Especial

Hace 50 años, River cortaba su sequía más larga sin títulos con un equipo juvenil y en medio de un país convulsionado

Un día como hoy, pero de 1975, el "Millonario" se daba el gusto de dar la vuelta olímpica. Fernando Zappia, Rubén Bruno y Oscar Muiño revivieron cómo fue esa jornada inolvidable.

Rubén Bruno marcó el gol que rompió la sequía de 18 años sin títulos en River. (@RiverPlate)
Rubén Bruno marcó el gol que rompió la sequía de 18 años sin títulos en River. (@RiverPlate)
Julián Castro 14 agosto de 2025

A lo largo de sus 124 años de historia, River vivió innumerables jornadas de gloria, pero también atravesó momentos difíciles. Antes de la exitosa era Marcelo Gallardo, en la que el club conquistó 14 títulos, debió, por ejemplo, sobrellevar el doloroso descenso y jugar una temporada en la B Nacional. Sin embargo, mucho antes de aquel duro golpe, sufrió un período aún más prolongado de amargura. 

Hubo un tiempo en que la gloria era apenas un recuerdo. Parece increíble en un club que hoy acumula 72 títulos, pero hubo un vacío que se extendió durante 18 años. Una generación entera de hinchas creció sin verlo campeón, hasta que en 1975 rompió la sequía más extensa de su historia al conquistar el Torneo Metropolitano. Aquella vuelta olímpica, desbordada de emoción y alivio, quedó grabada como un hito imborrable en la memoria riverplatense.

Fue un 14 de agosto en el que River cortaba una racha adversa y se consagraba campeón del Metropolitano, guiado por un equipo que quedaría en la memoria del fútbol argentino. El logro deportivo se dio en medio de un país convulsionado. En ese entonces, Argentina atravesaba una profunda crisis política y económica, precipitada en julio de ese año por el llamado Rodrigazo -el plan instrumentado por el entonces ministro de Economía, Celestino Rodrigo-. El gobierno democrático de Isabel Martínez de Perón navegaba sin rumbo, mientras la violencia de las organizaciones armadas -la peronista Montoneros y el guevarista Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)- sembraba miedo en la sociedad con atentados, secuestros y enfrentamientos casi diarios.



En medio de ese clima de incertidumbre, el fútbol funcionaba como una válvula de escape. Para River, fue exactamente así. En enero de ese año, la dirigencia apostó fuerte y contrató a Ángel Labruna, prócer del club y quizás el único que mantenía la convicción inquebrantable de romper la racha negativa. El "Feo", como lo apodaban, venía de destacarse como entrenador en Rosario Central y Talleres de Córdoba. "Vuelvo para ser campeón", prometió sin titubeos quien ya había levantado 16 títulos como jugador con la "Banda Roja".

La apuesta no terminó ahí. Con él también llegaron refuerzos de jerarquía: Roberto Perfumo, Héctor Ártico, Pablo Comelles, Miguel Raimondo, Pedro González y José "Pepona" Reinaldi, además del regreso de Oscar "Pinino" Más tras su paso por el Real Madrid.

Con esa base, River no solo recuperó el brillo perdido, sino que empezó a escribir una de las páginas más recordadas de su historia. Labruna supo amalgamar esas incorporaciones con figuras que ya estaban en el club como Ubaldo "Pato" Fillol, Daniel Passarella, Reinaldo Merlo, Juan José "Negro" López, Carlos "Puma" Morete y Norberto Alonso, conformando un plantel equilibrado.



Imagen ARRIBA: Artico, Comelles, Raimondo, Fillol, Perfumo y Héctor López. Abajo: González, Juan José López, Morete, Alonso y Mas.
La formación de River en 1975. Arriba: Artico, Comelles, Raimondo, Fillol, Perfumo y Héctor López. Abajo: González, "Negro" López, Morete, Alonso y Más.

