de consolidación de las bases económicas y jurídicas que aseguren el crecimiento y la competitividad sin depender de manera recurrente de ingresos de capitales externos. Para el caso de Argentina, las exigencias de progresos en materia de estabilidad económica y política van a ser mayores. Tanto en el exterior como dentro del país se demandarán progresos efectivos en materia de estabilidad fiscal y monetaria, control efectivo de la inflación y administración de los conflictos distributivos.
Agosto, mes crucial Agosto será, en la economía argentina, un mes relevante en varios sentidos. Los líderes sindicales que se aprestan a suceder a Hugo Moyano en la conducción de la CGT (cuyas ramas unificarían el 22 del próximo mes), ya vienen preanunciando paros y movilizaciones con alcance nacional para el 4 de agosto. El núcleo de los reclamos estaría focalizado en reajustes salariales, la derogación del cobro de Impuesto a las Ganancias a los asalariados y medidas efectivas contra la inseguridad que afecta, en mayor medida, a los trabajadores del transporte urbano de pasajeros. Qué ocurrirá después con las negociaciones y ajustes salariales es, hoy por hoy, una incógnita.
El próximo mes, además, se expediría la Corte Suprema respecto de las decisiones judiciales de varias provincias en contra de las recientes subas de tarifas de electricidad, agua y gas. Si bien se ha previsto la aplicación de tarifas sociales diferenciales para usuarios de más bajos ingresos, amplios sectores de la llamada “clase media” perciben que no están en condiciones de solventar el pago de las nuevas boletas por servicios públicos.
También en agosto debería conocerse el nuevo proyecto de Ley de Presupuesto 2017 a ser presentado al Congreso de la Nación para su debido debate. En el actual escenario, sin certezas sobre el futuro sendero de precios e ingresos, dicho proyecto será fundamental para la actualización de expectativas sobre el rumbo de la economía para el próximo año.
En síntesis, agosto puede ser el mes clave del segundo semestre. El esperado ingreso de capitales y el rumbo de precios y actividad interna dependerán no sólo de lo que ocurra fuera del país, sino del futuro de los ajustes de tarifas públicas y salarios, y de la credibilidad o no en las proyecciones oficiales sobre el futuro de la política fiscal y de su financiamiento.
(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL.