Argentina arrancó la defensa del título mundial con una goleada por 3-0 sobre Argelia en Kansas, pero el resultado terminó siendo apenas una parte de una noche que quedará grabada en la historia de los Mundiales. En el partido número 200 de su carrera con la Selección y en su sexta Copa del Mundo, Lionel Messi marcó un hat-trick memorable, igualó a Miroslav Klose como máximo goleador histórico de los Mundiales con 16 tantos y pulverizó una colección de récords que refuerzan una certeza cada vez más difícil de discutir: a los 38 años (el miércoles 24 cumplirá 39), sigue siendo el futbolista capaz de cambiar cualquier partido por sí solo.
El estreno de la "Scaloneta" estuvo lejos de ser una exhibición perfecta. Argelia, dirigida por Vladimir Petkovic, planteó un partido intenso, dinámico y mucho más incómodo de lo que indica el resultado. Argentina arrancó con un 4-4-2, con diez campeones del mundo de Qatar 2022 entre los titulares y Facundo Medina como única excepción. Durante gran parte del primer tiempo le costó encontrar circuitos de juego por el centro, con Alexis Mac Allister y Enzo Fernández más contenidos que de costumbre y Thiago Almada intentando conectar líneas. El rival africano, veloz y agresivo en ataque, generó preocupación por las bandas y llegó a inquietar varias veces a Emiliano Martínez. Incluso hubo un gol anulado por lado en una primera mitad pareja y disputada.
En ese contexto apareció el hombre de siempre. A los 17 minutos, Rodrigo De Paul encontró el pase que el partido pedía y Messi hizo el resto. Recibió entre líneas, levantó la cabeza y sacó un remate espectacular desde afuera del área que dejó sin chances a Luca Zidane, arquero argelino e hijo de Zinedine Zidane. Argentina no dominaba ni jugaba mejor que su rival, pero tenía al ancho de espadas. Y una genialidad alcanzó para romper un encuentro que parecía cerrado.

Argelia siguió compitiendo y por momentos complicó a la Selección, especialmente sobre el final del primer tiempo y el inicio del segundo. Scaloni movió el banco con los ingresos de Nahuel Molina, Julián Álvarez y Nicolás González buscando más profundidad y energía. El partido ingresó en una zona incómoda para Argentina, que sufría la falta de un volante posicional y veía cómo el rival encontraba espacios. Sin embargo, cuando el equipo atravesaba sus peores minutos volvió a aparecer Messi. La jugada nació en un pase largo de "Dibu" Martínez, continuó con una combinación ofensiva y terminó con un remate de Mac Allister que Zidane dejó corto. El rebote cayó en los pies del capitán, que empujó la pelota para marcar el 2-0 a los 15 minutos y darle aire a una Selección que no la estaba pasando bien.
El tercer gol llegó a los 30 minutos del complemento y terminó de convertir la noche en una celebración. González asistió desde la izquierda y Messi, desde la medialuna, sacó un remate seco y preciso que se transformó en el 3-0 definitivo. El estadio explotó con 69.045 personas. Las tribunas, pobladas mayoritariamente por argentinos, deliraban mientras el capitán celebraba el primer hat-trick de su carrera en una Copa del Mundo. Fue una de esas actuaciones que trascienden el resultado y se convierten en patrimonio de la historia del fútbol.
Los números ayudan a explicar la magnitud de la actuación. Messi alcanzó a Klose como máximo goleador histórico de los Mundiales con 16 tantos, se convirtió en el primer argentino en marcar en cinco partidos consecutivos de Copa del Mundo, pasó a ser el futbolista más veterano en conseguir un doblete y un hat-trick en la competición, igualó a Cristiano Ronaldo como único jugador con goles en cinco ediciones distintas del torneo, llegó a 11 selecciones diferentes anotadas en Mundiales, alcanzó seis goles contra equipos africanos -récord absoluto- y superó a Rivellino como el futbolista con más goles desde fuera del área en la historia de la Copa del Mundo. Todo eso en una sola noche.