El Torneo Metropolitano 1975 se disputó entre el 16 de febrero y el 17 de agosto, con 20 equipos en un formato de dos ruedas todos contra todos. Desde la séptima fecha, River se adueñó de la cima y no la soltó más. La primera fase fue demoledora: 34 puntos sobre 38 posibles (la victoria valía dos unidades), producto de 16 triunfos, dos empates y una derrota, con 45 goles a favor y 21 en contra. Así, le sacó ocho puntos de ventaja a su escolta, Unión de Santa Fe.

En la segunda ronda, el rendimiento decayó: perdió tres partidos seguidos (Atlanta, Newell's y Boca) y sufrió la ausencia del "Beto" Alonso, suspendido seis fechas por insultar a un juez de línea. El regreso del "10" fue decisivo: con dos goles suyos, River venció 2-0 a San Lorenzo en un clásico clave, con el que quedó a un pasito del título.



A solo dos fechas del final del campeonato, una huelga de futbolistas profesionales puso en riesgo la consagración del "Millonario". El lunes 11 de agosto, Futbolistas Argentinos Agremiados y la conducción de la AFA se reunieron para firmar el Convenio Colectivo de Trabajo, pero el encuentro terminó sin acuerdo.

Al día siguiente, el Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria, aunque el gremio mantuvo la medida de fuerza. El Gobierno declaró ilegal la huelga, mientras que la AFA resolvió que la fecha 37° se jugara igual, incluso con jugadores amateurs.

En ese contexto, el 14 de agosto River debía enfrentar a Argentinos Juniors en el estadio José Amalfitani, en Liniers, y ni siquiera Labruna estuvo esa noche. Tampoco pudo presentar a sus titulares. En su lugar lo reemplazó Federico Vairo, el técnico de inferiores, que armó de urgencia una formación íntegramente juvenil.



Aquella jornada salieron a la cancha los siguientes jóvenes: Alberto Vivalda; Orlando Ponce, Luis Jometón; Rodolfo Rafaelli, Héctor Bargas (luego ingresó Sergio Gigli), Fernando Zappia; Leonardo Labonia, Rubén Cabrera, Ramón Gómez, Rubén Bruno y Francisco Groppa (después Luis María Giménez), todos sin contrato profesional, en uno de los partidos más insólitos y a la vez gloriosos en la historia del club.

Qué pasó con Rubén Bruno, el pibe de River que le dio el Metropolitano 1975  - TyC Sports
La formación de aquella noche. Arriba: Jometón, Ponce, Raffaelli, Vivalda, Zappia. Abajo: Bargas, Labonia, Cabrera, Gómez, Bruno y Groppa.

Zappia estaba en las divisiones inferiores y fue una pieza clave en aquella temporada inolvidable. En diálogo con El Economista, recordó cómo fue el momento que les dijeron que tenían que afrontar el partido decisivo ante Argentinos. "Como cada mañana que iba a entrenar me dirigía a utilería para retirar la ropa y en eso me encuentro a Federico Vairo, que era el técnico de tercera en ese momento, y Ángel Labruna. Ahí dije que pasaba algo raro, no era común. Y bueno, ahí Federico tenía una lista en la mano e iba seleccionando los jugadores a medida que llegaban a utilería. De Reserva éramos solamente cuatro, Giménez, 'Chacho' Cabrera, Labonia y yo. Y después eran todos chicos de Cuarta y de Quinta", comenzó relatando el ex futbolista que se desempeñaba como defensor.



Y agregó: "Era un rejuntado y como uno de los mayores sentía que debía darles confianza a los más jóvenes, tuve la suerte de haber jugado en primera cuando Sívori era el técnico un año antes. Con Ponce, que era mi compañero de zaga central, nunca lo habíamos hecho antes y así otros jugadores que normalmente lo hacían en una posición esa noche lo hicieron en otro lugar del campo. Por eso hasta los momentos previos estaba con esa incertidumbre de cómo iba a funcionar el equipo".

Aquel equipo improvisado, formado apenas por cuatro jugadores de Reserva y el resto de Cuarta y Quinta División, fue armado de urgencia por Vairo, quien además le confió la cinta de capitán a Zappia. "Tuve la suerte de que Federico me eligiera. Es especial porque uno siente una responsabilidad extra, y en ese partido más todavía. Al menos en mi caso era así. También me tocó ser capitán en Metz y eso uno lo siente", recordó quien también tuvo el honor de ser titular en 11 partidos de aquella temporada.

Incluso, antes del encuentro, Zappia mencionó que tres futbolistas profesionales se acercaron a la concentración para sugerirles que no jugaran, algo que, lejos de desanimarlos, los impulsó aún más a salir a la cancha. "Antes del partido había mucha incertidumbre sobre cómo íbamos a funcionar juntos, pero la motivación de cortar la racha fue más fuerte que cualquier duda", comentó.



Esa jornada, el estadio de Vélez estaba colmado de hinchas millonarios. Según Rec Sport Soccer Stadistics Foundation Foundation (RSSSF), una organización internacional dedicada a recopilar estadísticas sobre fútbol, asistieron 55.324 personas al partido, superando ampliamente el límite de capacidad. En el recinto deportivo se encontraba un tal Diego Armando Maradona, que estaba en Octava División de Argentinos y, con 14 años, era uno de los alcanza pelotas del encuentro.

River había controlado el juego durante buena parte del encuentro, pero el arquero rival, Norberto Díaz, mantenía el arco en cero. Hasta que, a los 24 minutos del segundo tiempo, Bargas metió la pelota en profundidad contra la defensa de Argentinos. Ricardo Próstamo, lateral del "Bicho", quiso tirarle un sombrerito a Bruno, pero se quedó corto y pegó en la frente del delantero. El pibe del "Millonario", de apenas 19 años, aprovechó el error para quedar mano a mano con el portero que les estaba haciendo la vida imposible. Con frialdad, se tomó un tiempo extra dentro del área para pensar y definió de zurda, colocando la pelota al segundo palo.

Apenas la pelota cruzó la red, Bruno salió corriendo hacia la platea con los brazos en alto. Había marcado el gol de su vida, el que ponía fin a la sequía más larga en la historia del club y que, según sus propias palabras, fue "algo inolvidable y mágico" porque desterró años de frustraciones y ausencia de títulos.



"Cuando hice el gol el estadio estalló. Recuerdo como la gente venía en avalancha desde el último escalón de la tribuna vieja de Vélez, que todavía no estaban las plateas, y ahí chocaba contra el alambrado. La verdad que fue una locura total y un desahogo que la gente nos hizo notar", recordó quien llegó a River de la mano de Renato Cesarini en 1966 y hoy está al frente de la categoría 2008 de las Divisiones Infantiles del club.

Bruno, además, expresó el orgullo de quedar para siempre en la historia grande de River: "Es algo realmente fabuloso porque no toda la gente tiene la posibilidad de estar dentro de la historia de un club tan grande como River. Tanto para mí como los chicos que jugamos lo más maravilloso fue eso porque veníamos jugando desde los 10 años y con eso pudimos coronar un campeonato que hacía 18 años que se venía negando".

Con ese gol histórico, River se dio el gusto de dar la vuelta olímpica en un cierre apoteótico y gritar, después de casi dos décadas, la palabra campeón.



River campeón del Metropolitano '75: El título más esperado - La previa -  La Previa - Cadena 3 Argentina
El festejo de Bruno, acompañado por los hinchas riverplatenses

Zappia, por su parte, recordó que aquella noche fue una de las más especiales de su vida deportiva: "La mayor motivación que tuvimos fue cortar el maleficio que pesaba sobre el club y que ya pasaba de ser futbolístico a psicológico".

Hincha de River desde chico, explicó que la última vez que lo había visto campeón tenía apenas dos años y que no se quedó a dar la vuelta olímpica por una cuestión ética: "Consideraba que ese campeonato era injusto y le pertenecía a los profesionales que habían hecho todo el esfuerzo durante toda la temporada".



Además, relató lo que sintió al finalizar el partido: "Pensaba en los años de frustración vividos en la tribuna y que me encontré siendo el protagonista de ese sueño que arrastraba de ver al 'Millo' campeón. Fue muy loco todo".