También fue una jornada histórica para la propia “Scaloneta”. Argentina cortó la racha negativa que perseguía a los campeones defensores, ya que había perdido sus debuts en España 1982 frente a Bélgica y en Italia 1990 ante Camerún. Además, consiguió su primera victoria por más de un gol en un estreno mundialista desde el recordado 4-0 frente a Grecia en Estados Unidos 1994, el último gol de Diego Maradona en una Copa del Mundo. El triunfo también permitió dejar atrás los fantasmas del debut contra Arabia Saudita en Qatar y empezar el torneo con tranquilidad y confianza.
Más allá de Messi, hubo rendimientos importantes. De Paul, sin tanto protagonismo ofensivo y más volcado sobre la derecha para colaborar en la marca, volvió a ser el mejor socio del capitán y coronó su tarea con una asistencia de gran nivel. Entre las apariciones más positivas estuvo la de Medina, que mostró personalidad y aplomo en su debut mundialista. Por su parte, Almada fue uno de los jugadores más regulares de la noche: manejó con criterio la pelota, se ofreció constantemente como opción de pase y aportó claridad en la circulación. Desde el banco, González cambió la dinámica del encuentro. Su ingreso le dio otra intensidad al ataque argentino y tuvo participación directa en las jugadas que terminaron en el segundo y tercer gol.
No fue una actuación colectiva perfecta, hubo desajustes defensivos y momentos de sufrimiento, pero la eficacia marcó la diferencia. Argentina terminó con 10 remates contra siete de Argelia y cuadruplicó a su rival en goles esperados, reflejando la enorme diferencia de jerarquía en las áreas.
Las declaraciones posteriores resumieron el impacto de la noche. "Lo ganamos con Leo, es increíble. No hay palabras para describirlo", aseguró Mac Allister. "Todo lo que diga está de más. Hace 20 años que hace esto", agregó Scaloni. “Orgulloso del grupo por arrancar así. La bestia (Messi) marcando tres goles. Estamos felices porque el equipo respondió bien”, destacó Enzo Fernández. "Es una ventaja tener a Leo, por cómo maneja el grupo y lleva para adelante. Por cómo es. Él no le da bola a los récords individuales, prioriza el grupo y para nosotros es increíble". destacó De Paul, mientras que Medina resumió lo que sintieron millones de personas alrededor del mundo: "Messi lo hace tan fácil que parece normal".
El propio capitán eligió mantener los pies sobre la tierra. "Sabíamos que iba a ser un partido complicado. Los primeros partidos siempre son difíciles", explicó. Sobre el récord que ahora comparte como máximo goleador histórico de los Mundiales, respondió con humildad: "Es un honor estar ahí al lado de Klose, pero es solo una estadística".
Sin embargo, lo ocurrido en Kansas fue mucho más que un dato para los libros. Fue otra exhibición de un futbolista que sigue desafiando al tiempo y respondiendo dentro de la cancha a quienes minimizan su presente en la Liga de Estados Unidos, asegurando que “no juega con nadie”. Como si fuera sencillo para un pibe de casi 39 seguir compitiendo al máximo nivel, marcando diferencias en un fútbol cada vez más físico, con goles, asistencias y una influencia que parece inmune al paso de los años.
En una noche en la que Argentina comenzó su camino hacia el bicampeonato, Messi volvió a adueñarse del escenario más grande de todos y recordó por qué sigue siendo el centro de gravedad del fútbol mundial. A los 38 años, en su sexto Mundial y en su partido número 200 con la Selección, hizo lo que lleva casi dos décadas haciendo: convertirse en protagonista de la historia.
El próximo partido será el lunes frente a Austria por la segunda fecha del Grupo J. Allí tendrá una nueva oportunidad para dejar atrás a Klose y quedarse en soledad con otro récord que parecía inalcanzable. Porque si algo demostró una vez más en Kansas es que, cuando se trata de Messi, nunca conviene dar por escrito el último capítulo.