En lugar de sumarse a los festejos en el campo de juego, Zappia se dirigió al vestuario, donde se cruzó con su amigo Gonzalo Iturbe, periodista de la revista River. Allí le regaló su camiseta, un gesto espontáneo que con el tiempo se volvió histórico: gracias a que la conservó intacta, hoy esa prenda se exhibe en el Museo River

Zappia fue uno de los héroes del día en que el equipo de Núñez volvió a consagrarse campeón tras 18 años. Después de su paso por el "Millonario", el defensor vistió la camiseta de Lanús y luego inició una extensa trayectoria en Europa que se prolongó por 12 temporadas. Allí jugó en el Wacker Innsbruck de Austria y en tres clubes de Francia -Nancy, Metz y Lille- antes de retirarse en 1992 en Atlanta.



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La camiseta que Zappia utilizó en el inolvidable partido ante Argentinos en 1975 está exhibida en el Museo River. (@RiverPlate)

La última fecha del Metropolitano le sirvió a River solo para festejar. Con todos los profesionales y el DT a disposición, los titulares vencieron 2-0 a Racing en el Monumental con goles de Alonso y Morete, en un encuentro que duró solamente 45 minutos. ¿Qué pasó? La emoción de la gente por la obtención del título fue tan desbordante que una invasión masiva al campo de juego obligó a suspender el partido.



Los futbolistas fueron llevados en andas. Habían hecho historia y así serán recordados eternamente. El Monumental se transformó en una fiesta que pareció no tener fin, en una jornada gloriosa en la que aquellos pibes disfrutaron el mayor logro deportivo de sus vidas, ahuyentando para siempre los fantasmas que durante 18 años habían marcado el dolor futbolero.

Medio siglo después, quienes vivieron aquella consagración la recuerdan como el fin de una pesadilla deportiva y el inicio de una nueva era. "Esta vez sí, River pasó de la impotencia a la victoria", afirmó Oscar Muiño, periodista y testigo de aquella campaña que el hincha riverplatense atesora como un recuerdo imborrable.



El eco de la última vuelta olímpica se había perdido en 1957, cuando bajo el mando de José María Minella River selló un tricampeonato que confirmó su predominio en el fútbol argentino. Desde entonces, transcurrieron 17 temporadas de ilusión y desconsuelo: equipos brillantes, figuras que encendieron la esperanza y finales que rozaron la gloria... pero el título siempre se desvanecía en el instante decisivo.

El campeonato de 1975 cargaba un peso especial. Entre 1958 y ese año, el "Millonario" acumuló años de frustraciones sin poder dar una vuelta olímpica: uno por temporada hasta 1966, dos desde 1967 y, desde entonces, también la Copa Libertadores. En ese lapso fue 11 veces subcampeón, siempre con un obstáculo distinto en el camino -rivales superiores, errores propios, arbitrajes polémicos o definiciones injustas-, como si una maldición se interpusiera en cada intento.

Pero aquella jornada ante Argentinos Juniors, el Amalfitani fue escenario de un rugido que quebró la espera y marcó el renacer de la historia. La racha se rompía, el grito ahogado durante casi dos décadas se hacía escuchar y, como dijo Muiño, "el deporte siempre da revancha".



Fuera de la cancha, la Argentina atravesaba un momento turbulento. "Desde lo político, el país veía la reaparición de un gobierno peronista después de 18 años y del propio Juan Perón después de 19 años. Fue una experiencia dolorosa. Cuatro presidentes se sucedieron entre el 25 de mayo de 1973 y el 1° de julio de 1974. La lucha interna del justicialismo se trasladó al Estado y se dirimía a balazos. La izquierda peronista cuestionó a Perón, López Rega inauguraba los escuadrones de la muerte", recordó Muiño, quien fue reconocido como Personalidad Destacada de la Cultura por su labor ética y profesional.

La alegría de River fue un bálsamo en medio de un país que, desde entonces, seguiría acumulando heridas más profundas que las futboleras. 

Meses después de consagrarse en el Metropolitano, el "Millonario" también ganaría el Torneo Nacional, confirmando el inicio de una nueva era de gloria. Labruna sumaría en total seis campeonatos como entrenador, pero aquel de 1975 quedaría para siempre como el que devolvió a River a su lugar natural en la historia grande.



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